Naderías

En ocasiones los amigos me preguntan ¿tienes escrita ya La Caraba? ¿de qué va esta semana?, y últimamente les suelo responder, "no, aún no tengo nada", y cada uno me hace una sugerencia, una propuesta, que suele coincidir con alguna de las versiones de la nada. Porque la nada no es vacío como aprendimos en la escuela, la nada posmoderna, podríamos llamarle la nadería (la casquería de la nada), es la insoportable levedad del ser, es este ir y venir por la irrelevancia, la redundancia, el corta y pega, un deja vu y una distracción. La cuarta acepción de distracción para la RAE es distancia, separación, y así está la ciudad, distante, separada, tanto que no sabe de qué.

A mí la verdad es que últimamente no se me ocurre nada, así que me veo reflejado en la ciudad, estamos en lo mismo. Como no se me ocurría nada me he comprado una pizarra blanca y me he puesto a mover muebles y me siento como el que estuviera elaborando una propuesta de reforma constitucional. Entre decidir en qué testero van mejor el ordenador y la pizarra y diseñar un paquete de medidas anticorrupción no veo grandes diferencias, y ya empiezo a preocuparme de mí mismo. Ante tanta nadería me ha dado por hacerme un par de esguinces de rodilla (uno para cada una), porque esto solo se soluciona con intensidad, con la indiferencia es con lo que no puedo.

Mercado medieval en la Corredera o romano en Miraflores, un relaxing cup of café con leche in the patios, la capital iberoamericana de la gastronomía, bolardos o cámaras, para eso hemos quedado, que dirían las abuelas. A la ciudad la he dado por esta logorrea inane (más pedante imposible) y espero que seamos lo bastante cuerdos para no confundir esta hiperlalia (pues sí que era posible…) con una conversación. Voy a buscar más palabras en el diccionario para La Caraba del próximo martes. Os espero.

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28 de enero de 2014 - 05:50 h
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