Hace falta valor

Jugadores del Cordobasket y el Bball en la final de la Copa Diputación | MADERO CUBERO

Si el progreso nace del conflicto, el baloncesto cordobés debería haber llegado hace ya unos años a una categoría similar, al menos, a aquella en la que compitió -en toda la extensión del término- a principios de siglo, cuando los viernes por la noche se veían caravanas de coches llegando al Palacio Vista Alegre para ver qué era capaz de hacer el Cajasur en la LEB Oro. Que no fue poco. Llegó a entrar en las eliminatorias de ascenso a la ACB. Lo entrenaba un joven de 23 años. Un chaval que llevaba desde los 14 dirigiendo equipos en el Colegio Salesianos y que después revolucionó Montilla con dos campañas memorables. Aquel enfant terrible se llamaba Rafa Sanz. El mismo que hoy -después de 14 años fuera de su tierra como profesional de los banquillos y el récord de partidos dirigidos en la segunda división por un entrenador- se encuentra en el centro de la diana por parte de un sector de furibundos detractores. Dejémoslo claro -porque siempre sale el clásico justiciero anónimo a decir sandeces-: un notable expediente deportivo no justifica actuaciones futuras, sobre las que se puede discutir y opinar porque cada cual tiene su prisma. Ahora bien, conviene saber -para quienes no lo sepan o no les interese recordarlo- de dónde viene cada uno.

¿Qué ha hecho Sanz? Pues, para empezar, llevar a la Fase de Ascenso a la LEB Plata de forma consecutiva al Bball Córdoba y al Cordobasket, dos clubes cuyos niveles de animadversión alcanzaron niveles estratosféricos desde el pasado verano, cuando se produjo un trasvase de jugadores sin precedentes en una operación que supuso que la entidad colegial de situara como referencia máxima por categoría. Con todo lo que eso supone. El veneno de la inquina -fácilmente perceptible desde ciertos directivos hasta miembros de familias de prebenjamines- no tardó en surgir de nuevo. Horas después de que el Yosiquesé Cordobasket concluyera su participación en el Top 16, el Bball -a través de su sección de cantera- hizo público un comunicado denunciando malas prácticas del club rival por haber pactado la marcha de un grupo de jugadores cadetes para la próxima temporada. El incendio fue inmediato. Y todos apuntando a Sanz y a Ángel Lopera, exjugador profesional, entrenador y presidente del Cordobasket. También le están tirando con bala al palmeño. En la otra trinchera, dada la peculiar estructura del club -es bicéfalo: por un lado está el equipo EBA de Bball, con Francisco Gutiérrez en la presidencia; por otro el CB Europa Ciudad de Córdoba, con Luis Rodríguez al frente-, salió a dar la cara a la palestra mediática Luis Rodríguez. Decir que se rompen relaciones con alguien con el que no te hablas no supuso gran novedad.

La guerra de comunicados alcanzó un nivel estremecedor desde un lado y desde otro, con una andanada de lecciones morales que a cualquiera que conozca un poco la realidad del baloncesto base le suenan, como poco, a chiste.

En realidad, no ha pasado nada que no se supusiera que podía pasar. Ha sido un episodio más de estos clásicos de postemporada en el deporte formativo, en el que se mueven intereses -cuotas, subvenciones...- y egos personales de grueso calibre. Un grupo de jugadores cadetes del Bball, que esta temporada han sido subcampeones provinciales, se marchan para el próximo curso al Cordobasket. ¿Por qué? Pues porque quieren. Así lo han manifestado ellos y sus familias, tanto en privado como en público -después de que el asunto se aireara con el primer comunicado-, por lo que no queda otra que aceptar las reglas de este juego al que juegan todos. Lo de protestar solo cuando se pierde y señalar con el dedo no parece una actitud presentable. Apelan a un código ético que existe como elemento decorativo. ¿De dónde viene este pacto de algodón? Ya lo contaba hace exactamente un año, en plena tormenta Bball-Cordobasket, el presidente de la FAB, Antonio De Torres, en una entrevista en Cordópolis.

"Hay un código ético, pero esto si no tiene una sanción es como si no existiera, no sirve de nada. En julio ya estaban como siempre, todos liados: que si me quita el Cordobasket, que si me quita el Bball… En la reunión les dije: ‘Vamos a hacer una cosa, lleguemos a un pacto. Desde que un jugador llegue hasta que sea cadete de primer año no se puede ir. Y ningún club puede hacer el intento de ficharlo antes de esa edad’. Todos agacharon la cabeza. Nadie dijo nada. Entonces que no vengan luego a decir que éste me ha quitado o éste me ha tocado. La cantera es una película en la que es todo mentira", expresaba el mandatario de la Federación Andaluza. A la que, por cierto, también ha requerido el Bball para que intervenga en el conflicto. La resolución de la FAB sobre el caso parece clara: los jugadores son libres de fichar donde les plazca a partir del 30 de junio. Y les place ir al Cordobasket. Además, otro apunte: el dictamen federativo dice que "no consta" una relación de vinculación entre el Bball y el CB Europa Ciudad de Córdoba, dos entidades con domicilios y directivas distintas.

Lo de la propiedad de los jugadores es una verdadera milonga. Un simple vistazo a las plantillas de la mayoría de los clubes más relevantes de la capital resulta revelador: ¿Hay algún equipo cadete que mantenga los mismos diez o doce niños que empezaron unos años antes en mini? ¿De dónde vinieron los que hay nuevos? ¿A dónde se marcharon los que ya no están? ¿Cómo se fraguaron esas operaciones? Todos pescan donde pueden. Un chico de aquí, otro de allí, un par de ellos de más allá. Esta vez han sido siete chavales de golpe. Pues es lo que hay. Todos saben lo de las llamadas a padres, whatsapp a niños, uso de intermediarios -amigos, compañeros de colegio...-, invitaciones, elogios desmedidos -no hay mejor señuelo para progenitores orgullosos de su estrella-, promesas de proyección, de títulos...

El catálogo de armas en la jungla de los fichajes se renueva y perfecciona. Y luego están los entrenadores que cambian de club (llevándose a "sus jugadores") o los padres despechados porque a su hijo no lo incluyen en el equipo A, sino en el B o en el C o, en el colmo de los colmos, lo mandan a los Juegos Municipales. Los posos de rencor que quedan se retroalimentan con experiencias compartidas. Ningún equipo de cantera está a salvo de una rebelión de padres (y madres), un fenómeno que siempre existió pero que en los últimos tiempos está tomando nuevas formas. Que se lo cuenten al Bball. Después de la Feria hay apenas unas semanas para construir, cada uno como pueda, un equipo para ganar ligas provinciales. Y así funciona esto. Lecciones de moral que no dé nadie, por favor.

Y volvamos al principio. ¿Qué pasa con el baloncesto en Córdoba? Pues bien. Pasa que durante dos años seguidos ha conseguido colocar a su equipo de Liga EBA entre los 16 mejores del país. En 2016, con el Bball; en 2017, con el Cordobasket. Los dos con el mismo entrenador y cuerpo técnico. Los dos con un bloque de jugadores locales. El Bball, además, con un estadounidense, un guineano y uno del Puerto de Santa María; el Cordobasket, este año con un brasileño y uno de Andújar. Todos los demás, nacidos en Córdoba y con una media de edad de 20 años. Unos empezaron en las pistas del Colegio Europa, otros en las del Al Andalus, otros en las del Cervantes, otros en las de Posadas... Algunos pasaron por el Real Madrid, el Unicaja o el Betis y regresaron a casa. Otros jóvenes talentos locales andan por ahí, formándose en canteras de ACB. Chavales que salieron de las pistas de Salesianos, del Carmen, de Montilla, de La Rambla o de El Carpio. Quizá jugadores que dentro de un tiempo podrían cumplir el sueño de jugar en un equipo con sello cordobés en una categoría relevante, una categoría con posibilidades de promoción profesional, una categoría como la que el baloncesto de Córdoba tenía hasta que se fue Rafa Sanz.

Y ahora, a esperar el próximo comunicado.

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31 de mayo de 2017 - 02:00 h