El duque de Alba

En Holanda, a los niños los asustan diciendo "¡Qué viene el duque de Alba!". Tal fue el impacto que provocó Fernando Álvarez de Toledo, al mando de los Tercios de Flandes, en la memoria de los holandeses (y también de los belgas flamencos). Castilla se enfangó en Flandes en una interminable guerra, una especie de Vietnam en la que como escribía Quevedo se enterraba todo lo que venía de América. Ese gigante con los pies de barro que se metía en interminables guerras religiosas sin pies ni cabeza. Y que empobrecieron al país en el que nunca se ponía el sol.

Holanda, ya entonces, era una tierra de banqueros. Un país inundable, con una agricultura débil, que dependía del exterior para abastecerse, ideó que lo mejor era controlar el caudal del dinero. Compitieron con los estados ciudad italianos en la gestión de préstamos a países, comerciantes y burgueses. Y se ganaron así una enorme prosperidad económica, que siguen gozando.

Hoy, Holanda sigue jugando a controlar el caudal del dinero. Siguen teniendo unos bancos fortísimos y el país funciona como una especie de paraíso fiscal legal dentro de la Unión Europea, que ha imitado Irlanda. No son pocas las empresas que tienen filiales en Holanda (ahí está Zara, por ejemplo) donde tributan mucho menos de lo que harían en España. Los cálculos más realistas señalan que son unos 11.000 millones de euros al año los que se dejan de tributar en España... y que percibe Holanda.

No, no estoy proponiendo resucitar a los Tercios de Flandes, ni mucho menos. Y tampoco se me pasa por la cabeza que la mejor solución es abandonar la Unión Europea. Sin el euro, miedo me da pensar dónde estaría hoy la peseta. Pero quizás habría que empezar a recordar a Holanda que sigue necesitan al exterior: para que su capital siga prestando dinero y, sobre todo, para abastecerse. Holanda sigue siendo un pequeño país con mucho más peso específico porque tiene la llave de la máquina de fabricar billetes. Pero que necesita un alrededor próspero para seguir subsistiendo.

En estos tiempos de zozobra, en una economía tan global e interdependiente, lo último que nos hace falta es volver a recordar aquellas guerras absurdas que tantos recursos consumieron.

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29 de marzo de 2020 - 13:09 h