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Sobre este blog

Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.

El barro de la Campiña de Córdoba que casi hizo claudicar a Julio César

La Acrópolis de Ategua

Alfonso Alba

14 de febrero de 2026 20:16 h

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En la historia de la humanidad siempre se tiene a casi todo lo que hizo Julio César como hechos trascendentales para el devenir posterior. Suya fue la culpa de que Roma dejase de ser una república y pasase a convertirse en un imperio (aunque claro, esto habría que matizarlo mucho). Que Roma se transformase en imperio lo cambió todo. La historia posterior, también.

En los condicionales de la historia, en el que nos preguntamos qué hubiera pasado sí, hay muchas trampas. ¿Y si César hubiese sido derrotado en la Galia? ¿Y si antes lo habría matado siendo joven algún marido celoso? ¿Y si la guerra civil la hubiera ganado Pompeyo?

En esos condicionales de la historia, siempre me gusta mirar a Ategua y a los temporales que de vez en cuando, como ahora, azotan a la Campiña de Córdoba, convirtiendo sus fértiles arcillas en trampas mortales. Y sí, César y sus legionarios también lo pasaron regular cuando casi ganada la guerra civil se les sublevó Corduba por culpa de los hijos de Pompeyo (ya muerto). Tuvo que viajar a Hispania a poner orden. Cercó Córdoba y en un invierno como el de ahora comenzó a llover y casi no paró. César optó por cercar Ategua, junto a la Santa Cruz actual, porque la ciudad tenía unos enormes almacenes de grano y sus soldados empezaban ya a tener hambre.

El barro lo complicó todo pero no retrasó demasiado a César, que cercó Ategua construyendo un campamento de invierno, y finalmente dirigió un asalto para quedarse con el grano, alimentar a sus legiones y dirigirse, ya por fin, a conquistar Corduba, de la que huyeron los hijos de Pompeyo, y ganar definitivamente la guerra en la famosa batalla de Munda (que nos empeñamos en ubicar en Montilla, pero cuyo paraje se desconoce aún).

La metáfora del barro es perfectamente comprensible en días como los pasados, en los que todo se ha parado. No se podía ir al campo a trabajar, las obras al aire libre se interrumpían, se han cortado carreteras y estamos sin trenes. Pero en lugares como la Campiña son problemas más complejos aún.

Las arcillas, sobre todo las expansivas, se comportan durante estos periodos como una gran esponja. Andar sobre ellas es ahora mismo un suicidio. Se atascan hasta los tractores. Pero el problema vendrá cuando el agua se seque y se vuelva a mover el terreno. Las grietas, como las de Benamejí, se abrirán o se cerrarán. Muchos cimientos de construcciones se resentirán. Y dudo que se salven las autovías (la de Málaga es ya un festival de baches) o infraestructuras como las vías del tren.

César domó al barro cordobés. Y los cordobeses lo llevan haciendo durante siglos. Pero a estos temporales se les teme tanto como se les respeta. ¿Pudo una borrasca así cambiar la historia de la humanidad? Me gusta pensar que sí.

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Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.

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