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Sobre este blog

Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

Ultramarinos

Tienda de Ultramarinos.

Juan José Fernández Palomo

10 de enero de 2026 19:54 h

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Hay un minimarket en mi barrio, le llamaré tienda de coloniales, regentado por una familia venezolana (“regentar” es un verbo muy gilipollas, pero se usa tópicamente).

Que yo sepa, son tres generaciones: padres, una hija y una niña de unos diez años -o siete, de esto no entiendo-, muy guapa, que cuando no tiene cole se oculta entre los expositores de patatas y cheetos mirando el móvil y me la encuentro mientras busco el pan de molde entre la broma, el sustillo o la sorpresa. Y una sonrisa de luz.

Les pregunté al volver de vacaciones navideñas. Al volver de no estar, como siempre se vuelve. Les felicité por vernos en un nuevo año, pregunté por preguntar, pero con intención, buena intención… su familia, la gente de allá…, se comunican o no. Esperanza, miedo, inquietud, pérdida, regreso…

La hija, también madre, me dijo con una sonrisa mediana: “no me dejan opinar” (se refería a sus mayores, supongo), “pero a ti sí te lo digo” (estábamos solos en la tienda en una hora perdida de la tarde): “Es raro. Mi familia está bien. Quedan pocos allá. Los demás llevamos aquí en España más de siete años. Mi padre está triste. Mi madre no dice nada”.

Todo es extraño. Y parece que ha llegado un ladrón a casa. A una casa estropeada. Fácil de asaltar. Una casa cansada, posiblemente.

Esto así no me lo dijo. Lo leí en sus ojos.

Son mis vecinos. Les compro el pan y, a veces, un vino...

... las cosas imprescindibles.

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Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

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