Jesús León, la eterna promesa

Jesús León | PEPE FARRUQO

Quién se lo iba a decir a él aquella tarde de junio. Qué felicidad, qué éxtasis, qué triunfo, qué todo. En veintidós meses, Jesús León ha pasado de mesías a charlatán, de empresario a “mal tendero”, como le ha llamado en alguna ocasión de modo despectivo su antaño aliado y luego antagonista, Carlos González, quien se relame de gusto tras el desenlace de una batalla que aún no ha concluido. El tinerfeño no volverá jamás a ser presidente. “En esta ciudad no me quieren”, dijo el otro día en la Ciudad de la Justicia ante los micrófonos de los periodistas. “El dueño del Córdoba es su afición; yo solo sería el propietario de la empresa que lo gestiona”, dijo con forzada modestia. Todo apunta a que volverá a ser un hombre clave en el porvenir de un club atribulado, sin modelo y sin patrón. Y, sobre todo, sin un euro. Tieso. Así se bautizó a sí mismo en una de sus alocadas comparecencias ante la prensa León, que ahora vive sus horas más bajas. Ya no tiene dónde apoyarse ni altavoces para sus delirantes teorías conspiranoicas. Todos eran muy malos. Entrenas, Oliver, González, la prensa, Tebas... La Guardia Civil, también. Sus promesas han sido tantas que se ha roto el saco y han terminado desparramadas por el suelo. Es probable que jamás regrese ya al palco de El Arcángel.

En junio de 2018, Jesús León era aclamado después de que el Córdoba machacara al Sporting de Gijón (3-0) para sellar una milagrosa permanencia en Segunda División. El montoreño salía en las fotos besando a Sandoval, el entrenador del milagro. El otro artífice en el despacho era Luis Oliver, un profesional de lo suyo que no tardó en lanzar en los vestuarios, entre champán y confetti, planes de futuro que ilusionaran a una afición proclive a creérselo todo. El cordobesismo vive en una perpetua adolescencia: es chillón y rebelde, tiene dificultades para aceptarse a sí mismo y lo protesta todo.

León era un presidente feliz, un hombre de éxito que había conseguido salvar a un Córdoba que parecía condenado a despeñarse a la Segunda B. Su corte de aduladores era legión. Pegaba abrazos a diestro y siniestro, alentado por el batallón de enemigos avinagrados que había dejado la etapa de González, el hombre bajo cuyo mandato -siempre rodeado de polémicas- logró la entidad blanquiverde un ascenso a Primera División tras 42 años. Luego descendió en nada. Y al curso siguiente rozó el retorno -lo noqueó en la prórroga el Girona en Montilivi en los play offs- y se dijo que aquello era un fracaso. Después todo fue a peor. Fracasar, desde luego, era otra cosa.

Este jueves 7 de noviembre, el empresario fue detenido por la Guardia Civil tras más de cinco horas de registros en las oficinas del club y las de la Fundación CCF -que preside su esposa, Isabel Madueño-, ambas enclavadas en el estadio El Arcángel, y en el propio domicilio particular de un dirigente caído en desgracia. Le acusan de presuntos delitos de administración desleal, apropiación indebida, corrupción y blanqueo de capitales. No es tema de broma.

Jesús León López (Montoro, Córdoba, 1978) es ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. Se fue de su pueblo a Madrid con 18 años, se licenció con 23 y con apenas 27 años ya era director en Cataluña de Sacyr, de donde saltó a Abengoa. Desde 2009 comienza a realizar inversiones ligadas, generalmente, a la compra de empresas que atraviesan dificultades económicas. Su adquisición estrella fue Grucal, una constructora a la que cambió el domicilio social para trasladarla a Córdoba, su tierra.

El fútbol le empezó a interesar en 2013, cuando su nombre sonó como posible comprador del paquete accionarial de Carlos González en el Córdoba. Pero terminó en el Sevilla FC, después de adquirir un porcentaje de acciones a José María Del Nido. Fue consejero del club de Nervión en una etapa de esplendor deportivo y se marchó en 2015, volviendo a revender sus acciones a Del Nido.

“Lo del Sevilla lo hice exclusivamente como una mera operación mercantil, pura y dura. Si no hubiera pasado por el Sevilla, igual no hubiera estado en posición de adquirir el Córdoba. Aprendí cómo se mueve el fútbol en su versión más extrema y más fea. Vi la peor parte de lo que puede representar el fútbol en lo institucional. Aprendí mucho. Y quizá no sea a veces bueno aprender tanto”, relataba en una entrevista con CORDÓPOLIS, en la que subrayó que creía en “el trabajo, las matemáticas y el karma”.

Entonces volvió a mirar a Córdoba, donde planeaba convertirse en dueño del club de fútbol y construir una Ciudad Deportiva. En enero de 2018 compró a Carlos González el 98'7 de las acciones del Córdoba por 9'5 millones de euros. No terminó de pagarlos y la propiedad se está dirimiendo en los juzgados. Sus propósitos ambiciosos se difuminaron pronto, sepultados por la mala marcha deportiva y la descapitalización de la plantilla. Vendió a todos los futbolistas por los que alguien fuera capaz de pagar, desde Guardiola -posiblemente la gestión de traspaso más nefasta de la historia del club- a Andresito, pasando por Galán, Jovanovic o Aguado. Los mejores se iban y llegaban repuestos de saldo, con el salario mínimo y corto recorrido. “No me daré por vencido hasta llevar al Córdoba a Primera”, dijo en sus días de mayor gloria. En menos de dos años, la escuadra blanquiverde ha terminado en la zona mediana del grupo IV de Segunda B.

Un descenso de categoría del Córdoba tras doce años en el mapa del fútbol profesional supone la mayor mancha en la gestión deportiva de Jesús León, que nunca consiguió armar un proyecto de garantías. Su principal apoyo a su llegada a la entidad andaluza fue Luis Oliver, que pilotó una operación de fichajes en el mercado invernal de la campaña 17-18 para relanzar a un Córdoba al que muchos daban por descendido. Con José Ramón Sandoval al frente del banquillo y el tristemente fallecido José Antonio Reyes como ídolo en el campo, el Córdoba protagonizó el mejor final de Liga de su vida para sumar 32 puntos en 16 jornadas y salvar su plaza en Segunda.

Desde ese momento, el desmoronamiento del club ha sido absoluto. Han pasado directores deportivos como Oliver, Rafael Berges o Alfonso Serrano y hasta siete entrenadores en menos de dos años. A Sandoval lo descartó tras la salvación y lo volvió a contratar unos meses después tras la dimisión en verano de Francisco. Los jugadores no cobraban, el club tenía bloqueados los derechos federativos y la campaña 18-19 fue una cadena de desastres que concluyó con el descenso a Segunda B.

El embargo de los ingresos por parte de los acreedores, la acumulación de procesos judiciales y las deudas -los jugadores se plantaron esta semana denunciando dos meses de impagos- erosionaron la figura de Jesús León, que lleva más de cinco meses desaparecido de la escena pública. Al palco de El Arcángel no asiste porque fue sancionado con cuatro partidos por insultos y amenazas a un árbitro en Algeciras. La aparición de la Guardia Civil en El Arcángel para registrar las oficinas y su detención son el capítulo final a una caída vertiginosa del joven empresario cordobés que quiso hacer grande al club de su tierra y ha terminado dejándolo en una situación crítica. Iba para leyenda y se quedó en meme.

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