Cuando el caballo es el terapeuta

Alberto cepilla a Furia con ayuda de María Palomo | ÁLVARO CARMONA
El Aula del Caballo es una asociación que trabaja por la recuperación de personas con discapacidad|En la antigüedad, los griegos ya recomendaban montar a caballo para prevenir y curar diversas dolencias

 Narra la mitología griega sobre la existencia de un caballo alado, un equino indomable, que volaba moviendo las patas como si corriera sobre el mismo aire. De nombre Pegaso y de carácter salvaje y libre, matices que lo convertían en todo un reto para aquellos que ansiaban tenerlo bajo su mando. La equinoterapia o terapias ecuestres son tratamientos que recurren a las actividades con caballos y que contribuyen de forma positiva al desarrollo cognitivo, físico, emocional, social y ocupacional de personas que sufren algún tipo de discapacidad o necesidad especial.

Alberto, un joven con un traumatismo craneoencefálico, se topó con su Pegaso hace seis años. Un accidente laboral truncó su vida y la de sus allegados, dejándole en una silla de ruedas y afectándole a nivel neuronal. Con toda una vida por delante y una gran pasión por el motociclismo, Alberto ha tenido que aprender a dominar a Pegaso, agarrar las riendas y cabalgar, con mucho esfuerzo y sacrificio, para ganarle la batalla al destino.

María Palomo y Furia, una yegua de 13 años, han supuesto un punto de inflexión en la vida de Alberto. María, su instructora y la fundadora de El Aula del Caballo junto a  Furia, que se ha convertido en las piernas de Alberto, han dado esperanza, ilusión y perspectivas a este joven y a su familia. “Hay mucho desconocimiento sobre estas terapias. No se trata de que sea un milagro, pero sin duda, es un complemento para la rehabilitación de los usuarios que da resultados muy positivos a nivel físico y emocional”, ha explicado Palomo.

La joven cordobesa, maestra por profesión y amazona por vocación, apostó por crear  junto a un gran equipo El Aula del Caballo, asociación afincada en el centro ecuestre EL Cachorro, para poder centrarse en ayudar a niños con discapacidad. Sin embargo, el destino y Fepamic hicieron que Alberto se cruzara en su camino. “Es una historia de superación. Todos estamos muy implicados y hemos apostado por Alberto.

El vínculo que se crea entre caballo y paciente es fundamental para la terapia, ya que durante las sesiones son uno solo. “El paso del caballo es muy importante ya que, desde ahí se trabaja la musculatura o el movimiento regular de la cadera y todo esto incide mucho según cada equino”, ha indicado la profesional. Solo han pasado seis meses desde que Alberto comenzó la terapia y, a pesar de que el recorrido no ha sido fácil, ha logrado resultados más que satisfactorios. “Al principio, sentimos miedo, porque lo desconocido provoca esa sensación. Desde que Alberto trabaja con Furia, hemos notado una mejora increíble. Físicamente está cogiendo tono muscular y control de tronco, que era lo que no habíamos conseguido con otras terapias”, ha afirmado la mujer del paciente, Ana González.

La progresión, tanto de Alberto como de la asociación, ha ido de la mano. Desde que empezó la aventura, a María no le han faltado ganas de seguir emprendiendo y mejorando. De hecho, durante las primeras sesiones que dio con Alberto solo se centró en la toma de contacto y en el conocimiento previo de los objetivos que debían conseguir. Poco a poco, fue adquiriendo el material necesario para cubrir las necesidades básicas que Alberto necesitaba para la terapia. “Hasta que no conseguimos adaptar una rampa, el momento de montar a Alberto en el caballo se hacia muy difícil. Comenzamos a practicar la ‘monta gemela’, es decir, yo me subía con el a la grupa de Furia. Poco a poco, le enseñé cuál era la postura correcta y a día de hoy, ya se monta él solo”.

Las sesiones suelen durar 45 minutos y el precio ronda los 30 euros. Alberto monta dos veces por semana y cada día, por mínima que sea, su familia nota alguna mejoría. “Solo hay que ver lo contento que se pone cuando venimos. Las demás terapias las hace por obligación pero con esta es distinto, con esta es feliz”, ha comentado su mujer. Cada día de terapia comienza con el cepillado de Furia y, después, unos ejercicios encima de su grupa. “El cepillado ayuda a Alberto a ejercitar músculos del trono y de los brazos, además de fomentar el vínculo con el caballo. Después, realizamos ejercicios de cambios de sentido con Furia para que el vaya adquiriendo tono muscular y capacidad de controlar ciertos movimientos”.

Personas como Ana deciden dedicar su vida laboral a facilitar el día a día de personas como Alberto y su familia. Un gesto que, sin duda, es más que gratificante. Sin embargo, detrás de todo el trabajo realizado por la asociación hay un gran equipo. “No podría haber llegado hasta este punto sin la ayuda de Fepamic, los voluntarios y otras personas que llevan conmigo desde los inicios. Sabemos que nos queda un largo camino por recorrer pero el saber que hay familias que ponen sus esperanzas en tu trabajo, te da una fuerza y unas ganas de seguir increíbles”, ha explicado Palomo.

Por ello, todas las actividades que están organizando, como el campamento ecuestre para niños con y sin discapacidad o las gymkhanas, están destinadas a recaudar fondos para que El Aula del Caballo pueda disponer de su propio centro de trabajo. “Me gustaría hacer terapias con niños y talleres lúdicos e inclusivos. Por ello, necesitamos tener un centro que reúna las condiciones para ello. De hecho, también hemos pensando en ofrecer clases de equitación”.

Sin duda, hay demasiados Pegasos en el día a día de todas las personas. Algunos más difíciles de domar que otros. Pero, historias como la de Alberto inspiran y dan alas para no dejar de soñar, trabajar y esforzarse por alcanzar un futuro mejor. Rendirse nunca es una opción cuando hay personas, como el equipo de El Aula del Caballo, que trabajan para dar mayor calidad de vida a aquellas personas que más lo necesitan.

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