Carnavalerío

Una manifestación de carnavaleros es una cosa muy rara. Por lo visto 300 se han manifestado pancarta en mano porque sienten que el Ayuntamiento no les trata bien, les paga las subvenciones tarde y mal, y no les permite cantar en Cuaresma. Esta peleílla constante se ha convertido en un modo de ser del carnavalerío, un sentimiento de rechazo, de menosprecio,  en la que también percibo la  apropiación de la fiesta por unos cuantos que, en general, tienen especial afición por ponerse a caer de un burro entre ellos. Al final en torno a la fiesta, particularmente las agrupaciones, se crea un mal rollo considerable que predispone poco a la diversión, el ingenio y la guasa. Se lo curran y quizás sean el alma de la fiesta, pero no en pocas ocasiones son también su límite, porque se sienten bien en el rifirrafe y dejando su huella con nombres y apellidos o mote, y eso al final funciona bien si lo hacemos entre nosotros, los que tenemos arte y compás de verdad.

Antes de que alguien se me lance al cuello advierto que no me estoy refiriendo particularmente a Córdoba, ese ambiente localista, anecdótico y ombliguista lo percibo en los carnavales de varias ciudades andaluzas, incluyendo la "Meca" gaditana. Lo cierto es que aquí no veo que la cosa vaya mejor, la ciudad no acaba de hacer suya la fiesta, pasa prácticamente desapercibida, muchos la ven como una manifestación postiza, mimética del carnaval gaditano, visible más por alguna zafiedad que podía ser provocadora hace 50 años, que por la originalidad, libertad y gracia que reclaman para sí. Si lees los comentarios en los diarios digitales a la noticia de la manifestación y de la rueda de prensa tipo Faemino  y Cansado que dieron la concejala Amelia Caracuel y el representante de la Asociación Carnavalesca, ves que los carnavaleros no terminan de caer bien, una deriva extraña y antipática ha tomado una fiesta que se identificó con la gente y con la libertad, y en la que ¡oh milagro¡ no había sotanas de por medio.

A mí me gusta el carnaval, y valoro mucho las agrupaciones más o menos curradas, y que se expongan y se entreguen a la gente, pero igualmente  me cargan los carnavaleros solemnes y susceptibles, como los feriantes, los romeros, o los modernos, los que dan lecciones en cada frase y se empeñan en una fiesta chiquita, a la altura de su talento. En todo este lío de ahora supongo que tienen razón (bueno la tienen seguro, porque está cosa de que el Ayuntamiento resucite la Cuaresma …) pero creo que deberían hacérselo mirar, no vaya a ser que el carnaval se convierta en otro coñazo más para la ciudad, otro motivo de murga,queja y reproche.

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11 de febrero de 2014 - 00:22 h