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Sobre este blog

Dinamizador e Ideador de ideas. Cuando todo está tranquilo, me gusta alborotarlo.

Emprendedor, productor ejecutivo por naturaleza, mentor de proyectos emprendedores por necesidad de compartir. Formador y ponente incansable. Autodidacta por pasión y necesidad vital.

Adoro la música independiente, popular y de siempre. Los domingos me gusta hacer mis listas de música en Spotify y a veces, en mis ratos libres, pongo música con Groenlandiers. Amante de los festivales de música, de leer todo lo que cae en mis manos, del teatro contemporáneo, de perderme haciendo senderismo, de investigar sobre cultura & patrimonio, de «bicicletear» por mi ciudad, de hacer piragua en el Guadalquivir y de mi vespa azul. A veces escribo cosas cuando me pongo auriculares y música alta.

Hijos del Wi-Fi, nietos del ego: manual contra el adanismo

Buscando Wi-fi.

Sergio Tejerina

27 de octubre de 2026 19:59 h

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Tercera semana ordenando neuronas en voz alta.

Antes de entrar en faena, hazme caso y ponte en los auriculares Count Your Blessings de mi amadísima Mattiel. Son exactamente tres minutos y dieciséis segundos de puro nervio y actitud. En la portada del disco que contiene este trallazo aparece ella subida de pie sobre un caballo, desafiante y en equilibrio imposible, y es que eso es ella: pura presencia sin pedir disculpas.

En la canción, con esa voz que parece venir de otro siglo, te escupe que cuentes tus bendiciones y mires lo que tienes delante sin perder el norte. Porque, a veces, conviene recordar algo tan sencillo como que buena parte de lo que hoy disfrutamos estaba aquí mucho antes de que llegáramos nosotros. Alguien abrió camino, alguien se dejó la piel y alguien pensó en cosas que ahora damos por hechas. No reconocerlo es vivir con una venda en los ojos.

Y ahí, como tantas veces que me refugio en mi cuarto de pensar los domingos para poner discos y clavar la vista en el techo pasando revista a la semana, me acuerdo de los Adanes.

Sí, los adanes, esos tipos que parecen convencidos de que el mundo echó a andar la misma mañana en que ellos abrieron los ojos.

Lo llamamos adanismo, la creencia de que todo lo relevante comienza contigo. Una especie de amnesia histórica aliñada con ego. Ortega y Gasset ya apuntaba maneras en 1910 con aquello de «como Adán en el Paraíso». Años después, Julián Marías volvería sobre esa actitud para señalar a quienes viven de espaldas a la herencia recibida, como si antes de ellos no hubiera habido nadie pensando, creando o intentando cambiar las cosas. Una mezcla de amnesia histórica y ego desbocado que, por desgracia, sigue cotizando al alza.

El adanista tiene algo de adolescente convencido de haber descubierto el mundo por su cuenta. Me recuerda a esos chavales que, cuando empiezan a entender de qué va el sexo y descubren que sus padres también lo practicaban, necesitan creer que aquello ocurrió una sola vez, por accidente y exclusivamente para traerlos al mundo. Hay descubrimientos que cuestan más de digerir que otros.

Pues con la cultura, las ideas y la política pasa algo parecido. El adanismo de nuestros días lleva Wi-Fi, presume de modernidad y tiene el ombligo como centro de operaciones. Lo peor no es que ignore lo que hubo antes, sino la seguridad con la que proclama que acaba de inventarlo todo.

El adanismo actual es hijo del Wi-Fi, nieto del ego y primo hermano del síndrome del impostor, pero vestido con chulería. 

Descubres una idea y das por hecho que a nadie se le había ocurrido. Aprendes a manejar una herramienta y ya hablas como si la hubieras inventado tú. Publicas cuatro lugares comunes en una red social y te vienes arriba, convencido de estar iluminando a la humanidad. Ni se te pasa por la cabeza que esa misma reflexión quizá apareciera en un blog de 2004, en una conferencia de 2010 o en aquella conversación con tu abuelo en la cocina a la que no prestaste la menor atención porque te parecía un boomer.

Desde esa posición, cualquiera que lleve cuarenta años trabajando en algo puede convertirse en un fósil al que conviene explicarle cómo funciona el mundo.

Lo grave no es pensar que inventaste la rueda. Lo jodido es que ni siquiera te hayas preguntado si antes hubo ruedas.

Y así nos va.

Está el recién llegado, que ha leído dos libros a toda prisa y ya pretende darle lecciones al profesor que lleva media vida estudiando. El escritor, que todavía no ha escrito nada digno de ese nombre y se permite despreciar a quienes han construido una obra. El político, que habla de justicia social como si su partido acabara de patentarla. Y el opinador de turno que, incapaz de sostener una discusión con argumentos, despacha al discrepante con una etiqueta y da el debate por zanjado.

Todos tienen algo en común: confunden no conocer una cosa con que esa cosa no exista.

El mundo no necesita más fundadores de humo, ni más iluminados empeñados en inaugurar lo que ya existía. Necesita gente capaz de conocer el legado, separar lo aprovechable de lo que merece quedarse atrás y hacer algo decente con todo ello. Gente que sepa de qué barro viene antes de ponerse a repartir lecciones sobre cómo moldearlo.

Tener referentes no te convierte en un imitador, del mismo modo que ignorarlos no te convierte en un genio.

Así que no, colega: no eres el primero. Y tranquilo, que tampoco pasa nada. No hace falta descubrir América cada martes para tener algo interesante que aportar.

Eso sí, procura no ser el último en enterarte.

P. D. Si necesitas una cura de humildad, date una vuelta por una librería o rescata algún libro olvidado de la estantería. A veces, basta con abrir un volumen publicado hace cien años para descubrir que esa gran preocupación que te quita el sueño, o esa idea que creías revolucionaria, ya le había dado unas cuantas vueltas alguien que ni siquiera sabía que tú ibas a existir. Y puede que, además, lo explicara bastante mejor.

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Dinamizador e Ideador de ideas. Cuando todo está tranquilo, me gusta alborotarlo.

Emprendedor, productor ejecutivo por naturaleza, mentor de proyectos emprendedores por necesidad de compartir. Formador y ponente incansable. Autodidacta por pasión y necesidad vital.

Adoro la música independiente, popular y de siempre. Los domingos me gusta hacer mis listas de música en Spotify y a veces, en mis ratos libres, pongo música con Groenlandiers. Amante de los festivales de música, de leer todo lo que cae en mis manos, del teatro contemporáneo, de perderme haciendo senderismo, de investigar sobre cultura & patrimonio, de «bicicletear» por mi ciudad, de hacer piragua en el Guadalquivir y de mi vespa azul. A veces escribo cosas cuando me pongo auriculares y música alta.

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