¿Sabes lo que está pasando? Te lo digo nadando

Carlos Peña, atleta, aventurero y activista social, cruzará a nado y en solitario el río Guadalquivir para ayudar al Banco de Alimentos

Nunca había venido a Andalucía y ha considerado que había llegado el momento de hacerlo.¿Y por qué? Pues porque hace falta y porque nunca son suficientes las voces que reclaman un esfuerzo solidario para echar una mano a quienes más lo precisan. Ésa es la gasolina emocional de Carlos Peña, un tipo sencillo que un buen día decidió que tenía una misión que cumplir. Lleva ya veinte años encadenando arriesgadas aventuras deportivas para lanzar mensajes: desde la lucha contra la leucemia al apoyo a la investigación de enfermedades raras, pasando por la ayuda a los afectados por el huracán Mitch o el desastre nuclear de Chernobyl. O, como ahora, para dar un aldabonazo a la conciencia ciudadana y ayudar a la recogida de material en los bancos de alimentos de Córdoba, Cádiz y Sevilla. Esta vez ha elegido una hazaña emblemática: nadar en solitario los 270 kilómetros del río Guadalquivir, desde Córdoba hasta Sanlúcar de Barrameda, durante una semana que le exigirá un esfuerzo físico descomunal. Peña nada de espaldas y va de frente.

Rodeado de cámaras y micrófonos, de cajas de melocotones, cebollas y ajos, y flanqueado por el presidente del Banco de Alimentos Medina Azahara, Carlos Eslava, y el del Instituto Municipal de Deportes (IMDECO), Miguel Reina, el nadador de Tolosa ha explicado sus intenciones en los próximos días. Pasan por lanzarse al río Guadalquivir y recorrer, sin saber muy bien qué es lo que se puede encontrar en el camino, 270 kilómetros en ocho etapas. El punto de partida será Córdoba el día 4 de julio: 38,9 kilómetros hasta llegar a Posadas. Y a partir de ahí engarzar sesiones agotadoras -“las 9 o 10 horas no me las quita nadie”- hasta llegar a Sanlúcar de Barrameda. Irá haciendo escalas en Peñaflor, Lora del Río, Cantillana, Sevilla, Colonia de Alfonso XIII y Trebujena hasta concluir en Sanlúcar el día 11.

“No conozco este río y eso me hará estar siempre concentrado y alerta. Me gusta este reto. Es como cambiar el ir por una autopista a una carretera comarcal desconocida”, ha explicado el nadador vasco, que no considera que vaya a correr peligro. Ya ha nadado en otros ríos, mares, océanos, lagos, embalses, estrechos y bahías donde podía encontrarse tiburones, pirañas, olas gigantes... Peña sonrió tímidamente cuando alguien le habló sobre el riesgo de la iniciativa. Todo lo que pueda encontrarse en las aguas del Guadalquivir no será nada comparado con aquella travesía que realizó por el río Neretva, en Bosnia, en plena Guerra de los Balcanes en 1995. Lo hizo para pedir la paz en la región. “Me siento mejor cuando sé que mi esfuerzo puede servir para ayudar a alguien”, admite Peña, quien tiene en su expediente deportivo recorridos solidarios por el río Sella o los lagos Titicaca y Maracaibo.

“Yo intento hacer bien mi trabajo. Ya tengo ganas de empezar”, afirma el tolosarra, que dentro de 15 días cumplirá 49 años. Y su trabajo le exige una forma física excelente, que le cuesta “muchas horas de entrenamiento” y “llevar una vida sana y ordenada”. “Yo eso de salir de noche por ahí lo desconozco”, deja caer un hombre que es capaz de estar nadando de noche en el Lago Ness. Cada uno tiene su idea de la diversión, aunque lo de Carlos Peña no es exactamente eso. Lo suyo no se lo toma como un pasatiempo, sino como una misión de vida. “Yo hago mi parte y ellos (el Banco de Alimentos) hacen la suya”, dice a propósito de su labor en estas iniciativas solidarias. “Mi papel es servir como mensajero y altavoz de una necesidad social”, apunta. En esta Travesía a Nado en Solitario del Guadalquivir, la donación se podrá hacer en la sede de los bancos de alimentos de Córdoba, Sevilla y Cádiz, además de en los puntos de salida y llegada de cada una de las etapas. Peña tendrá el apoyo de Protección Civil, la Asociación Andaluza de Voluntarios y el Club de Piragüismo Triana durante toda la ruta.

Embutido en un traje de neopreno, con unas pequeñas aletas de metacrilato y un caudal inagotable de fuerza de voluntad, Carlos Peña se ha convertido en un símbolo del activismo a través del deporte. Corredor de fondo en sus años de juventud, sufrió una grave lesión que le llevó a estar más de un año sin actividad. El agua le sirvió como elemento para la rehabilitación física, pero también como reactivador de su conciencia social. “Allí en el norte, en Tolosa, pensé en seguir corriendo pero esta vez en otra superficie. En el 89 planteamos una travesía a nado desde Logroño hasta Zaragoza. Ni siquiera era un buen nadador, pero hice la prueba de espaldas y cogí ese estilo”, recuerda. Y ahí sigue. Si ven a un señor nadando de espaldas por el Guadalquivir en los próximos días no se asusten. No está loco. Sólo quiere decirles algo: que la gente necesita ayuda para comer. Y se lo dice nadando.

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