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Sonidos de la tierra

Sergio-Manuel Tejerina-Campanero

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Miramos hacia el cielo, imaginamos que habrá allí arriba, soñamos con extrañas teorías acerca del universo y el espacio, pero mientras no sepamos que pasa más allá de la atmósfera, nos dedicamos a escuchar canciones que hablen de ese espacio espacial.

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Curioso, el primer objeto -fabricado por el hombre- que abandonó de manera oficial nuestro sistema solar fue un Disco. El 13 de septiembre de 2013, tras más de  treinta años acoplado en la Voyager 1, Sonidos de la Tierra, entró en el denominado abismo interestelar. Por delante, más de 40.000 años de viaje hasta la estrella más próxima.

Las posibilidades de que una civilización inteligente encuentre la sonda, y descifre su contenido, es prácticamente nula. Recuerda,  prácticamente, hoy es siempre. Todavía. La condición humana.

Es muy posible que el Mayor Tom nunca regrese a casa; pero si hay justicia en este mundo, o en cualquiera de los otros, Antonio se habrá reecontrado con Marga. Su Marga. Allá por Orion no habrá naves ardiendo, solo dos ángeles a los que la distancia y el tiempo nunca separó.

Miramos hacia las estrellas. Les gritamos que sí, que estamos aquí. Que seguimos esperando. Y lo hacemos cantando.

Miramos hacia el cielo, imaginamos que habrá allí arriba, soñamos con extrañas teorías acerca del universo y el espacio, pero mientras no sepamos que pasa más allá de la atmósfera, nos dedicamos a escuchar canciones que hablen de ese espacio espacial.

Ser un Groenlandiers y vivir en  iglús es algo parecido, en ocasiones, a vivir en el espacio. Al menos los que han estado allí eso dicen. Casualidades de la vida ahora circunstancialmente vivo en algo parecido y para entretenerme hago listas de canciones en los ratos libres. ¿Escucharán música los astronautas?, ¿Harán listas de música? ¿Se pelearán por el control del volumen? Quizás estas preguntas son otros de los muchos motivos para no querer explorar el espacio.

De pequeño nunca quise ser astronauta, ni subir allí arriba. Me parecía que estaba muy lejos como para volver a la hora de la merienda a casa y comer el bocadillo de chocolate y el yogur. Por supuesto solo comía aquellos yogures que venían con cromos de regalo de los dibujos animados de Willy Fog.

De mayor sigo queriendo tener los pies en la tierra y solo despegar del suelo para saltar sobre las líneas de color blanco de los pasos de cebra. Me da cierta pereza el tema de los trajes espaciales  (suponiendo que los hubiera de mi talla), el tema de la ignición (por aquello de tomar impulso muy deprisa) y la falta de gravedad (por aquello de beber, comer y hacer pipi/popo de una extraña forma).

Antes que toda esa parafernalia, prefiero escuchar canciones de gente que sueña o piensa cosas que ocurren en ese espacio infinito. Me gusta repasar la extraña y secreta historia de aquellos astronautas rusos que subieron en misión a rescatar la catatónica estación espacial Saliut 2, el frío y soledad que pasaron. Me gusta escuchar el sonido de las cuentas atrás, sobre todo aquella que no me cansaba de cantar…. The final countdown de los pelanas peliteñidos Europe.

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