Redención

Después del injustificable ataque de bilis de la pasada semana, vuelvo a mis derroteros meteorológicos habituales renegando de todo cuanto dije y reafirmando mi condición de cordobés de pura cepa, orgulloso de vivir donde vivo, y ansioso por atiborrarme con rancio orgullo de patios, gitanillas, guiris, de melosos artículos de opinión ensalzando los intangibles valores y las cristianas raíces, anhelando que el albero de la feria me llene los pulmones y que el rancio olor a vómito, vino seco y barril vacío llene de buen orgullo cordobés mi muy mediocre sentimiento patrio.

Así pues, con la esperanza de que la ventura que anuncio sea propicia para multiplicar por mil las visitas que nos llegan y la venta de flamenquines se dispare, me ceñiré, en exclusiva, a la actualidad meteorológica. Como comprobasen ayer, estamos inmersos en una semana de cambio en lo meteorológico. Si la primera semana de patios el buen tiempo fue la nota dominante, esta segunda que ya corre hacia su fin, lo hará acompañado de una clara tendencia hacia la inestabilidad y una cierta vuelta a los rigores invernales.

Desde ayer, como consecuencia de un desplazamiento y pinzamiento del Anticiclón de las Azores hacia el Atlántico Occidental, han comenzado a afectarnos vientos con clara componente norte, lo que como ya deberían ir sabiendo, significa el descenso hasta nuestras latitudes de masas de aire sustancialmente más frías de lo que tenemos por costumbre sufrir. En este caso, el estiramiento de la masa que nos ocupa, lo hace desde el norte de las Islas Británicas, desde los restos fríos que van quedando de la gélida masa de aire ártico, que está plenamente inmersa en su proceso de descomposición de camino al siguiente hito meteorológico anual, el solsticio de verano.

Así pues, y muy en resumidas cuentas, lo que vamos a tener los días que quedan de coloridos geranios, es una tendencia al enfriamiento atmosférico, que irá rebajando progresivamente las temperaturas máximas y mínimas, siempre y cuando el Sol nos quiera dar un respiro. A parte, y para desgracia de quienes viven de que el cielo les respete, agua. No mucha, más bien poca, pero la suficiente como para mitigar algo los rigores de esta primavera que ya va apuntalando su final.

Pero eso sí, no será, para infortunio de quienes sí disfrutamos con la fuerza de la naturaleza, lluvia como la que ayer cayese sobre casi toda la provincia. Si el espectáculo que ayer tuvimos a disfrutar quienes valoramos lo que ocurre ahí arriba, respondía a las claves de precipitación de tipo convectivo, es decir, tormentoso, la que nos debe de tocar los próximos días, desde hoy mismo, lo hará por pura advección de la masa de aire frío que se va a adueñar de la Península Ibérica hasta el próximo fin de semana.

Ahí tienen, vuelta al frío, poco, y a la lluvia, poca, con especial incidencia, según muestran los modelos meteorológicos, en la jornada del viernes. Y después, tiro de intuición y digo que el paso de los restos de la masa de aire frío hasta el Mediterráneo, por su carácter aislado, podría derivar en una muy anhelada situación de DANA en los primeros días de la próxima semana, pero como para eso aún queda, mejor se lo cuento en El Rincón del miércoles que viene, cuando si San Homobono me lo permite, me habré ganado la redención de toda la ciudad.

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15 de mayo de 2013 - 08:00 h