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Sobre este blog

Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

El miedo

Imagen del día de Todos los Santos y un tren.

Magdalena Entrenas

31 de octubre de 2026 19:56 h

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En este día 1 de noviembre en el que recordamos a nuestros muertos ¿quién no tiene miedo a la muerte? Pocas fechas hay en el calendario que evoquen con tanta fuerza el miedo más antiguo del ser humano: el miedo a la muerte y a lo que desconocemos de ella. Y no digamos cuando llega de repente, inopinadamente y de forma tan evitable como injusta. Las muertes de esta semana son el claro ejemplo de ello. 

No sé si serán estas fechas, la era de escorpio que ya ha llegado y con ella un nuevo cumpleaños, o las duras vivencias ajenas que he oído esta semana en mi trabajo y en la tele. El caso es que no he parado de reflexionar estos días sobre la inquietante levedad del ser y ese poderoso sentimiento que puede condicionar de manera relevante toda nuestra vida: el miedo.

Y creo haber llegado a la conclusión de que hay dos tipos de miedo, aunque muchas maneras de afrontarlos. Está el miedo infundado, ese que carece de una causa objetiva que lo provoque. Ese miedo que está solo en tu cabeza y hasta puede que en tu pecho, sintiendo incluso como lo oprime. No hay motivo, pero sientes miedo a situaciones y cosas, convirtiéndose ese sentimiento recurrente en casi una forma de vida. 

Luego está el miedo fundado. El que siente razonablemente el común de los mortales, el hombre medio y sensato, ante determinadas situaciones y estímulos externos. Muy pocas personas no sentirían miedo si un encapuchado te asalta por la noche en un callejón oscuro, puñal en mano. Solo un loco se quedaría tan fresco ante algo así. Miedo fundado ante una enfermedad, sin saber lo que te espera; miedo cuando te quedas en el paro y no sabes si tendrás para comer; el miedo que siente el torero ante el toro y el miedo que sentimos ante los muchos toros reales que lidiamos en la vida. 

Estos miedos son legítimos y diría que hasta sanos, porque son el resorte que nos hace crecer en cada uno de esos envites. Al final, no podemos olvidar que no somos el resultado de nuestros éxitos, sino el producto resiliente de los fracasos que superamos en la vida, con el impagable aprendizaje que vamos sumando en cada uno de ellos. 

Los otros miedos, los infundados, nada nos aportan. Cuando el miedo está solo en tu cabeza, sin una causa real que lo provoque, el único enemigo a vencer eres tú. Miedo a enamorarse, miedo al fracaso, miedo a subir en ascensor, o miedo a volar en avioneta. Miedo a vivir. Como leí hace poco, casi de manera providencial, “vivir es sentir dolor … y vivir con miedo al dolor es negarse a vivir”.

Todos los que vivimos en este Sur maravilloso, todos los que tanto nos hemos vanagloriado de nuestra pionera línea de alta velocidad, todos los que hemos disfrutado de tantos viajes en tren con puntualidad germánica y velocidad de rayo, sin un solo movimiento, ahora sentimos miedo a volver a pisar esos vagones. Todos. 

Un miedo aterrador. Lo que no sé, o no estoy muy segura de saberlo, es si este miedo que ya siento de comprar el próximo billete de AVE para viajar en uno de esos vagones a Madrid por la mañana y volver en otro vagón por la tarde, es un miedo que está solo en mi cabeza, o un miedo real y lamentablemente mucho más que fundado … ¿Qué opinan ustedes? 

Sobre este blog

Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

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