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Oltra

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Paco Merino

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Desde que el Córdoba bajó de Primera División no estuvo ni una sola jornada en puestos de descenso en Segunda, ni nadie le vio chapotear en la ciénaga de la parte baja de la siempre amenazante clasificación de esta categoría, que tiene más trampas que la selva vietnamita. Jugó mejor o peor, pero siempre se mantuvo digno. Como un marqués arruinado.

Desde que el Córdoba bajó de Primera División ha sido un candidato -más o menos fiable, pero siempre ahí- a pelear por regresar a la élite. Dirán que eso tiene poco mérito, que en Segunda hay una gigantesca clase media en la que se apiñan equipos que no son todos iguales, pero sí muy parecidos. Tanto que se pueden producir desenlaces de lo más estrambótico. Que se lo digan al Córdoba. Pero hasta para que ocurran milagros hay que estar en el sitio. El Córdoba jugó el play off y lo eliminaron en Girona con un gol en la prórroga.

Desde que el Córdoba bajó de Primera División ha visto cómo se descapitalizaba su plantilla. Vendió a su estrella, Florin Andone, y también a Fidel, un futbolista de referencia. Se reforzó a coste cero con descartes de otros clubes y apostó por subir gente de la cantera. Aún no ha conseguido que salga ningún chaval que destaque lo suficiente como para poder venderlo.

Desde que el Córdoba bajó de Primera División sólo ha conocido un entrenador: Oltra. Y acaban de echarlo. ¿El motivo oficial? Que llevaba nueve partidos sin ganar, una racha feísima pero con reparación posible. Así lo entendió el propio Oltra, que trató de hacer recapacitar al consejo de administración -Carlos González- hasta el último instante. Incluso había, según desveló el valenciano, una propuesta para prolongar el vínculo contractual con el Córdoba, cuyo presidente le había ratificado en el cargo apenas unos días antes. Pero, claro, esto es fútbol. Y la mentira es un argumento válido porque en este negocio imperan otros códigos. Así que a Oltra lo ponen en la calle y se acabó.

Desde que el Córdoba bajó de Primera División ha vivido comiendo de menú en un restaurante de lujo. El cordobesismo no es tonto. La afición indultó a Oltra porque entendió que él no era el culpable (no el principal, desde luego) de una situación más frustrante que dramática. Resulta difícil de entender cómo el club no reinvierte sus beneficios en potenciar una plantilla cogida con pinzas. No lo hizo el curso pasado y perdió una oportunidad fantástica. Después del bochornoso paso por Primera, protagonizó la mejor primera vuelta de su historia en Segunda. Necesitaba un empujón, una ayuda extra, refuerzos para defender su sitio y competir contra los rivales directos. Y le trajeron a Eddy Silvestre. Desde ahí, todo empezó a caer. Y sigue cayendo.

Desde que el Córdoba bajó de Primera División, dice una cosa y hace otra. Se ha ido transformando en uno más de Segunda, una formación apañadita para ir tirando y que se angustia -con razón- cuando le exigen que debe hacer más. Ahora ha promocionado al entrenador del filial, Luis Miguel Carrión, y se dispone a abordar un invierno de turbulencias. Vendrán fichajes. O no. Será si lo piden los técnicos. O no. Los topes salariales y tal, ya saben. Y si no lo saben, vayan a El Arcángel a la próxima junta de accionistas. Será el 22. El día de la lotería.

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