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El ejercicio físico como parte del tratamiento rehabilitador

Montse Cobos, fisio de Fepamic Salud, asiste a la paciente para iniciar la marcha atlética

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Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el sedentarismo es el cuarto factor de riesgo de mortalidad, por detrás de la hipertensión, el tabaco y la diabetes. Es por ello que se recomienda en personas adultas realizar, al menos, unos 150 minutos semanales de actividad física moderada, 75 minutos de actividad física vigorosa o una combinación equivalente de ambas.

De forma global cada vez somos más conscientes de la importancia de realizar actividad física mantenida y la saludabilidad del deporte. Sin embargo, todavía la sociedad no asocia plenamente los beneficios de una vida activa, es decir, el efectivo binomio entre salud y ejercicio físico. Éste no es solo importante para prevenir problemas de salud, sino también reviste especial trascendencia el tratamiento rehabilitador de un gran número de patologías.

Cuando acudimos a un fisioterapeuta, normalmente nos presentamos como un sujeto pasivo a la merced del profesional y del que esperamos que “nos cure, mejore o quite” las molestias, algias o malestar que padecemos, sin ser realmente conscientes que somos el protagonista principal en el proceso de recuperación tras una lesión o en un proceso rehabilitador.

Salvo en contadas ocasiones en las que el reposo es recomendable por el facultativo o profesional de salud con el fin de dar al cuerpo el descanso y tiempo necesario para recuperar su funcionalidad, la actividad física o ejercicio terapéutico va a ser elemento fundamental en la rehabilitación.

Por ejemplo, en patologías lumbares crónicas existen numerosos estudios que demuestran que el ejercicio terapéutico activo es el tratamiento más efectivo a medio y largo plazo, muy lejos del reposo que, durante mucho tiempo, hemos escuchado que era necesario tras sufrir una lumbalgia. También podríamos aplicar esto a patologías cervicodorsales, de hombro, etc.

Con el ejercicio físico podemos mejorar la capacidad muscular, la capacidad cardiorrespiratoria, la salud ósea, el riesgo de hipertensión, el riesgo de caídas y de fracturas, el estrés, la depresión, la calidad del sueño y disminuir la fatiga… Teniendo siempre muy claro que el ejercicio terapéutico, actividad física o deporte deber ser guiado por profesionales, siempre y cuando existe una patología de base para que no exista riesgo de lesión, se potencie el dolor o se provoquen efectos secundarios no deseados.

Si nos vamos a un grupo de población como es el de las mujeres, vemos que hay etapas de la vida en que el ejercicio aporta grandes beneficios: tanto en la etapa del embarazo como en el postparto o en la menopausia. Siguiendo el ejemplo de la etapa de gestación, la actividad ayuda a prevenir diabetes gestacional y dolores musculoesqueléticos, controlar el peso, mejorar las capacidades metabólicas y cardio-pulmonares, así como refuerza el suelo pélvico…

Por su parte, conocedores que durante la menopausia disminuyen los estrógenos y la masa ósea, muscular y fuerza, de igual modo que aumenta la masa grasa visceral, el ejercicio físico ayuda a que estos efectos sean menores.

Por todos estos motivos, como fisioterapeutas prescribimos y realizamos el ejercicio terapéutico dentro del programa de tratamiento de todas o casi todas las patologías, adaptando a cada persona el ejercicio, modificándolo en función de cómo se encuentre y de los objetivos que marquemos junto con el paciente.

Es muy importante definir y diferenciar algunos conceptos que en algunas ocasiones utilizamos como sinónimos, pero es muy importante incidir en sus diferencias. Hablar de actividad física, ejercicio físico, terapéutico y deporte no es lo mismo…

La actividad física, según la OMS, es cualquier movimiento corporal producido por los músculos con un consiguiente gasto energético. Con lo cual, esto podría traducirse en tareas domésticas como subir las escaleras en lugar de utilizar el ascensor, ir caminando al trabajo, etc.

El ejercicio físico es una actividad planeada y repetitiva con el fin de mejorar el funcionamiento del organismo. Como por ejemplo pilates, tablas de ejercicios, etc.; mientras que el deporte es un conjunto de ejercicios físicos que se presentan a manera de juego, ya sean individuales o colectivos pero practicados bajo ciertas reglas.

Sin embargo, el ejercicio terapéutico es una actividad física planificada de forma específica para un paciente en concreto teniendo en cuenta sus características individuales.

Con lo cual no podemos olvidar que cuando existe una lesión, patología de base o cualquier otra razón la actividad física debe ser controlada y planificada por un profesional (preferiblemente rehabilitador) que conozca las características biomecánicas de la persona y “recete” una actividad a conciencia y específica dirigida a cubrir sus necesidades.

No toda actividad física o ejercicio terapéutico, aunque sea vendido como tal, es bueno para todas las personas y patologías. La actividad física y el ejercicio debe adaptarse a la persona previamente y no al contrario, ya que si no es así podemos sufrir lesiones importantes que aumenten las dolencias.

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