Una pareja normal

Cada vez que me los cruzo en el descansillo frente al ascensor pienso lo mismo. Siempre que presencio ese ritual doméstico confirmo lo que empezó como una sospecha y ya es toda una certeza: María Rosa y Mario son una pareja normal.

La escena, por repetitiva, ha empezado a ser cómica. Todos los días María Rosa sale de casa detrás de su marido. Siempre es ella quien tira de la puerta y siempre es ella quien introduce la llave de seguridad en la cerradura justo un segundo antes de que Mario pida que abra de nuevo porque ha olvidado algo. Ése es el único detalle que permite mantener el suspense. Unas mañanas es el teléfono, otras las llaves, en alguna ocasión, la basura o una factura. Estoy convencida de que María Rosa no mete la llave para cerrar la puerta; lo hace para volver a abrirla porque si no la cierra Mario no recordará que ha olvidado algo.

María Rosa se adelanta al pensamiento de su pareja de la misma forma que él la interrumpe para terminar de narrar por ella cualquier anécdota que empiece a recordar en una reunión. De hecho, ambos lo hacen. Se interrumpen y hablan por boca del otro. Si alguien pregunta a Mario si le gusta la ópera, María Rosa responderá que él es más de jazz a lo que su marido añadirá que en cambio ella sí disfruta con la música clásica.

El catálogo de convencionalismos en esta pareja es interminable. Mientras ella guisa, él sale a pasear; si él cena con un amigo, ella lo llamará veinte veces para pedirle que deje de beber y vuelva a casa; a él le gusta el fútbol y a ella, el teatro y así hasta el infinito, o mejor hasta el fin del amor y el inicio de la normalidad.

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Publicado el
27 de octubre de 2013 - 00:31 h
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