4th of July

Es difícil independizarse de algo, de tu pasado, de tus raíces, de tu

pareja, de tus padres de tu equipo en el que jugaste de cadete, de las amistades del barrio primitivo, de tu pueblo en aquellas vacaciones, de la metrópoli, de tu trabajo…

Pero ocurre. Y se celebra no sé bien en qué sentido, puede ser en el de la identidad, la libertad o cualquier concepto abstracto que acabe en "ad", menos "dad", que es un verbo en imperativo.

El 4 de julio es el día de la Independencia de los Estados Unidos de América. Un día tan icónico que no necesita agencia de publicidad ni gabinete de prensa para que, hasta yo –y usted- lo celebremos de alguna manera. O, al menos, lo tengamos en cuenta.

Por ejemplo, yo tengo dos amigos que nacieron el cuatro de julio y los dos son americanos a su manera: uno lee a Sam Sephard y el otro se sabe los acordes de Harvest Moon, de Neil Young (y ninguno de los colegas le hemos dicho que Young es canadiense, para no joder el mito).

Donald Trump, nuestro presidente número 45, ha decidido celebrar este gran día junto al Monte Rushmore, en Keystone, Dakota del Sur.

Bajo los rostros esculpidos en la montaña de Whasington, Jefferson, Roosvelt y Linconl ha venido a decir " a ver quién tiene huevos de tirar estas esculturas, putos negros de mierda, fascistas de izquierdas (sic) y espaldas mojadas varios".

Yo, americano criado con la televisión de un pisito del Parque Cruz Conde, me he acordado de Cary Grant y Eva Marie Saint en Con la muerte en los talones y en los rayos que desdibujaron el monte en Mars Attack!. Porque eso es también America (así, sin tilde).

Como lo es Whalt Whitman, el bosque de Thoreau, Emily Dickinson mirando por una ventana, las malas calles de Scorsesse o Lorca escribiendo en la habitación de un college de la Universidad de Columbia.

Cuatro de Julio. God bless America. Que le hace mucha falta.

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Publicado el
4 de julio de 2020 - 21:14 h
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