Acuerdos en la cadena de valor de productos esenciales

Hace unos días, se firmaba un convenio en la sede del Magrama entre la industria y la distribución, y cooperativas del sector, con el objetivo de hacer sostenible social y económicamente la cadena de valor láctea, de forma que este producto alimenticio no se banalice. Eso sí, sin obligar a fijar el precio en los lineales, pues lo impide las normas de Defensa de la Competencia.  La firma compromete, pese a ser un acuerdo voluntario, a un 85-90% de la distribución de España y al 70% de las industrias y cooperativas de transformación lácteas.

Son 14 industrias lácteas y 9 grupos de distribución, con el objetivo  de evitar la depreciación del valor de la leche y mejorar las condiciones operativas de todos los agentes de la cadena, sobre todo los más débiles que son los ganaderos, y sin perjudicar a los consumidores. Estas empresas acogidas a este acuerdo, fijarán en los envases el logotipo del programa Productos Lácteos Sostenibles, que identificará el origen español de la leche.

Además de este producto, el Gobierno también ha emplazado a operadores del sector del aceite de oliva para alcanzar un acuerdo similar al de la leche, de tal forma que se permita vertebrar la cadena y colaborar en otros aspectos como el de la calidad y la información al consumidor.

En principio, sería interesante un acuerdo similar en el sector del aceite de oliva y además poder llegar a acuerdos dentro del sector para que se pueda llegar a un pacto sobre el estado del proyecto español para buscar métodos físico-químicos que complementen el panel de cata o panel test de la actualidad, y que está provocando continuas quejas entre diversas empresas oleícolas y comercializadoras, debido al sistema de variabilidad que ofrece el experto que cata el aceite.

Sería importante que de una vez los laboratorios pudieran encontrar un método de caracterización de la calidad del aceite de oliva, utilizando métodos instrumentales científicos, para poder determinar de una vez por todas las diferentes categorías de aceite que salen al mercado, y evitar el fraude.

Además necesitaríamos también un mayor peso, como primer país productor de aceite de oliva, en el COI (Comité Oleícola Internacional) en aras a conseguir una mejor defensa internacional del aceite de oliva, sobre todos con países que cuestionan la calidad de nuestros aceites, como los creados en Estados Unidos y Australia,  que usan métodos de análisis  del aceite no oficiales, y que el COI no reconoce.

Una Unión de todo el sector a modo de lobby,  permitiría demandar ante la Comisión Europea, una serie de medidas, como por ejemplo la realización de campañas de promoción como país de origen España, algo que ahora no se puede hacer.  Que se permita acciones divulgativas en los colegios,  y una cuestión muy importante; que los envasadores puedan señalar en las etiquetas de los aceites, que éstos son cardiosaludables  y beneficiosos para la salud.

Acreditar también la calidad en origen, contrastado por un laboratorio oficial, que certifique la calidad del producto con sus parámetros organolépticos y químicos.

En fin, si todos, productores, industriales, envasadores y distribuidores, pudiesen llegar a un acuerdo semejante al del sector lácteo, habría un punto de partida para conseguir otras cuestiones que son importantísimas para el sector. Y de una vez por todas, huir de la banalización de los productos agrícolas y ganaderos.

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25 de febrero de 2013 - 07:00 h
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