El membrillo

Hace un año, o casi, les comentaba que la situación de los restos de un huracán por el Atlántico Norte, empujaba hasta nuestra latitud cierta masa cálida sahariana por la insistencia en vientos de componente sur-suroeste asociada a la depresión en cuestión. El resultado por aquel entonces consistió en lo que popularmente se conoce como Veranillo del Membrillo, o Veranillo de San Miguel. Como imagino que recordarán, el pasado miércoles les contaba una milonga sobre la entrada del otoño de mano de una profunda borrasca de origen tropical, casi casi igualito que lo que ocurriese hace un año.

La ansia por consultar el calendario y sacar del armario la nueva temporada otoño-invierno, chocaba de bruces, la pasada tarde del lunes con los efectos de la realidad meteorológica, más parecida a la del Vietnam que a la de Helsinki. La surada, palabro meteofriki para designar a vientos de largo recorrido sur, traía hasta nuestras cabezas un singular mejunje a base de calor y humedad que disparó la compra de papel higiénico seco en la mañana de ayer. Fue, a su modo, el particular y húmedo veranillo del membrillo que este año ha tocado. Un veranillo, que se extenderá hasta la tarde de hoy mismo por el sostenimiento de vientos en altura con esta componente. La alegría, o pequeña alegría, es que volverá la lluvia, otra vez asociada a un nuevo frente de la profunda borrasca que lleva ya tres semanas marcando la dinámica atmosférica de buena parte del Atlántico Norte.

Pero en esta ocasión la brevedad del episodio de precipitaciones, que debería presentarse mañana mismo, vendrá marcado por la esta vez sí, total disipación e integración del centro depresionario que un día fuese el primer huracán de la temporada, en el marasmo isobárico del Polo Norte. Y más adelante, lo que podría ser el horror. El que un día de verano fuese Anticiclón de las Azores, anda volcado sobre toda la Europa continental, actuando de barrera isobárica para las borrascas atlánticas que intensamente comienzan a formarse desde Terranova. Es lo que en meteorología se conoce como bloqueo, una suerte de muro de contención que desvía el agua que nos debería de llegar.

De momento no se atisba un final, claro y rotundo, al bloqueo continental, y nuestra única esperanza de volver a los derroteros otoñales pasaría por el descuelgue de alguna de esas masas húmedas hasta algún pasillo sureño que nos pueda beneficiar. Pero la indefinición es alta y más vale hacerse a la idea de que podríamos tener una primera mitad de octubre, un tanto seca y relativamente cálida, que esperemos sirva de antítesis para la segunda, momento clave de la cordobesidad por antonomasia.

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2 de octubre de 2013 - 08:00 h
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