María Sánchez: “Cuando irrumpe el feminismo en tu vida, se te cae la casa”

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Durante todo el proceso de transcripción de la presente entrevista hay una imagen que ha acompañado al periodista y que define gran parte de las cuestiones que se abordan en ella: la del presidente de la Junta, Juanma Moreno, hablando con una “vaquita” en plena campaña electoral. Un gesto que despertó comentarios jocosos en su momento y que ahora podría llevarse hasta un premio equivalente al Óscar de la comunicación política.

Resulta casi cómico imaginar la reacción que tuvo cuando vio la imagen la veterinaria y escritora María Sánchez. Aunque, a juzgar por sus declaraciones en esta charla, parece evidente que mucha gracia no le pudo hacer. Sánchez (Córdoba, 1989) ya había terminado por aquel entonces el ensayo Tierra de Mujeres (Seix Barral), una obra que es un reverso de su poemario Cuaderno de Campo (La Bella Varsovia, 2017), y que otorga algo de luz -expresión que ella seguramente desecharía- sobre las mujeres rurales: el motor silencioso y silenciado que hace que el campo se mueva, y al que no se le presta la atención debida a pesar de que eso que llamamos “el campo” a menudo pone un plato en nuestra mesa. Casi nada.

María es todo lo contrario. Lejos de la presunta tranquilidad de la estampa bucólica, Sánchez es verborreica y directa. A menudo interrumpe al periodista o le termina las frases. En parte, porque le apasiona lo que cuenta, en parte porque tiene el tiempo justo para contarlo -la entrevista se produce en plena gira de presentación del libro, y a falta de unas horas para que retome su trabajo como veterinaria-. Son las 16:00 de un lunes, en la facultad por la que correteaba cuando era pequeña, cuando Sánchez se arranca a hablar.

Lo hace con esperanza. Cuatro días después, el 8 de marzo, sus presagios se acabarán cumpliendo y el feminismo volverá a reivindicarse como el único movimiento capaz de movilizar de forma masiva a la ciudadanía para exigir cambios sociales. En los informativos, de nuevo, se habrán olvidado de mostrar las concentraciones y actividades de las mujeres rurales durante el 8M, por supuesto. Pero ésa es otra historia que ya conocemos.

PREGUNTA. Acabamos de hablar del clima. Y leyendo el libro y viendo el clima que tenemos…

RESPUESTA. Tiene que llover ya.

P. Me parece un síntoma de lo desconectados que estamos muchas veces del campo.

R. Sí. De hecho la gente está celebrando que estemos en febrero en manga corta, tomando unas cañas y caracoles, cuando no tienes que irte muy lejos. Subes a Sierra Morena y está el campo seco, que se agrieta. Necesitamos que llueva ya.

P. ¿Cómo percibes tú esta desconexión?

R. (Resopla) No lo sé. Yo creo que como siempre nos han metido en la cabeza… El relato que se ha vendido del medio rural, ¿no? Para mí el medio rural es el gran desconocido hoy en día. Hoy en día lo sigue siendo. Se nos ha puesto como o La cabaña de Walden o Los Santos inocentes. De un extremo de idealización al extremo de donde solo vive gente retrasada, bruta, sin cultura, paletos… Cuando es todo lo contrario: dependemos del medio rural todos los días, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Y ya no solo a la hora de la comida, sino que el campo que nos gusta visitar, todos los parques naturales y nacionales de España existen por ese medio rural, por esos pastores, por esa ganadería extensiva… Y esa unión que tenemos, tan para mí maravillosa, que es el territorio, la persona y lo animal, que sucede en la ganadería extensiva.

"El medio rural es el gran desconocido hoy en día"

También es verdad que si no conoces algo no lo puede cuidar. A nosotros no se nos enseña a cuidar ni a conocer nuestros árboles. No sé. Dime un pájaro que no sea un vencejo, un gorrión o una golondrina. O un árbol que no sea un roble, una encina o un alcornoque. O una raza autóctona de vaca de Andalucía o de cabra. Esas son preguntas que lanzo a la gente que me pregunta. Y no saben contestarte. Y eso es cultura y patrimonio de todos. No solo de la gente de los pueblos. Es de todos. Igual que con las palabras y con todos los oficios.

P. Cultura y educación.

R. Educación por supuesto. El ejemplo que pongo en el libro, de un estudio. Que le hacen a los niños tarjetas con Pokemon y tarjetas con árboles y animales de su zona. Que no son ni siquiera de otras partes del mundo. Y el 80% reconoce todos los Pokemon y no llegan a la mitad los que reconocen sus árboles en las zonas que están al lado de su casa. ¿Eso por qué es? Porque no se dedica tiempo a eso, ni se le da importancia. Por eso también la portada del libro. Esa niña con esa cabrita. Porque gracias a ese vínculo yo hoy estoy sentada aquí hablando contigo, y soy tan defensora del medio rural y de la ganadería extensiva. Y tengo ese amor por el campo.

P. Aquí la semana pasada se murió la elefanta Flavia del zoológico y fue una de las noticias más leídas del día, mientras al mismo tiempo…

R. Tenemos muchos problemas.

P. Sí. A lo largo de la entrevista me vas a ver que estoy muy fuera de contexto muchas veces, ¿vale? Decía lo de Flavia porque al mismo tiempo seguro que hay muchas razas autóctonas que probablemente se están extinguiendo.

R. El 83% de las razas autóctonas de España están en peligro de extinción.

P. Incluso aquí en Córdoba. Me imagino que también.

R. De hecho, Felipe Molina tiene una raza que está en peligro de extinción. La Merino negra.

P. Y eso no va a ser la noticia más leída.

R. No tiene cabida en ningún medio y no se le da importancia. Pero luego sí que nos preocupamos por el cambio climático, queremos comer bien… No sé. Yo es que soy de las que piensan que hay gente muy interesada en el medio rural y estas formas de vida, que a fin de cuentas son diferentes a las que nos imponen en las ciudades… Hablo ahora del capitalismo. Y de la inmediatez, y el consumir relaciones, y de que nos quieren solos. El medio rural no es así.

"El 83% de las razas autóctonas de España están en peligro de extinción"

Mi abuela y mi madre lo dicen mucho. Nosotras no pasábamos hambre. Y estaban en posguerra, y era una familia muy humilde. A mi madre la quitaron con 14 años para coger aceituna. Y mi madre y mi abuela me lo dicen: “Nosotras teníamos que trabajar, éramos una familia muy humilde pero jamás pasábamos hambre”. ¿Por qué? Porque tenían un huertecito. Tenían su cochino, que lo mataban una vez al año. Los vecinos se ayudaban, se intercambiaban… Había un grupo de comunidad. Esa comunidad que ahora tanto estamos buscando en las ciudades. Eso ya está inventado. Eso se llaman nuestros pueblos. Eso son los pueblos donde están todas las puertas abiertas, los zaguanes encendidos, esas mujeres que por las noches se sientan y toman el fresco, comparten y cuidan las unas de las otras… Yo creo que a lo mejor tenemos que cambiar un poco las formas de mirar a nuestros pueblos y aprender de esa forma de vida.

P. Sin duda.

R. Es que siempre de las ciudades sabemos las cosas buenas y las cosas malas. Pero de los pueblos y los medios rurales solo nos venden lo malo: crimen, terror rural en Galicia, Puerto Hurraco… ¿Sabes lo que te quiero decir? Entonces, ¿por qué no rompemos esa postal y vamos más allá y vemos a toda la gente que está haciendo cosas por el medio rural?

P. Quizá porque esa postal de la que hablas, incluso cuando hablamos de temas que “importan” como el cambio climático o la comida ecológica, también se ha mercantilizado.

R. Por supuesto. De hecho lo eco y bio es otro lobby más. Mira Mercadona. Ahora Mercadona se apunta a lo veggy. ¿Por qué? Porque da dinero. Punto. No hay ningún interés en conservar el planeta ni en preocuparse por el cambio climático sinceramente. Y eso el que no lo quiera ver es que se queda en lo básico y en la superficie. Ese relato ha hecho mucho daño. Porque siempre se creen que la gente del medio rural es igual y que todos los pueblos son iguales. Y el medio rural es diverso y hay multitud de historias y de vidas y gente que de verdad, que ésa es la rabia que a mí me da, que lo que yo veo en los medios con lo que sucede en mi día a día y con la gente con la que yo trabajo, que chocan. Porque no tienen nada que ver. Es muy diferente.

P. ¿Qué te encuentras tú en tu trabajo?

R. Pues chicas de mi edad que están recuperando razas autóctonas, que forman grupos de consumo. Ya no solo te hablo de medio rural. Huertos en las ciudades… Gente que está parando macro granjas, que defienden la ganadería extensiva, que defienden la trashumancia… ¿Y ésas por qué no ocupan los grandes altavoces y los grandes espacios en los medios? ¿Por qué seguimos hablando de pueblos que se mueren solos, del último habitante de un pueblo, de la nostalgia del pueblo en verano? Es que ya cansa. A mí eso ya me cansa. Porque no es nuestra realidad. Son las elecciones en Andalucía y no hay otra cosa que sacar que un pueblo fantasma de Granada. En El País en portada. ¿De verdad en Andalucía hay el mismo problema de despoblación que en Teruel o Castilla y León? Yo creo que no. En Andalucía hay mucha gente en el medio rural haciendo muchas cosas, y más iniciativas que un pueblito fantasma de Granada. De verdad es que…

P. Te afectan esas cosas.

R. Yo hablo en plural. Ningún ganadero mío se identifica con la España vacía ni con la palabra granjero ni con el periodismo sepulturero que está a la orden del día en este país.

P. Ahora vamos a seguir hablando de estos temas. Pero antes quiero hacer un break y hablar de ti y de este edificio. Porque de alguna manera tú estás muy vinculada a él, ¿no?

R. Sí. Estoy muy vinculada a este edificio. Hace poco en la instalación de Almáciga escribí un texto. Este edificio para mí supone mucho porque mi abuelo estudió veterinaria aquí. Mi padre estudió veterinaria aquí. Y fue profesor aquí de Agricultura. Y yo no llegué aquí a estudiar Veterinaria, pero tengo un vínculo con el edificio que es brutal. De hecho, siempre intento pasar por delante de él. En el piso en el que vivo desde la terraza se ve. Me gusta subir a la terraza y ver el atardecer sobre él. Me gusta imaginar a mi padre y a mi abuelo con 20 años por el barrio. Y tengo muchos recuerdos de cuando era pequeña, que venía a ver alguna tarde a mi padre al despacho y me metía en su clase. La pizarra, el olor de esta facultad, porque la granja estaba ahí. Para mí significa mucho este edificio. Es como una parte de mí.

"Nos hemos creado un mundo paralelo en las redes"

P. ¿Qué tal fue tu experiencia en la Universidad?

R. Bueno, pues para mí la verdad es que la Universidad fue un poco traumática. Porque me esperaba otra cosa y, aunque nadie sabía que yo era hija de mi padre, yo me sentía que tenía que estar a la altura y mi padre fue también muy exigente conmigo. Yo tardé dos años más en sacar la carrera. Tenía ese dilema tan fuerte… Que te imponen que tienes que estudiar. O sea, a mí había profesores de mi facultad que me decían: “Pero, ¿cómo tienes tiempo para leer con lo que tienes que estudiar?”. ¿En qué momento leer y estudiar una carrera es incompatible, cuando deberían los profesores incentivar que leyéramos otras cosas aparte de apuntes? O profesores que te dicen que leen mucho y solo te nombran best sellers.

Así que un poco de desencanto. Le tengo mucho cariño, pero sí es verdad que para mí irme de Erasmus a Lisboa fue un rescate porque claro, imagínate, estudiar en Córdoba, en casa de tus padres, y tu padre profesor de la facultad. Y luego pues tener que estar a la altura de dos hombres que son veterinarios y que van delante tuya. Pues el choque es gordo también. Y yo adolescente, que he sido muy reivindicativa. Quiero mucho a mi padre, ahora ya nos hemos empezado a entender, pero como somos muy parecidos hemos chocado siempre mucho.

P. ¿Pero tú no te planteaste otra carrera?

R. Yo estuve a punto de abandonar la carrera. Pero eso sí lo tuve muy claro. De hecho, de ciencias era malísima. Mis profesores del colegio me hicieron un perfil: Letras. O sea, yo soy pura humanidad de la forma de pensar y de plantear las cosas. Pero es que tengo tan metido lo del campo y la infancia que he tenido de pequeña con las cabras y la quesería. Que yo no me he planteado otra cosa.

P. Los animales son pura humanidad.

R. Claro. Yo entré de las últimas en Córdoba. Y mi padre me decía: “María, que Veterinaria es una carrera muy dura”. Como quitándome la idea. Y yo llorando: “Papá, que tengo que estudiar Veterinaria como sea”. Así que intenté entrar en Cáceres, y ya estaba haciendo la matrícula para irme allí y justo me mandaron un email diciendo que había entrado en la Facultad de Veterinaria de Córdoba. Mi padre es que incluso ni se lo creía. De hecho, fuimos corriendo a la secretaria para asegurarnos porque tenía muy poca nota. Y entré. Y fue un subidón: ser tercera generación que estudia en la Facultad de Veterinaria de Córdoba.

P. Cómo han cambiado las cosas de aquella generación a la nuestra. Y de las nuestras a las siguientes. Verás, los estudios han cambiado poco, pero sí que es verdad que nosotros nos hemos quitado esa venda de la carrera y de que tienes que estudiar…

R. Sí. Pero mira, hemos cambiado también mucho. Yo saco a alumnos de prácticas. Estoy en la universidad porque tenemos un convenio. Somos una asociación que tenemos la sede en la universidad. Y yo, a cambio de esa sede, ayudo a alumnos y se vienen conmigo al campo y tienen la oportunidad de conocer el campo, de ver cabras, de ver mi trabajo y de ver a lo que se pueden enfrentar el día que acaben la carrera. Y yo te digo una cosa: yo cuando estaba en la facultad iba a asambleas anti Bolonia, nos movíamos un montón, pero nunca aparecía la palabra feminismo. Y ahora yo lo veo con mis alumnas. Han creado un aula antifeminista, hablan abiertamente de cosas que no les parecen bien, de abusos, de toqueteos. Yo alucino. Yo me emociono viendo a mis alumnas con esa conciencia y eso que han adquirido. Eso es porque ha llegado el feminismo.

"Lo eco y bio es otro lobby más"

¿Por qué mis referentes solo eran hombres y las mujeres de mi casa no existían? Pues porque no estaba ese momento en mi vida. Yo he llegado más tarde. Pero vas abriendo vereda y vas viendo que las generaciones siguientes van muchísimo más rápido. Para mí es un orgullo salir con mis alumnas, y las cosas que te cuentan en la furgoneta cuando vas al campo… Esa complicidad, esa sororidad que se crea es brutal. Eso en mis años no lo había.

P. Es curioso porque muchas veces se habla del feminismo entre la juventud y lo que se señala es la parte fea: las relaciones tóxicas y todo eso.

R. Sí. Totalmente. Y además siempre como intentándonos separar. Que si el feminismo de las africanas, que si el feminismo de las migrantes, de las personas transexuales. Es que todo suma. Si lo que tenemos que hacer es apoyarnos. Pero hay cierto sector de la izquierda empeñado en atomizar al feminismo y en pensar que las luchas separadas no consiguen cosas. Cuando yo creo que vamos todas a una. Yo no veo mejor complicidad y ayuda y feminismo que entre mujeres. Lo que pasa es que también se ha vendido mucho el relato de las mujeres que no soportan a otras mujeres y de que entre nosotras somos muy malas. Y eso es mentira.

P. La maldad es una cuestión de humanidad, no de género.

R. Totalmente. Se ha metido mucho, como el relato también de la España vacía. Yo los veo igual. Ese relato de que las mujeres no se soportan, que se tienen envidia, que se pisan las unas a las otras. Yo creo que ya va siendo hora de superar el relato. Porque yo cuando más segura me siento es rodeada de mujeres.

P. Lo que está claro es que a ti no se te puede entender si no es por tu profesión, ¿no?

R. Por supuesto. Es mi narrativa invisible. La gente me dice que cuándo voy a dejar de ser veterinaria para escribir pues no se ha enterado de la misa la mitad. Porque es lo que hace que yo escriba. Es mi día a día. Yo, como pase más de dos días de oficina estoy que me subo por las paredes. Necesito campo, necesito carril, necesito hablar con mis ganaderos, con mis ganaderas. Necesito esos animales que se cruzan, esas experiencias, esas conversaciones, esas sensaciones, esos gestos… El campo, a fin de cuentas.

P. ¿Y cómo has equilibrado la escritura de este ensayo, que conjuga las dos Marías?

R. Es que yo creo que están las dos. Y fíjate, yo puedo estar un mes sin escribir y, aunque no escriba, mi yo escritora está ahí. Porque sigo. Porque voy conduciendo y me vienen ideas. O me dice un ganadero una historia y la asimilo y, aunque no escriba esa semana, ese mes, o incluso un año, esa imagen o ese destello va a aparecer inconscientemente. Yo creo que es algo que no se puede separar, ni tampoco se pude delimitar cada parte. Yo creo que soy veterinaria y escritora siempre.

P. Lo que sí es verdad es que este ensayo es una vuelta de tuerca respecto a Cuaderno de campo. Digamos que en aquel poemario la María escritora estaba más presente, pues es un libro más estilístico.

R. Sí. Es poesía. Pero también es hermano de Tierra de mujeres. Porque en Cuaderno de campo yo ya me estoy reivindicando como mujer y estoy diciendo “vengo de aquí”.

P. Sí. Los puntos en común son muchísimos.

R. Efectivamente. Allí ya estoy diciendo: “Estoy muy agradecida a mi abuelo y a mi padre y a todos estos hombres de tierra y sangre que nunca lloran de lo que me han enseñado, pero aquí estoy yo”. He aprendido de ellos, los quiero, los admiro, pero ahora me toca a mí hablar y la que va a contar su historia soy yo. Y no necesito ser un hombre ni ser como vosotros para ser igual de buena. Yo, como María Sánchez, como veterinaria, como mujer, sirvo. ¿Qué diferencia hay con respecto a Tierra de Mujeres? Pues que aquí rescato a las mujeres de mi familia.

En Cuaderno de campo como que se intuye, pero no hay esa venda que se quita del todo cuando me empiezo a plantear ¿qué pasa con mi madre? Muchas veces los hijos somos muy egoístas y vemos la vida de nuestras madres solo cuando nacemos nosotros. No pensamos que nuestras madres y abuelas tenían una vida y unas inquietudes, y lo que querían ser. Eso se rompe por completo en Tierra de Mujeres.

"Ningún ganadero se identifica con la España vacía"

P. Esa incógnita es que hay hombres que ni la plantean, vaya.

R. Sí. Y también es una especie de duelo, de llegar tarde. De decir, ¿por qué no he tenido en cuenta antes a mi madre? Obviamente por el feminismo. Cuando irrumpe el feminismo en tu vida, se te cae la casa. Piensas: “Qué equivocada he estado”.

P. Creo que también hay ciertos procesos biológicos y mentales que pueden surgir de manera natural. Esto de que las niñas siempre se fijan más en el padre. Y lo de los niños de mamá.

R. Sí. Pero también por eso. Pero yo creo que va por el hecho de que como a los hombres se les exige ser fuertes, lo que no tienen que prestar de cara a la galería se lo da la madre. El cuidado, el cariño… Y las mujeres ahora que somos independientes, trabajamos. ¿En quién nos fijamos? En el padre. Que hasta hace poco era, y en muchas familias sigue pasando, el que curraba, el que tomaba las decisiones, el que salía, el que decidía. El que se veía de la familia. La cabeza. Yo creo que van por ahí los tiros.

P. Lo que está claro es que la familia y los recuerdos tienen un peso muy fuerte en tu literatura.

R. Totalmente. Mi genealogía es fundamental. Y te da pena ver que, por ejemplo, la historia de mi tatarabuela Pepa, mi padre no me la cuenta hasta que no ve que Cuaderno de Campo tiene reconocimiento fuera. Vuelvo a eso de reconocer. Que lo que ellos tienen que contar también importa y es interesante. Y dices: ¿cuántas historias como la de mi tatarabuela no voy a conocer?

P. La familia hoy en día en las ciudades ha quedado casi como el último refugio comunitario. Quizá por eso hoy se habla más de familia.

R. Sí, pero también se idealiza. La derecha se ha apropiado mucho del término familia. Yo no pretendo idealizar a la familia. Hay muchos tipos de familia. Yo sí me siento privilegiada porque tengo la suerte de tener una familia maravillosa. Tengo la suerte de que me apoyan, me quieren mucho, pasamos mucho tiempo juntos. Para mí la familia es muy importante. Me gustar estar con ellos, con mis abuelos. Pero es por lo que he vivido. Ese vínculo, esa raíz… Por ejemplo, en mi casa es muy importante comer. Ahora nos venden como modernidad comerte un sandwich y una Coca Cola mientras estás delante del ordenador. Y en mi casa no. En mi casa nos juntamos y comemos todos y nunca con la tele. Para nosotros comer es muy importante.

Yo con mis amigos lo hago mucho. Soy muy pesada. Estoy todo el rato diciéndolo: consumir es un acto político. Lo que echas en el carrito de la compra es un acto político. Parece que no nos preocupamos y que comer y comprar es un mero trámite, sin pensar en todo lo que hay detrás de la comida. A mí, en mi casa, he tenido la suerte de que eso me lo han contado siempre. He tenido la suerte de tener un huerto, tener huevos, leche de cabra, los quesos, la carne. Y eso es algo de lo que yo me siento muy privilegiada y me gusta compartirlo con mis amigos y la gente a la que quiero. En el libro hablo de ello. Es casi una genealogía de la comida, que es también una manera de unir a las familias.

P. Entiendo que, por eso, has acudido a la primera persona siempre para escribir. ¿No te planteaste novelar Tierra de Mujeres?

R. No. El libro me ha pedido primera persona y apelar a todos. Y ser una versión optimista, porque estoy cansada de la visión negativa del medio rural y quería que fuera un espacio común para empezar nuevos caminos y formas de hablar, de encontrarnos a fin de cuentas.

"Hay cierto sector de la izquierda empeñado en atomizar al feminismo"

P. Entiendo. Quizá si lo hubieras convertido en una narración podrías haber caído en el arquetipo, pero podría haber salido también algo bien divertido. Estoy seguro de que anécdotas de una veterinaria correteando tienes muchas.

R. Sí, sí. Tengo muchas. Pero el cuerpo me pedía un ensayo. Yo creo que si fuera una novela no podría ser una plataforma para las mujeres rurales, que es lo que quiero que sea. De hecho, en las presentaciones hemos estado diferentes tipos de mujeres y de historias para acercar este mundo rural. ¿Qué mejor que de mano de ellas? Hoy en Córdoba va a estar Mari Carmen García, que es un referente para mí. Es una mujer veterinaria que vive sola en una OCA en Baza. Pues esa es mi idea. Yo creo que, con una novela, a lo mejor, ellas no podrían usar el libro para darse a conocer y para reivindicar la importancia de ellas en el día a día.

P. Bueno, en realidad ha sido idea tuya lo de darles voz también en las presentaciones.

R. Es que a mí... O sea, si yo hago un ensayo que se llama Tierra de Mujeres en el que reivindico que estoy cansada del mismo relato. ¿Tú crees que tiene sentido que presente el libro en Madrid un periodista de Madrid? No tiene sentido ninguno. O sea, no haría presentación. Siempre he tenido muy claro que las presentaciones iban a ser así. Tenían todo el sentido del mundo.

P. A menudo hablas del paternalismo con el que la gente de las ciudades trata al medio rural. Eso tiene reverso en el recelo con el que el medio rural puede sentir hacia la gente de las ciudades.

R. Claro. Efectivamente. Claro que existe. Pero vuelvo a lo mismo. En las ciudades hablamos de lo bueno y de lo malo. Pero en el campo solo hablamos de lo malo. En los pueblos, como en las ciudades, hay cosas buenas y cosas malas. Y claro que está esa gracia del tío que va al pueblo y están ahí diciendo “verás éste que se va a morir de hambre en el campo”. Pero es normal. Todos somos iguales, y tenemos nuestras cosas buenas y nuestras cosas malas. Somos seres humanos.

P. Yo creo que tiene más que ver con el impacto que tienen ese tipo de actos en una comunidad más pequeña y cerrada que en una ciudad.

R. Pero tampoco es así. También hay gente que llega a un pueblo y se encuentra ayuda y gente que le abre su casa.

P. Claro. La mayoría.

R. Pero siempre vendemos esa imagen de la desconfianza del pueblo. Yo creo que hay que superar la imagen de Paco Martínez Soria llegando a Madrid de su pueblo. Que ya cansan un poco esas postales e imágenes.

P. Y luego están las imágenes bucólicas de finde en el campo.

R. La cabaña de Walden. Yo me voy al monte, a descansar, no voy a tener cobertura… Oye, pues a lo mejor en ese monte hay una ganadera que vende sus quesos y necesita internet y no lo tiene. Es que en el

monte vive gente y no solo tu idea preconcebida del medio rural que te venden y que te crees que te vas a encontrar. Hay un libro que recomiendo mucho, que es de Marc Badal, se llama Vida a la intemperie, en el que habla de toda esta oda al turismo rural y que la persona que va al campo tiene la imagen hecha en su cabeza y se le rompe por completo cuando va a un pueblo y hay un paisano gritando al perro del rebaño o huele a estiércol, o hay ruido de las campanas y del tractor. Es que estás yendo a un sitio donde vive gente. Gente como tú, que paga los mismos impuestos y que tiene las mismas necesidades.

P. El turismo rural genera casi dos industrias: una es casi de broma, pero da de comer a Instagram, que se nutre mucho de este tipo de imágenes, y el propio turismo rural. A lo mejor tú le cuentas estos clichés en los pueblos y te pueden decir “vale, pero es que esto es un negocio y genera empleo”.

R. No. Estamos muy desencantados en los pueblos con el turismo rural. Yo soy de la Sierra Norte de Sevilla y se nos vendió que, cuando nos hicieran Parque Natural, el turismo rural iba a ser la salvación y que no se iba a ir gente del pueblo. La gente se sigue yendo del pueblo. En invierno no había nadie. Da pena. Y antes de que lo hicieran parque natural, en mi pueblo había truchas. Ya no hay. Ha sido un engañabobos.

"Cuando más segura me siento es rodeada de mujeres"

P. En general, el turismo tiene ese impacto negativo. En las ciudades, por ejemplo, ese relato negativo se cuenta mucho más que en los pueblos. Gentrificación, masificación, alquileres por las nubes…

R. Hay mucho que hablar de este problema. Porque tenemos un problema. Con esa idealización y las casas rurales. Casas rurales donde no hay… Por ejemplo, a mí me interesa un turismo rural donde la gente conozca las razas autóctonas, consuma esos productos, fije población al territorio. ¿Qué población fija una casa en un pueblo? Nada. Me parece más interesante facilitar que la gente se quede en su pueblo y no montando hoteles rurales, sino pequeñas queserías e industrias. Trabajo, a fin de cuentas. Hay un montón de gente que tiene miles de ideas y está en el medio rural. Lo que necesitan son facilidades de la administración y no maltrato.

P. Entiendo. No obstante, hay bastantes estudios sobre el impacto positivo que ha tenido el turismo rural en la empleabilidad de la mujer en zonas rurales.

R. Yo ahí no te sé decir porque no estoy nada puesta en turismo rural.

P. ¿Cómo se fija a la gente en el medio rural?

R. Facilitando que se queden de verdad. Que los políticos y los de arriba nos ayuden. Que la gente se eduque un poco con el tema de las etiquetas. Yo nunca culpo a los consumidores, porque lo que no se conoce no se valora. Pero tú vas al Mercadona y ves Queso Mezcla. ¿Mezcla de qué? ¿De búfala y de burra? Si es que nuestros niños no saben de dónde viene la leche. No se facilita que haya pequeños productores.

Qué se va a facilitar si aquí la Junta de Andalucía, cuando fue lo de la PAC, y lo de coeficiente de admisibilidad de pactos, nos dijeron que debajo de las encinas y los alcornoques no había comida. Y Paco Casero se lo dijo: “¿Pero usted se ha comido un bocadillo sentado en un árbol? ¿Dónde están las cabras y las ovejas y las vacas comiendo?”. Pues eso son las leyes que salen del campo. Yo no digo que para hacerlas la gente tenga que ser del campo, pero digo “coño, infórmate, ve a hablar con ellos, tenlos en las mesas”. Es tan grande la desconexión que piensas que quieren que nos vayamos del campo. Es que Arias Cañete montó a los de Bruselas en un helicóptero y les enseñó el monocultivo intensivo de Jaén y les dijo que eso era el bosque de España. Es que eso ha pasado.

P. Y la campaña última de Susana Díaz de la Pac en femenino.

R. La Pac con artículo femenino, que es lo único que tiene en femenino. Pero es que el campo y la gente de los pueblos damos mucho juego para las campañas y para hacerte la foto.

P. Claro. ¿Ahora qué esperas los próximos meses? Tenemos además un Brexit en ciernes y que puede reventar el panorama.

R. Si te soy sincera, Juan, todavía no me he parado a pensar. (Se empieza a descojonar) No me he parado a pensar lo que nos espera y creo que estoy viviendo en el desconocimiento porque me da bastante miedo lo que puede pasar.

P. Volvemos a lo de antes. La crisis nos ha dejado con lo justo para vivir el presente. El futuro no se le promete a nadie.

R. Nos dedicamos a sobrevivir. Es fuerte. Hombre, que yo tengo un trabajo, pero que yo a fin de cuentas soy mileurista. La mitad de mi sueldo se va en pagar el alquiler y en vivir. Y es fuerte el golpe que te das. Estos días que he estado en Madrid o Barcelona y me he encontrado con gente de hace ocho o diez años, mis amigos del Erasmus, y ha sido duro. Porque nosotros hace diez años nos imaginábamos de otra forma. Éramos la generación que íbamos a estudiar y que nos íbamos a comer el mundo.

"La derecha se ha apropiado mucho del término familia"

¿Y qué tenemos? Precariedad y mierda por todos lados. Y se nos vende como que queremos vivir así y que nos gusta no salir de casa. Esos titulares tan horribles que sacan en inglés. Que si compartimos piso… Compartimos piso porque no tenemos otra manera de vivir. Y estamos todo el día conectados porque el trabajo te hace tener Whatsapp y tener que estar disponible todo el día. Pues, a lo mejor, nos están engañando un poco.

P. A lo mejor no. No lo dudes.

R. (Se ríe).

P. En el libro hablas de otro impacto. De lo bonito que fue para ti el último 8M, pero que tuvo la parte negativa que fue ver que en el medio rural…

R. Sí, bueno, ésa fue mi primera reacción. Yo podría haberme saltado esa parte en el libro pero quise contar cómo fue mi primera reacción para que la gente vea también que todos podemos caer en ese paternalismo, y nos pasa, incluso a la gente que estamos en el campo y somos de pueblo. Yo…

P. Vamos, la pregunta es más bien qué esperas de este 8M. Si esperas un mayor impulso.

R. Yo este año ya no espero. Es que ya lo estoy viendo. Tú entra en el perfil de Twitter del Ministerio de Agricultura este año. “Tiempo de mujeres. 8 de marzo”. El año pasado eso era impensable.

P. Ya, ya. Pero ahí con eso vuelvo a la pregunta que te he hecho en el vídeo de la instrumentalización. No es solo el del Ministerio de Agricultura, son los perfiles de todos los ministerios -al final el Gobierno los acabó retirando-.

R. Sí, pero ya se está haciendo algo y ya se está visibilizando y creo que eso también ayuda a que las mujeres salgan a la calle. Porque para salir hay que sentirte respaldada y reconocida. Esas poquitas que salieron en los pueblos… Al principio me enfadé, pero luego pensé “qué injusta has sido, María”. Que salir en un pueblo no es lo mismo que salir en Córdoba. Ni aunque sea una ciudad pequeña. Entonces, esas pocas que abrieron la vereda…

P. Claro. Es que un pueblo hablamos de valentía.

R. Y luego es que me parece muy simple esto que te venden de instrumentalizar el feminismo y que la gente no va a ir más allá y se va a quedar en la superficie. Yo creo que no.

P. Es verdad que este año hay una campaña en ciernes y, aunque por una parte, hay muchas esperanzas puestas en lo que ocurra este viernes, por otra parte me perturba que exista un confrontación al respecto. Lo digo enlazando con el acto que ha protagonizado Inés Arrimadas estos días hablando del feminismo liberal…

R. Mira, es que ni lo he visto. No he tenido tiempo. Pero creo que también… Porque estoy viendo lo de Vox que tienes en el cuaderno.

"Lo que echas en la cesta de la compra es un acto político"

P. Joder, qué vista de lince.

R. Es que le estamos dando mucho espacio a Vox y yo creo que de verdad no deberían de estar todos los medios cubriendo las cosas de Vox. Creo que les estamos dando mucha cobertura y estamos siendo muy injustos cuando decimos que son los cuatro paletos del campo los que votan a Vox. Cuando aquí en Andalucía, en todos los pueblos ya sabemos lo que hay, ¿no?

P. Bueno, en este caso yo niego la mayor. Yo sé quién ha votado a Vox en Córdoba porque hice un análisis barrio por barrio y sé que se les votó fuerte en El Brillante...

R. Pero estoy harta de ese trato de la masa obrera como si fueran analfabetos que no evolucionan y que se queda ahí.

P. Sé a lo que te refieres y tengo la impresión de que ese tipo de polémicas solo tienen lugar en Twitter y no en la vida real.

R. ¿Sí, verdad? Yo es verdad que es lo que veo en Twitter.

"Estamos muy desencantados en los pueblos con el turismo rural"

P. Mi novia no tiene Twitter y a ella esto que pasó con Errejón no le llega. La polémica fue en Twitter.

R. Me das esperanza.

P. Igual te digo que hay un 2, un 3 o un 5% que sí. No sé si es voto obrero, pero es gente que va a votar a Vox y que antes no lo hacían.

R. Pero eso no es significativo.

P. Lo sí es significativo es que voten. Que pudiendo optar por la abstención, se han ido a Vox.

R. Efectivamente. Y de ahí voy a eso. Yo, cuando estoy en el campo trabajando, tampoco existen estas conversaciones con mis ganaderos. Es otro mundo. Es que nos hemos creado un mundo paralelo en las redes que es lo que manda en la orden del día. Y yo me doy cuenta muchas veces cuando, por mi trabajo, dejo los móviles en el coche. Imagínate, un día seis horas ordeñando y haciendo ecografías y cuando llego ha habido una polémica a la que voy tarde. Y pienso: pues mira, tampoco me ha pasado nada. La vida sigue muy bien sin esas polémicas.

"Es muy injusto decir que son cuatro paletos del campo los que votan a Vox"

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