Érase una vez Halloween...

.

Érase una vez un pueblo solitario que abría sólo hasta el amanecer. Hasta él no llegaban carreteras secundarias ni de él partían autopistas hacia el cielo. Hasta la tarde no retiraban el cartel de "Vuelvo en 5 minutos" ni subían la verja. Y hasta que no empecé a relatar esta historia ni yo sabía que existía tal pueblo.

En este alejado municipio vivía una joven muy desgraciada. A la pobre los maridos no le duraban más de dos meses -excepto aquel atractivo ingeniero, que desapareció el día que ella cumplía los treinta y dos, justo después de entregarle como regalo una bonita  Hacienda, Villa Nevassa.

Por increíble que parezca, todos los esposos de la viuda sufrían la misma dolencia, una hernia de hiato que les provocaba incesantes diarreas que los deshidrataba irremediablemente. Hasta que pasaban a mejor vida. Digo yo que seguirían una dieta muy picante o algo así.

Claro. Ya estamos. Sacando conclusiones, ¿verdad? Seguro que piensan ustedes que:  "¡Por fin se ha descubierto de dónde procede la Viuda Negra!". ¿No les da vergüenza? Juzgando a la chica por ser joven, bella y viuda. Desde luegooooo... Qué no, hombre ya, ¡que no les dé! La muy pícara preparaba una mezcla de venenos muy venenosos y se la servía en infusión. Los engañaba luego diciéndoles era para el aguante en la cama. Y se quedaban tan contentos. Ilusos...

Lo de la Viuda Negra era una verdad infundada en el pueblo que, por otro lado, no causaba ningún revuelo importante. La gente estaba tan ocupada en sus labores que se despreocupaba de las causas oscuras. Y si no que se lo digan a uno que llamaban el Scream, que también se traía unos trapicheos muy extraños. No me quedó claro en qué estaba metido, pero debían llegarle unas facturas de teléfono altísimas.

Si es que allí todo era muy particular. Por ejemplo, los adolescentes se pasaban el rato tomando cafeína porque temían quedarse dormidos. Imagínense, las chicas no ganaban para iluminador. Los ancianos eran ancianísimos, imagínense pagar esas jubilaciones. Y los niños no paraban de saltar a la comba canciones interminables, imagínense qué  gemelos.

Pero lo que más me llamó la atención del día que estuve allí hasta el amanecer fue eso,  que estuve allí hasta el amanecer. Ni hoteles, ni hostales ni albergues donde hacer noche. Sólo un camping muy misterioso con bungalows de madera en el campo. Tuve que salir por patas, y no se gallo. No quiero dejarles con la intriga: ¿que por qué misterioso? En el desayuno, ¡¡había menú del día!!

Pincha y escucha (asegúrate de que cerca tienes un baño): Canción de la comba cantada por la Viuda Negra de niña

Etiquetas
Publicado el
1 de noviembre de 2012 - 07:03 h
stats