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Sobre este blog

Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.

Añoranzas de la Guerra Fría

Desfile en la plaza Roja de Moscú en 2018.

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La historia de la URSS es a buen seguro una de las más fascinantes del siglo XX. Para los que no llegaron a vivir allí, por supuesto. Para los periodistas y desde luego para los historiadores. Es imposible comprender el siglo XX sin saber qué fue y qué supuso la URSS. Y me temo que va a ser imposible comprender el siglo XXI sin saber qué fue y qué supuso la Perestroika y la caída de la URSS.

Es fácil opinar o tuitear sobre lo que está ocurriendo en Ucrania desde el sofá, sin jugarse el pellejo. Está peor aún el ascuasardinismo de la política española: reducirlo todo a o estás con Putin o contra Putin, o a favor de enviar armas o de la Guerra Nuclear. O a pensar, ¿qué rédito político le puedo sacar a una tragedia en la que van a morir miles de personas y que está provocando una crisis humanitaria que afecta a millones? Como dice el compañero Juan Velasco, no seré yo el que se atreva a opinar mucho sobre un conflicto que aunque se desarrolle en Europa desconocemos bastante. Hasta hace una semana y media nadie sabría identificar en un mapa tres ciudades ucranianas.

Pero volviendo a lo local, hay cosas que me sorprenden. El martes se convocó una protesta de la plataforma Córdoba por la paz en Córdoba. El domingo ya se había celebrado una gran manifestación en Las Tendillas en solidaridad con el pueblo ucraniano. A la del martes llegó mucha gente despistada. O eso me pareció a mí.

Sin ser un experto en geopolítica, está claro lo que ha ocurrido: Putin ha ordenado invadir Ucrania, el ejército ruso está bombardeando ciudades, matando civiles, demoliendo edificios de viviendas y arrasando un país. Es una guerra pura y dura: invasión y conquista. ¿Que la OTAN ha cometido crímenes imperdonables como los de Serbia? Sin duda. Pero que en este caso poco o casi nadie tiene que ver, creo que es evidente.

No seré yo el que niegue esto, pero me parece absurdo protestar contra la guerra repartiendo responsabilidades entre Putin y la OTAN. Y más aún pensando que en el fondo, en un resquicio muy oculto, Rusia sigue siendo un país que tiene cierta reminiscencia de la URSS. Aunque en eso, quizás, no les falte razón.

La URSS no fue un régimen modélico, democrático, ni desde luego a imitar. Fue una tiranía, tuvo a líderes espantosos, crueles dictadores que mataron de hambre a media Ucrania o que fusilaron a media Rusia. La URSS colapsó, precisamente, por la corrupción interna, por su escasa transparencia, por ser un gigante con pies de barro y una enorme mentira que gracias a sus símbolos aún sigue seduciendo a nostálgicos de la Guerra Fría.

Admito que me encanta el himno de la URSS y que de pequeño flipaba con los desfiles militares en la Plaza Roja de Moscú, pero la realidad va mucho más allá de los símbolos que nos engatusan. Y desde luego, ha existido una propaganda occidental que ha exagerado muchísimo lo que supuso un régimen supuestamente comunista: no hay que olvidar qué partidos y de qué ideología fundaron muchos de los miembros del PCUS en cuanto se vino abajo la URSS.

Esto es algo que se entendió bastante bien en Europa Occidental. Ahí está la ruptura de Enrico Berlinguer mucho antes de la caída del Muro de Berlín. Pero es algo que en determinados sectores se sigue comprendiendo poco. Cualquiera que se considere un demócrata no puede ni tolerar ni comprender un régimen como el de la URSS salvo en sus últimos años, cuando en un tenso momento de derrumbe tuvo una enorme generosidad con el mundo (firmando un tratado de desarme, que luego no se cumplió, por cierto). Y desde luego, cualquiera que crea en los derechos humanos no puede ni tolerar ni tratar de comprender o justificar absolutamente nada de ese neonacionalismo de Putin, que solo echa de menos de la URSS precisamente ese papel de potencia mundial y ese control interno con mano de hierro del que me lleve la contraria se va al gulag.

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Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.

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