Sin opio

Fin de feria. Fin de clases para muchos. Fin de Liga para algunos. La Champions ya pasó. Mourinho se ha ido. No hay Mundial o Europeo ni habrá Olimpiada... No nos queda opio en el cajón. Con junio se abre un tremendo descampado estival donde muchas rutinas comienzan a vencerse ante el cansancio acumulado del año laboral, la canícula verspertina y las primeras escapadas a la playa, inaugurando la íntima sensación de que todo podría ser mucho más fácil. Sentados frente al mar con una copa en la mano todos pasamos revista a lo que pudo haber sido y no fue. A lo que podría ser y no sabemos si será. Cerrar los ojos y sentir un alivio.

Habrá que admitir el papel que el deporte, como espectáculo, juega en la vida de muchas personas. Busco y rebusco en el cajón. Puedo aferrarme a la tierra batida de París. O podré hacer la declaración de la renta viendo a España jugar contra Tahití en la Copa Confederaciones. Ya pronto mi postre será un melón bien frío y un hilillo de baba me acompañará las siestas del Tour. Los periódicos mezclarán las fotos de esta crisis eterna con la cresta de Neymar. Las elecciones alemanas con el futuro de Gareth Bale. Las despiadadas reflexiones del mundo financiero con el Córdoba B. Sí, hubo más gente viendo al B que al triste, muy triste, equipo A. Todos rebuscamos en el cajón.

Bienvenidos al verano existencial. Las temperaturas van a a empezar a crecer (perdón, meteofreak por el intrusismo) y en los periódicos rebuscaremos brotes verdes escondidos entre la vorágine de fichajes para una liga que también viene a menos.  Soñaremos con un mundo mejor y haremos planes que las entregas por fascículos de cada septiembre intentarán rentabilizar. Menos mal que para entonces habré repuesto de opio el cajón.

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3 de junio de 2013 - 08:00 h