La bandera arcoiris ya es masivamente de los jóvenes

La manifestación, en la calle Cruz Conde | ÁLEX GALLEGOS

La bandera arcoiris ya es de los jóvenes. De las prácticamente 2.000 personas que han acudido este jueves a la manifestación por el día del Orgullo LGTBi, la inmensa mayoría estaba muy lejos de los 30 años. Adolescentes de todos los sexos y orientaciones con las caras pintadas, con banderas, con pancartas y hasta con patinetes han tomado una manifestación en la que los históricos, los que acudieron a las primeras protestas (eran pocos) han quedado diluidos en la masa.

El día del orgullo en Córdoba está empezando a coger fuerza. Y lo está haciendo por la vitalidad de la juventud. Lo expresaban desde dentro de la manifestación los más veteranos, tremendamente rejuvenecidos con la marcha. Lo decían también los que desde los laterales, las aceras, observaban el discurrir de una manifestación que salía del Palacio de la Merced para rodear por Ronda de los Tejares y la calle Cruz Conde.

La juventud también es tímida. Por eso, al principio, no eran muchos los que se acercaban a la puerta de la Diputación, donde estaba la presencia más institucional. En la marcha, destacaban los cargos de los partidos de la izquierda. El PSOE y hasta las Juventudes Socialistas llevaban pancarta propia. Lo hacía también Izquierda Unida y detrás Podemos, en ese ensayo de confluencia que ya parece lista. Y también Ciudadanos llevaba su propia pancarta. Pero en cabeza destacaba la presencia de un destacado concejal del PP. Luis Martín, un histórico de los populares, sostenía la pancarta que encabezaba la marcha. Y no se le veía precisamente incómodo.

No faltaron, desde luego, los mensajes feministas. Tampoco las reivindicaciones tradicionales de los colectivos que siempre han estado oprimidos. Incluso se escucharon nuevas. Alguna pancarta sobre asexuales y de nuevo, y con mucha fuerza, los de los transexuales, incluido el colectivo de familias que lo apoya.

Ya en la calle Cruz Conde entró la batucada, y lo que al principio fue una marcha bastante silenciosa para lo numerosa que era se convirtió en una fiesta. Miles de personas se unieron a un día del orgullo en el que sigue habiendo mucho que celebrar y reivindicar. La protesta concluyó a las puertas del Obispado de Córdoba.

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