Memoria radiactiva

Es uno de los primeros recuerdos que tengo de esta ciudad. Verano de 1985. Los autobuses verdes circulan con dos banderas azules en las ventanillas laterales. Entonces no lo sabíamos, pero aquel azul era añil capitalidad 2016. Aunque por aquel entonces, la candidatura que iba a perder Córdoba era la de 1992 y no la del siglo XXI. Bueno, el caso es que si nos fijamos bien, aquellas banderas que se agitaban histéricas subiendo la cuesta del parque Cruz Conde en dirección al hospital Provincial, iban decoradas con unas palomas blancas. Idénticas a las de un cartel, también azul capitalidad, que hasta muchos años después miraba a los hospitales, ya desteñido y con la paloma casi invisible. Casi tanto como su mensaje: Córdoba no nuclear.

Me crié en una casa de padres estudiantes con tableros de corcho en la pared y chinchetas de colores. Clips y postales. Folletos y fotos. Una de mis favoritas era una de Greenpeace sobre las ballenas que desaparecían día a día por la inminente extinción. La famosa careta de llibertat d'expresió -que apoyaba a Albert Boadella en uno de sus procesos judiciales- y un sol sorniente de nucleares no, gracias, completan mi recuerdo infantil. Y mi recuerdo infantil me dice que vi con simpatía la campaña de Córdoba no nuclear.

Ni sabía que era azul capitalidad ni sabía que aquello era por el cementerio nuclear de El Cabril. A pesar de ser un niño de la era atómica que tenía pesadillas con conceptos como lluvia radiactiva o el invierno nuclear, si me hubiesen pedido que explicase entonces qué era un cementerio nuclear, hubiese dicho sin dudarlo que el camposanto de Mad Max. No. Conocí El Cabril más tarde y cuando lo hice no pensé en una peli de Mel Gibson, sino en el Springfield de Los Simpsons.

En Córdoba no hay peces de tres ojos o ciervos de dos cabezas, como hace treinta años se llegó a rumorear. Pero hay un punto Spriengfield en el cementerio nuclear...La automatización de la central de El Cabril, la naturaleza del producto con el que trabajan, la cantina del complejo -a la que solo le faltan donuts rosas...-. Pero todo eso no lo sabía en 1985 porque apenas existía.

Como tampoco supe que el alcalde que había promovido la campaña antinuclear enarbolando una bandera con la paloma de la paz, solía pasearse por la ciudad con un revólver encima. Hasta que años después, se lo robaron...

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6 de febrero de 2014 - 00:27 h