Cuando el cine habla de sí mismo

Habrá quien haya escuchado o leído alguna vez esta palabra: metacine. Eso que los estudiosos pueden llamar también autorreferencialidad y que casi siempre termina vindicándose como un signo de calidad, como si el autor cinematográfico estuviera demostrando un amplio conocimiento del medio hasta el punto de permitirse el lujo de "reflexionar" sobre él.

En otro tipo de manifestaciones audiovisuales suele ser más común, ya que el vídeo arte acostumbra a pensarse a sí mismo, si bien aquí la elucubración gira en torno a la propia naturaleza del arte la mayoría de las veces. Ahí está la inefable obra del norteamericano John Baldessari para demostrarlo o, en nuestras fronteras, Carles Congost. El arte siempre ha reflexionado sobre sí mismo, pues acaso su proceso es el relato del intento por definirse.

Pero en el cine, mucho más popular que el vídeo arte, la autorreferencialidad llama la atención por ser un medio que ha venido desarrollándose de la mano de dos visiones: la artística y la industrial. Ha habido películas que introducían la industria como parte del argumento, como sucedía en la excelente La condesa descalza (Joseph L. Mankiewicz). Otros ejemplos de este tipo lo hemos visto recientemente con la desigual El aviador o, en los 90, con la burda Cómo conquistar Hollywood (Barry Sonnenfeld). En España está el ejemplo de Mujeres al borde de un ataque de nervios (Pedro Almodóvar), Martín (Hache) (Adolfo Aristarain) u Obra maestra (David Trueba), entre otras.

Ya puestos a definir tendencias dentro de la veta autorreferencial, observamos que remitirse a los inicios del cine siempre ha dado buenos resultados de crítica y público, como demuestran Cantando bajo la lluvia (Stanley Donen y Gene Kelly), El crepúsculo de los dioses (Billy Wilder), Ed Wood (Tim Burton) o Barton Fink (Joel Coen y Ethan Coen). Más claro es el homenaje al cine, y el éxito crítico-comercial, cuando se aborda la biografía de una estrella (Chaplin de Richard Attenbourough).

Otras cintas prefieren centrarse en la fascinación juvenil por el cinematógrafo, como es el caso de Cinema Paradiso (Giuseppe Tornatore). En esta línea, aunque ya bajo la influencia de la emergencia del cine en la propia realidad, se situaba la curiosa El último gran héroe (John McTiernan), que ahora mismo me lleva a La rosa púrpura del Cairo de Woody Allen, quien también dirigió Un final made in Hollywood.

Recuerdo que al ver esta última evoqué El desprecio de Jean-Luc Godard, uno de los cineastas que más han explotado esta línea, quizá influido por Federico Fellini, que ya había filmado una obra maestra como La dolce vita y que también sacó partido al asunto en la genial y egocéntrica 8 y medio. El cine moderno europeo ha sido profuso en ese sentido, aunque rozando ya lo irritante por repetitivo, con la puesta en escena del choque entre quien se dispone a rodar y el lugar adonde llega: Los motivos de Berta de José Luis Guerín, El estado de las cosas de Wim Wenders. Este realizador alemán ha sido uno de los que más han insistido, hasta crear un estilo propio e imitado por otros, en este sendero creativo. Baste recordar la citada El estado de las cosas, la abusiva Lisboa Story (con perorata filosófica de Manoel de Oliveira incluida), también su famosa Paris, Texas y la vampírica Relámpago sobre el agua, donde filmaba la muerte de, ahí es nada, Nicholas Ray.

Y si de vampirismo cinematográfico se trata, el mejor ejemplo es Arrebato de Iván Zulueta, una de las películas más perturbadoras que ha dado la historia del cine. Y una raya en el agua en la cinematografía española, dicho sea de paso. En relación a ésta, otro director inquietante como David Lynch también se sumó a la causa en sus últimas cintas Mulholland Drive o Inland Empire, de la que sus pocos defensores dicen que era un filme en el que el director de Montana se reía de sí mismo. Hay que ser muy fan de Lynch para afirmar esto.

Ha habido más, cientos de películas que han abordado el cine. A bote pronto recuerdo ahora La noche americana de François Truffaut, la impresentable ¿Quién engañó a Roger Rabbit? de Robert Zemeckis, la crepuscular La última película (Peter Bogdanovich), A través de los olivos de Abbas Kiarostami o Vivir rodando de Tom Dicillo.

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5 de octubre de 2012 - 02:00 h
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