Los colores … ¿están demodé?
Ya no es bonito un coche amarillo chillón, ni uno azul pavo real. Ahora lo elegante, lo chic y deseable son los coches de cualquier gris en su inmensa gama, blancos o negros. Y, lo más, esa nueva modalidad de color mate. No lo entiendo. Ahora estar desprovisto de brillo y carecer de color es lo más.
Es extraordinariamente sorprendente que los colores no estén de moda. Hay vertientes de este nuevo ciclo vital que puedo llegar a entender. Por ejemplo, que los otrora chillones colores de algunas franquicias no queden bien en zonas urbanas patrimoniales. Aquí es lógico que se prohíban para no distorsionar lo que de verdad importa. Así que, sí, es preferible que el logo de Burger King en intensos rojo y naranja, con su estética actual plana y retro, se haya diluido hasta desaparecer y convertirse en blanco y negro en frente de la Puerta del Perdón de la Mezquita. Vale, lo admito.
Pero de ahí a que el diseño actual cada vez vaya perdiendo brillo y color; de ahí a que nos lobomoticen la parte del cerebro para ver todo en blanco o en negro; de ahí a que cada vez seamos más todos iguales y que a cada paso que avanzamos, demos dos de retroceso, si se trata de tener singularidad y hasta atrevimiento, me parece fatal. Ahora salirte de los cánones estéticos que alguien, no se sabe bien desde donde, establece como correctos y cool, se penaliza y eso resulta peligroso porque esa falta de identidad, de reivindicación y de criterio propio, llega también a otros ámbitos.
La polaridad política es un gran reflejo de esto. Hemos pasado de los colores de las distintas opiniones que convivían con normalidad, a solo dos colores. O esto, o lo diametralmente opuesto. El ejemplo es Pedro Sánchez. O están los del color que lo adoran como un ser elegido por los dioses, haga lo que haga, o los del color que lo odian, considerado que es un ser perverso, llamado por las fuerzas del mal para destruir nuestra civilización. ¿No hay colores intermedios? ¿Dónde quedó la objetividad del color de “según lo que haga, o lo que diga”?
Ya no hay colores. Japón tiene muchas cosas que admirar como sociedad, pero hay algo que me llamó poderosamente la atención cuando estuve. La falta de color de las personas. Y esto es especialmente visible, por ejemplo, cuando viajas en metros, trenes y hasta en el tren bala. Mi hija y yo llevábamos gruesos chaquetones de vistosos colores. Pues cada vez que nos sentábamos en un vagón (y fueron muchos) éramos como esas dos guindas atrevidas de un pastel sin gracia. Todos iban vestidos en la misma tonalidad. De nuevo, el gris.
Toda se está volviendo gris. Perdemos la singularidad y la diversidad necesaria para aprender de otros, para descubrir y admirar lo que no es lo tuyo. Y es curioso que esto ocurra cuando teóricamente hay más diversidad que nunca y somos más libres que antes, pero, al mismo tiempo, más esclavos que nunca de la libre expresión, de la sincera y abierta manifestación de nuestras diferencias. Hay excepciones, claro que sí, pero son excepciones y por eso llaman poderosamente la atención.
Anoche, sin pensarlo mucho, dije una frase en una cena que llamó la atención de los comensales. Incluso la mía cuanto terminé de decirla. “Cuando haces lo que de verdad quieres, siempre estás en tu prime”. Creo que resumí, sin pretenderlo, la esencia de cómo estar satisfecho con tu auténtica diversidad.
La inmensa gama de grises está bien, pero aburrida y triste es un rato. Siempre tendré un coche rojo y, por supuesto, con mucho brillo.
Sobre este blog
Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada.
Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta.
¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.
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