Otoño

"¡Oh, las chimeneas! Vías de libertad para el polvo de Job y Jeremías"(Nelly Sachs)

El Instituto Geográfico Nacional señaló el pasado 22 de septiembre que el otoño iba a durar 89 días y 20 horas. Tal precisión (y pretensión) solo se la pueden permitir los institutos científicos, las entidades bancarias (con fecha exacta para el cobro) y los lideres políticos. Los primeros y los últimos se suelen equivocar. En el caso de los líderes suelen justificar sus errores en el contexto. El contexto, para quienes dirigen (o aspiran a dirigir) la vida política, se debe traducir, normalmente, por próximas elecciones, y el cambio de rumbo por eficacia a la hora de tomar decisiones que no se corresponden con lo que se dijo, se dice ni con lo que, supuestamente, se piensa. Para descubrir las sombras, que reaparecen una y otra vez, solo es necesario dejar encendida la vela hasta que se consuma.

Es un lugar común que la denominada casta política ha venido aplicando (y perfeccionando) este tipo de prácticas desde hace mucho tiempo (incluido el tiempo democrático). Todo se ha medido en función de las próximas elecciones (sean universitarias, autonómicas, generales, colegiales, municipales…). Sorprende que quienes han señalado a la casta y aspiran a sustituirla, tengan la tentación de reproducir un comportamiento que es innato a toda casta. La misma argumentación: próximas elecciones y eficacia en la organización. Vendrían a ser como los camellos, que nunca ven su propia joroba, siempre ven la de los otros.

La razón desvalida, que nombraba María Zambrano, ha encontrado, en los lugares donde la gente sobrevive y resiste, nuevos peldaños para sostener la rabia y la esperanza. Una rabia y esperanza que las castas han sido incapaces de reconocer y encauzar. Unos porque nunca tuvieron la intención ni el mínimo interés; otros porque su intención e interés primigenio se fue diluyendo en ríos de aguas rápidas (y rentables). Me alegro de la existencia de propuestas políticas (las hay diversas aunque no todas sean publicitadas por los medios) que aspiren a enlazar los proyectos políticos con los anhelos ciudadanos (muchos de ellos pre-políticos). También me alegro que estas propuestas estén marcando y empujando al centro de la vida pública algunos de los problemas de la mayoría. Un solo ruego: no hagan trampas; si aspiran a encontrar una resonancia, que perdure en el tiempo y en la conciencia, no se deslicen tan rápido en los viejos clichés y estrategias que tanto dicen despreciar.

A medida que envejecemos, nos obstinamos en permanecer atentos a nuestra memoria de derrotas y errores (algunos a una memoria de carnaval sin fin, como el señor Rato). Esa memoria nos lleva a estar alertas (también esperanzados). Ahora, en tiempos de supervivencia, aparecerán quienes lleven colgado un tablón de anuncios que con su nombre propio se ofrezcan; vendrán quienes, con resarcimiento rencoroso y mezquino hacia los que un día fueron los suyos, oferten su larga experiencia…, de dinamiteros. Vendrán los expertos y estrategas que terminaran situando la eficacia y las próximas elecciones en el centro del universo y lo repetirán, sin saber que repetir siempre lo mismo tiene sus secuelas, una de ellas es el aburrimiento (y no es la más peligrosa).

Para asaltar el cielo hay que aprender a escribir en el agua y a escribir para atravesar sombras. Mientras tanto estoy atento (y esperanzado).

Nota: acabo de ver en televisión que personas cercanas a Rodrigo Rato aseguran que está sufriendo con todo lo sucedido. Mientras que la vergüenza suele tener medida, la poca vergüenza no tiene límite.

Nota: antes de acostarse mi hijo pequeño me pregunta: ¿de qué hablaron Agamenón y Aquiles en la tienda de campaña?, que Homero nunca lo contó. Le contesto: de la eficacia y las próximas elecciones.

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21 de octubre de 2014 - 08:20 h
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