Rendición

 

Es inmensamente difícil que el Ayuntamiento cobre la multa de Colecor

(José María Bellido. Concejal de Hacienda)

Hasta para la rendición del Estado existen grados. No es lo mismo entregar las armas y sacar la bandera blanca que claudicar cuarto y mitad. Ahí tienen a todo un concejal de Hacienda cuantificando la capitulación de la administración pública ante la casta del ladrillo con un adverbio altamente desmoralizador. El señor Bellido ha venido a decir (y ha dicho) que es "inmensamente difícil" que el Ayuntamiento cobre la multa que le impuso a Rafael Gómez por desafiar la normativa urbanística. Perfecto. El concejal del ramo podía haber usado otro vocablo más comedido que maquillara la impotencia del poder político para hacer cumplir la ley a los poderosos. Pero ha preferido bajar la guardia, dejarse de imposturas y admitir a cuerpo descubierto que no tenemos nada que hacer ante los infractores de cuello blanco.

Eso es lo que hay, caballeros. Nada que no supiéramos con anterioridad, aunque escucharlo de boca de un representante público, votado democráticamente por todos ustedes, provoca un dolor de estómago que amenaza con ramificarse por el hígado, la vesícula, el esófago y quien sabe si alcanzará a las criadillas. No es plato de gusto contemplar al hombre que le cobra a usted cada año el impuesto de bienes inmuebles y le fija un recargo por demora si se pasa en el pago de la multa de tráfico, verlo decir que usted sí paga y el señor Gómez no paga porque al señor Gómez no le sale de las narices pagar.

No nos engañemos. Ya lo anticipó el visionario de Cañero con todas sus consonantes y todas sus vocales al día siguiente de que el pleno municipal, de forma unánime, le hiciera un traje a la medida para las naves de Colecor: "Va a pagar mi prima la pelá", proclamó con la tranquilidad con que un capo limpia el cargador de su revólver. Y, por lo visto, sus palabras son decreto ley en esta ciudad que capitula ante un individuo que se jacta de no haber leído nunca un libro.

El señor Bellido saca ahora la bandera blanca de la rendición del Estado cuando, en realidad, el Ayuntamiento ya hincó la rodilla ante el establishment desde el mismo día en que autorizó que don Rafael Gómez pintara en el mapa del plan general de ordenación urbana lo que le viniera en gana. Rafael, tú tira para adelante, que luego nosotros hacemos el encaje administrativo. Y así, entre sorbo y sorbo de café con pastas, el Estado firma un día sí y otro también la claudicación de sus instrumentos.

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9 de febrero de 2013 - 01:10 h