Un amor sin ataduras

Comparsa 'A que te enamoro'. | TONI BLANCO

El que es correspondido y el que no. El de verano y el que se forja con la fuerza, débil a veces, de la persistencia. El platónico, que casi siempre es utópico, y el flechazo. El imposible y el inevitable, el que un día nace y sólo con la muerte muere, el que florece intenso y sin embargo marchita pronto… El primero, ay el primero, y el inesperado… Todos son mágicos. Como el soñado, pues sobre todo lo es el imaginado; ése que es tan cierto como la mentira, tan real como la falsedad, cuando uno duerme; ése que levanta el cosquilleo de la bajada en una montaña rusa. Sobre todo el soñado, con frecuencia inalcanzable y en otras ocasiones un obsequio de la vida. También el que presenta la apariencia del deseo que bien pudiera parecer pasajero y sin embargo es golpe latente e inflamable -e inextinguible-. El irrompible y necesario con el transcurso de décadas y el apasionado. Todos son iguales y del mismo modo diferentes. Todos, del primero al último, y los que restan sin mencionar, duelen. De una u otra forma cada uno es la cárcel de un corazón que requiere de ese sentimiento para latir. Es el amor, que a todos hace prisioneros pero que en el Gran Teatro se puede vivir sin grilletes.

La palabra hermosa, la palabra maldita. Es el amor, esa aventura que no pocas veces es desventura. Una esperanza rota y de repente los raíles de una completa felicidad. Es el amor, que sobrevuela con poesía una plaza cualquiera de cualquier ciudad que en realidad no lo es. Pues no es una más sino la verdadera, la única. Porque a pesar de compartir su nombre, Córdoba sólo hay una. Y si crees que la mujer de tus antojos -y si eres ella el hombre que te ama hasta con los ojos- jamás te querrá, te equivocas de inicio a fin. Mañana si no hoy, siempre aparece. A la puerta del amor “no le digas que no, no la cierres, déjala siempre entreabierta”. En una plaza cualquiera de no cualquier ciudad… ‘A que te enamoro’. “Quiero ser el suspiro que entra por tu ventana”, canta el grupo que regresa después de dos años, después de ser ‘La primera’ que ahora es su taberna. Junto a la calle Pregoneros Fernandito Abad y Añete, que lo son en 2017. De un instante para el siguiente es irremediable: la Comparsa de Javi Lonene, con letra y música del propio Francisco Javier González Peñalver, y bajo dirección de José Pepín Carrillo Jiménez -que se conozca a los culpables en su totalidad- pellizca las aurículas, apuñala los ventrículos y deja boca abajo el estómago. Es, sí señor, el amor. El que brota en el Concurso de Agrupaciones Carnavalescas de Córdoba.

No trate de escapar nadie, porque nadie es ajeno a ese sentimiento que al igual que devora el alma la enriquece. La tercera sesión del certamen coplero cordobés deparó una noche de emociones inexpresables, y entre ellas la generada por la genialidad de Javi Lonene, que regresó en la noche de los retornos con un poderío incontenible. La música manó, las letras fueron geranio de mayo en el Alcázar Viejo. Y de gitanilla color tomó cada parte del repertorio de un autor añorado con un solo de año de ausencia. El poeta, uno de los muchos a los que dio luz esta ciudad que tan durmiente es que les deja en el escondite, volvió una comparsa delicada, bien conjuntada en música y voz y, sobre todo, galante. Se llamó y llama ‘A que te enamoro’, y no fue una pregunta sino una afirmación rotunda. El grupo dedicó su libreto a una Córdoba que en un instante -tan breve como la vida que uno no aprovecha, tan profundo como ese te quiero que se siente pero no se dice- fue verano apasionado, otoño romántico, invierno sensible y, muy especialmente, primavera de vida. Un Don Juan con sombrero cordobés en forma de corazón asaetado -por el amor- regaló un pase memorable en el que brilló, sin duda y por encima de todo, el flechazo perturbador y quebrantador por las calles de Santa Marina, de San Lorenzo o de la Judería. En definitiva, por esta ciudad.

Escapó del presidio del silencio Javi Lonene, cuya letra sólo puede ser comprendida si es escuchada. Porque Córdoba es cárcel de amor y encadena al que incluso es libre tanto como para explicar lo que piensa tal y como lo piensa. El público terminó en pie también, como hizo con ‘A qué te enamoras’, con ‘La cuerda’. La expectación era, en ambos casos, total en cada rincón del Gran Teatro para su vuelta. La de Pablo Castilla Valle, ante la butaca de su madre -y el ramo de flores que en su memoria lo presidió-, el creador de la ‘Fantasía gitana’ -primer premio de su modalidad en la primera de las ediciones del Concurso, en el Góngora entonces-. Su comparsa también retorno a la fiesta de Don Carnal a la que en 2014 pregonó. Pregonero fue del Carnaval sobre las tablas del principal espacio escénico este sábado con una propuesta estremecedora. Por los acordes de Rafael Montilla Chaparro, por las voces que conjuntó -veteranas y jóvenes en una inevitable renovación bien acometida- y por sus versos, esos que un día nacieron en el Campo de la Verdad. En su templo que es el de la generalidad de los carnavaleros apareció con ‘La cuerda’, de la que se liberó en menos de media hora. Sonó la Córdoba de febrero, la de ayer y la de hoy, la de mañana en el presente.

La Comparsa del Carburo apareció con un tipo de arlequín con grilletes, encadenado uno a otro, todos compañeros de un grupo que terminó como comenzó y comenzó como quiso terminar. “La libertad”… ‘La cuerda’ de esclavos surgió de la oscuridad del escenario para alumbrar a los que encierran a los ciudadanos: políticos que olvidaron su verdadera función, empresarios que sometieron y someten e Iustitia -diosa romana de la Justicia- más ciega que nunca. Estaban “hartos de reventar” por una sociedad que necesita despertar. “Aquí seguro que cada uno cargamos con nuestra condena”. La del Carnaval de Córdoba fue no contar, como hace hoy con otros, con la presencia de Pablo Castilla -y de Lonene-, que en 2011 dijo hasta pronto con ‘Los osados’. La magia cubrió el Gran Teatro -y todavía debe llegar más- con una puesta en escena y un repertorio enriquecedor. El primer ganador de comparsas de Córdoba agradeció en su primer pasodoble su designación como pregonero, pero sobre todo cantó a una fiesta que necesita de todos. En el segundo de la tanda lanzó una sobrecogedora versión del maltrato: el padre que defiende a su hija de ese hijo de… que la convierte en diana de golpes cobardes. “Y aunque pierda la vida, doy la mía por la de ella […] yo soy su padre, que la llevo en mi mente desde que era mi sangre”, advirtió al macho cabrío que le amorata la cara a la que antaño fuera su chiquilla del riesgo que corre si lo vuelve a hacer.

Y Córdoba, cárcel de amor, fue tierra de libertad de nuevo para Pablo Castilla. Pero no todo fue tan positivo en la noche del sábado en el Gran Teatro. Una nota negativa dejó la tercera función de preliminares del Concurso y ésa fue la desacertada decisión del Coro de Sevilla, que tan esperado era por el deseo de ver y oír a más de un grupo en esa modalidad, de ofrecer en Córdoba el mismo repertorio que en Cádiz. Si bien ‘Los del Río’ demostró un gran valor musical, descarriló en la letra. Porque cantó a la Tacita de plata en la Ciudad de los Califas… Sin cambiar ni una sola coma. Bienvenido será siempre cualquier formación a esta tierra, pero no de cualquiera manera. Córdoba no es Cádiz pero tampoco necesita serlo. Y punto final. Aun con coplas para Julio Pardo y la plaza de las Flores -que aquí es la Calle, o la Calleja-, el público acompañó a esta agrupación en su pase. Respeto dio cuando no lo recibió. Mucho antes, la cantera tomó una vez más la palabra -y eso siempre es bueno- con la chirigota infantil de Rafa Villarejo, Antonio Navajas Pelos y José Manuel Jiménez Quillo. ‘Los extraordinarios extraescolares’ abrieron una sesión intensa con buen ritmo, entretenido repertorio y gran representación. Niños que hacen de todo fuera del horario lectivo y que están un poco estresados. “Son dos años de venir a clase, para aprender el arte de ser un chirigotero”, cantaron los niños y niñas, que aprobaron con nota.

Tras ellos hizo acto de presencia la comparsa ‘Los hombres del bosque’, una especie de Robin Hood de las coplas que en absoluto desagradó. La comparsa de La Mosca de El Carpio regresó tras unos años al Gran Teatro para ofrecer un repertorio en el que sobresalieron los pasodobles: el primero dedicado a los pregoneros de este año, Fernandito Abad y Antonio Ramírez Añete, aunque sólo nombraron al primero; y el segundo sobre el cáncer de mama -maldita lacra el cáncer- y dedicado a una familiar de su autor, Francisco Javier López. Las risas brotaron con fuerza justo después de la mano de la chirigota de Palma del Río ‘Bigilansiah 24’, compuesta por una serie de marujas cotillas. Las mujeres, un poco chonis, divirtieron a un público que se enteró de que aquello de que su pueblo es más sevillano que cordobés de sentimiento no es cierto. El grupo de la Asociación Cultural Carnavalesca Manuel Carrillo defendió el Carnaval y a los carnavaleros en su primer pasodoble y demostraron que están al tanto del todo en un simpático popurrí. De chirigotas fue la cosa tras el paso del coro ‘Los del río’, los loros que creían volar otra vez sobre el Falla y se estamparon contra los muros del Gran Teatro de Córdoba -Puerta Tierra quedaba lejos-, con ‘Mira cómo va esa perra’, la nueva chirigota femenina de Antonio Navajas Pelos y José Manuel Jiménez Quillo. Estas chicas vivían agobiadas en una peluquería canina cuando iban para diseñadoras de moda y fragancias.

Lo que es la vida, bien se les pudiera decir a estas muchachas. Lo que es la vida que el destino quiso que los Castilla Valle regresaran el mismo día. Porque Rafalín también volvió con su chirigota tras un año de ausencia y de la mano, cómo no, de Rafael Salces Tomate. Y de Eduardo Lara Cabezón. Un gusto volver a verles en las tablas, esta vez vestidos de electricistas de El Vaticano con ‘Los iluminati del tomati’. Destacó en su repertorio el segundo pasodoble, que recordó una vez más que Carnaval y Semana Santa no deben estar reñidos. Ante las flores, y con otras ofrendadas sobre el escenario, en la butaca de Rosario Valle, su madre y la de Pablo, Carburo, cerró la función este grupo. Sensación fue este sábado una agrupación debutante en el Gran Teatro. Fue ésta la Chirigota de Los Nenes de Cañete de las Torres, que entretuvo de lo lindo en su pase. Un pase en el que, por cierto, fue mencionado este periódico.

Los estudiantes cañeteros de la Universidad de “Minnesota, caballo y rey” llegados desde 2298 viajaron atrás en el tiempo y en 2017 buscaron los resultados del Concurso de Agrupaciones Carnavalescas. Se les fastidió el WiFi y no se enteraron. Gran tanda de cuplés la de ‘Una chirigota con futuro’, con dos letras enlazadas. En la primera, contaron a un miembro del jurado, que antes les había dicho ser cordobesista, que el Córdoba en 2020 estará en Primera y que dos años después llegará a la final de la Copa del Rey, y tras alguno más ganará la primera de cinco ligas… “El Córdoba, el Córdoba pero de la Liga argentina”… No podía ser todo tan bonito. En el segundo vieron “chungo el futuro inmediato” del conjunto blanquiverde y prefirieron darle al integrante del jurado los signos de la Quiniela. Pero, ay, ay… “Está terminando el cuplé y todavía me quedan ocho resultados […] a ver si te lo curras con los puntos y te lo termino de decir en semifinales”. Entretenido viaje el suyo al pasado que en realidad es el presente, un presente que ojalá sea futuro. Pues el Carnaval ha de ser, como lo fue anoche, un amor sin ataduras.

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