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Los intocables de Eliot Ness

Redacción Cordópolis

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Brian de Palma nos entretuvo, con guión de David Mamet, contándonos la historia de Eliot Ness (Kevin Costner), un agente federal que, para poder cazar a Al Capone, tuvo que rodearse de un grupo de “intocables”, con un impagable Sean Connery (Malone). Finalmente, logra su propósito atrapando al contable del gángster, una suerte de Bárcenas, que tenía todo apuntado en una libreta que fue la base para su condena por fraude fiscal. Esos intocables intocablesno pueden evitar ser víctimas del poder de la mafia, que se “divierte” poniéndole carteles de “touchables” a los que va eliminando. Lamentablemente, Bellido de Locksley tiene que reconocer que, en Córdoba, los intocables son los infractores urbanísticos, como es el caso de Rafael Gómez. Es triste que reconozca que la multa de las Naves, que en origen era de algo más de 2o millones de euros, y que con los intereses de demora ha aumentado a casi el doble, no podrá ser cobrada.

Desde luego, no seré yo quien le culpe solo a él de esa incapacidad. Hay que recordar que la primera multa que se le impuso a Gómez por las Naves, en tiempos del gobierno de la izquierda, caducó por decisión judicial no exenta de polémica, pero se desvelaba que habían existido órdenes políticas para retrasar su procedimiento. Cuando luego el ayuntamiento reactivó la multa, ya era tarde para encontrar bienes a nombre del infractor, empezando por las propias Naves, que ya tenían por delante embargos de dos particulares. Lo que si es de esperar del teniente de alcalde de Hacienda, es que use todas las prerrogativas legales para conseguir buscar responsables subsidiarios del desaguisado que supuso la construcción de tal mamotreto.

No me vale que el recaudador Bellido se dé por satisfecho declarando incobrable la multa. Entre otras cosas, porque no dice la verdad. Insiste el delegado de Hacienda en que el gobierno anterior nunca quiso cobrar la multa, sino solo usarla para equilibrar el presupuesto. Pues bien, entren ustedes en los presupuestos colgados en la página web municipal y verán que jamás se apuntó el cobro de la multa dentro de los ingresos por sanciones urbanísticas. Entre 2008 y 2010, con la nueva multa, los ingresos por dicho concepto estaban entre 6 y 10 millones (en 2012, ya con el PP, la cantidad prevista alcanzaba 7 millones) y de haberse incorporado la multa tendría que aparecer más de 20 millones en cualquiera de esos años. Lo que si hizo el área de Hacienda, es declarar como cobrable la multa y poner en marcha los mecanismos que pudieran permitir su pago. Por esa razón, porque Hacienda sí quería cobrar a Gómez, dijera lo que dijera la alcaldesa, se negaba a reconocer la multa como de imposible cobro, al margen de que esa decisión provocara, además, que alguna liquidación presupuestaria saliera positiva, y al ayuntamiento eso le permitiera endeudarse para realizar inversiones y garantizar el pago a proveedores y personal. Es cuestionable esta decisión de seguir endeudándose, pero no está legitimado para hacerlo Robin Bellido, que ha firmado dos importantes préstamos en este año y medio, y no para realizar inversiones, sino para el exclusivo pago de proveedores.

Sí tengo que alabar sus declaraciones lamentando que el mayor deudor municipal, y máximo infractor urbanísitico de la ciudad, se siente en el salón de plenos, por mucho que 25.000 cordobeses así lo decidieran. La reacción furibunda de Gómez era de esperar, pero realmente no ha aportado nada que no se haya dicho antes en este blog: Fundamentalmente, que sus actuaciones (Naves, Carrera del Caballo, Villarrubia, Cines de verano, ...) eran conocidas y admitidas por Cleopatra Aguilar y por el equipo de urbanismo, y que fue la Junta de Andalucía la institución que se mantuvo firme, al menos, hasta que la misma faraona llegó al Consejo de Gobierno.  Lo que aporta de nuevo la rueda de prensa de Gómez, es el reto al ayuntamiento, del que se ríe impunemente, al negarse públicamente a pagar la multa (ya ni siquiera admite que lo haga su prima la pelá).

El desafío se agranda al estar dispuesto a investigar si a otros infractores urbanísticos se les ha hecho la vista gorda. Le anticipo que ningún parcelador ha sido multado siquiera, y que solo se ha hecho con los parcelistas a los que, por mucho que se les estira el expediente, no hay vía legal para eximirle de su pago. Es más, de continuar los expedientes, el ayuntamiento se puede convertir en el mayor propietario de parcelas de la ciudad al tener que proceder a numerosos embargos. Cuando Gómez ha solicitado públicamente que esas multas fueran echadas a la papelera solo pretendía ganar seguidores para su causa personal. De producirse un “olvido” general de las multas, estaríamos ante un delito de prevaricación de tamaño descomunal.

Si Bellido de Locksley no parece dispuesto a crear su grupo de intocables, menos parece querer hacerlo Hoover Martín, a pesar de que se prometió la potenciación de la inspección urbanística creando un cuerpo especializado. Lo sucedido con la discoteca Palazzio revela que en Gerencia se sigue mirando hacia otro lado, y que nadie está dispuesto a enfrentarse a quien se salta las leyes. La policía de O´Neill Tamayo se va a dedicar a secundar a la policía nacional en vez de a perseguir el delito urbanístico. Es de esperar que al menos no lo practiquen, como sucedió en el caso Torreblanca.

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