Toreando la demagogia

Se ha extendido en España un virus que se llama demagogia, un mal terrible que hace que el argumento más visceral sirva para rebatir el defendido por nuestro vecino, que justamente piensa lo contrario. Esto se lleva a todos los ámbitos, y no sólo el político como hemos visto todos estos meses de campaña y post-campaña. Sirve para aquellos que van en contra de la fiesta nacional -aunque les pese, por tradición- la tauromaquia. El argumento es el maltrato animal, y lo respeto, pero al parecer ellos no respetan los cientos de argumentos esgrimidos ya por aficionados, por ganaderos, por los propios toreros, de que no es maltrato al toro, sino que son los primeros en amar el toro bravo, una especie que se habría extinguido si no es porque estas ganaderías trabajan mano con mano con el mundo de la tauromaquia y las corridas en ferias. He tenido ocasión de entrevistar a toreros como Alejandro Talavante y no puedo describir el brillo en los ojos cuando hablan del amor al toro, a su ganadería, el respeto por esa bestia que lo mismo puede darle muerte a ellos en el albero de la plaza... Es indescriptible y digno de respetar.

Pues nada, al parecer el tachar de asesinos, de gente sin alma a todo aficionado a los toros es el argumento válido, el "progre". Es de gobiernos "que mejoran la ciudad" sacar una ordenanza para retirar cualquier ayuda tanto a los circos como a las corridas de toros por el sufrimiento que se le causan a los animales. Demagogia.

Es demagogia criticar la irresponsabilidad absoluta de un padre que quiere compartir con su hija unos pases a una vaquilla. Que es mal padre, que la pone en peligro... todas esas razones que hemos oído esta semana echándonos las manos a la cabeza. Sí, pero es que yo más bien leo en el trasfondo de toda esa crítica el descrédito de la fiesta nacional, las ganas de buscar nuevas fuentes para desautorizar este arte.

Y muy preocupados por todo eso, llegó este domingo una demostración de que el toreo no es sólo una tradición seguida en España. Lo que fue una tarde histórica en la plaza Monumental de México, el mano a mano del mejor torero de nuestro tiempo, don José Tomás, con el mejor diestro mexicano,

Joselito Adame. Y miren, así estaba la plaza, la expectación causada provocó que se pagaran boletos a precio de oro y tanta otra gente que no pudo entrar esa tarde histórica... Vale, mis argumentos también pueden ser pura demagogia. Por lo tanto, finalmente, lo único que pido es que nos respetemos, pensar un poquito en que todos los taurinos también estamos contra el maltrato animal, y también habrá anti-taurinos que no sean personas con tanta sensibilidad y sean algún tipo de maltratadores... ¿quién puede saber eso sólo colgando una etiqueta y colocándonos en un saco? Respeto, como en todo. No te gustan los toros, no pagues por ir a verlos, como al que no le gusta el fútbol y no da ni un euro al negocio de unos pocos. Nada más. Pero dejemos ya el insulto barato, la descalificación y las ganas de armar una guerra contra un arte que está en la idiosincrasia de un país, de una cultura.

Etiquetas
Publicado el
1 de febrero de 2016 - 18:31 h
stats