Je me souviens

En Quebec encontré el único grito nacionalista que me gusta. Je me souviens. Yo me acuerdo. Es inevitable hablar de la connotación identitaria que encierra esa frase para los francófonos en el contexto social y político canadiense. Pero esas tres palabras podrían decorar el blasón de cualquier otra nación o el de una sola persona. Porque el hecho de recordar es, en parte, el cemento que construye al individuo.

Últimamente recuerdo mucho. Por lo que sea. Tal vez es tiempo de balance, no lo sé. Pero recuerdo. Y a veces recuerdo mal: mezclo experiencias en escenarios equivocados o hago desaparecer a una persona que estaba allí conmigo. Pero otras veces me asaltan recuerdos que creía olvidados y que vuelven a ser nítidos, como un flash dentro de tu cabeza. Y me reencuentro con alguien (yo mismo) que ya casi no conocía. Me gustan esos flashbacks, sin importarme que lo que iluminen sean buenos o malos momentos. Porque el tiempo da una distancia que relaja y eso es una de las pocas cosas positivas que tiene hacerse mayor.

Yo me acuerdo. Me acuerdo de pensar que mi peor temor, mi más grande terror, era perder la memoria hasta que me consumiera. Cuando me explicaron en qué consistía la enfermedad de Alzheimer no daba crédito. Me parecía una broma demasiado macabra y cruel. Permitir que una persona se llenase de experiencias toda su vida y luego nutrirse de ella para vaciarla.

Con la edad, me di cuenta de que el verdadero trauma lo pasa la familia que acompaña a la persona que se va. Y que entierra su cuerpo cuando hace ya mucho que su mente se había marchado y cuando todo lo que quedaba de sus recuerdos ha pasado a los recuerdos de otras personas.

Me sigo acordando. Y mientras me asaltan imágenes que creía olvidadas, creo olvidar otras recién pasadas. Espero que no se vayan del todo y que vuelvan. Hasta que ya sí, desaparezcan. Mientras tanto, je me souviens.

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27 de marzo de 2014 - 10:18 h
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