El apagón de la justicia

Ayer, la Audiencia Provincial de Córdoba se quedó a oscuras. La sede de la Justicia en Córdoba estuvo cinco horas sin suministro eléctrico. No había pasado nada. No había sufrido el sabotaje de los funcionarios enfurecidos ni el paso de un tifón. Ni siquiera una pequeña tormenta. Tampoco llovía. Bueno, chispeaba. Quizás, hacía demasiado frío y se habían encendido muchos calefactores a la vez. O quizás no. Simplemente el transformador dejó de funcionar por viejo, como al anciano al que se le para el corazón cuando ya ha dado todo lo que podía.

A veces, la realidad aporta las mejores metáforas. El mismo día en que se conocía que la Fiscalía pedía cinco años de cárcel para los acusados de arrojar una tarta a la alcaldesa de Pamplona, Yolanda Barcina, y poco después de que una sentencia haya dejado sin responsables de nada a quien todos sabemos que tuvo la culpa de llenar de chapapote kilómetros y kilómetros de costa atlántica por el vertido del Prestige en 2003. El mismo día, la Justicia de Córdoba decidió apagarse.

Hasta no hace mucho, pecaba de ingenuo. Ahora, creo que peco de malpensado. Antes, pensaba que la falta de mantenimiento de la justicia, la falta de inversión en medios para jueces, fiscales, procuradores y abogados se debía a falta de previsión o a despiste. Hoy, como soy tan malpensado, creo que no, que hay una intención en que la justicia no funcione correctamente, que se sufran retrasos interminables en la instrucción de causas importantísimas (¿es lógico que un exalcalde que cometió sus delitos hace más de diez años entre ahora en la cárcel?) y que muchos delitos acaben prescribiendo.

¿Es lógico que la comunicación entre jueces siga siendo por escrito y no por correo electrónico en estos tiempos? ¿Tiene algún sentido que manchar la cara de una alcaldesa con merengue pueda acabar con más culpables en la cárcel que los que mancharon con petróleo la Costa da Morte?

Etiquetas
Publicado el
19 de noviembre de 2013 - 01:26 h
stats