Fantasía 5: Las botas made for walking de Bob

No es sencillo coincidir con Bob en su granja al norte de Duluth, Minnesota. El tío está casi todo el año de gira en su "neverending tour" o como coño le llame a su horror vacui. Neil Young, que tampoco es que pare, acaba de cumplir 70 castañas, dice que Dylan está loco, que si no, no se entiende que esté siempre en la carretera. Pero estos días, Bob está en la granja descansando, cepillando las crines de sus caballos apaloosa y mirando el atardecer desde la mecedora del porche.

Me invita a cenar.

Antes nos tomamos unas cervezas mejicanas heladas mirando cómo empezaban a salir las estrellas. "Cada estrella que se ilumina es un alma que se estremece por algo", musita Bob mirando al cielo de Minnesota (cielo precioso donde los haya). "¿Por qué?" "Por algo. Vamos para dentro".

Cenamos pavo asado con boniatos y calabaza.

"Yo siempre ceno lo mismo. Es como si viviese en un Día de Acción de Gracias eterno".

Al terminar me enseña su colección de botas de piel perfectamente ordenada. "Mira: éstas son de piel de serpiente, aquéllas de yacaré, ésas de caimán, las de allí son de cuero español…"

"¿Y ésas?" "No sé…, me las vendió un indio y no quiso decirme de qué

están hechas. Tal vez sean de piel de sargento de caballería…"

"Hostia… Oye, Bob: llevo un buen rato en tu casa y no veo ni una armónica, ni una guitarra, ni un puto teclado… ni una pandereta…, ningún instrumento musical." "Es que a mí la música me la sopla". "Ah. Entiendo".

(Creo que Bob tiene los pies algo pequeños. Pero a lo mejor son cosas mías…) "Salgo pasado mañana de gira, once more. Cruzo el charco." "¿Vienes para acá?" "Sí; voy a París (France), en principio". "Vale. Voy contigo. Despiértame". "No fear?" "No".

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Publicado el
15 de noviembre de 2015 - 02:00 h
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