Gaspar Gálvez, el ex capitán que espera en Miranda de Ebro

Gaspar en un partido de la pasada campaña con el Córdoba FOTO: MADERO CUBERO
Tras defender la elástica del Córdoba durante cinco campañas, el central vivirá el duelo del domingo con el Mirandés desde el bando rival, en que no termina de lograr un hueco en el once

Una semana más, el Córdoba se encontrará en el camino con futbolistas que antes vistieron su camiseta. Es algo habitual. De hecho, en la presente campaña rara fue la semana en que no sucedió. Son muchos los ex blanquiverdes que hay repartidos por la geografía de Segunda y Miranda de Ebro no es una excepción. Por tierras burgalesas se encuentra, por ejemplo, Íñigo Díaz de Cerio, que apenas dejó huella en El Arcángel. El delantero vasco anotó dos goles en la temporada 2010-11, en la que sólo militó en el cuadro califal la primera parte del curso. Está claro que hay casos más especiales que otros. En este sentido, la diferencia se halla en el otro “viejo conocido” que en la actualidad forma parte del Mirandés. Se trata de Gaspar Gálvez, que pasó los últimos cinco años a orillas de Guadalquivir y que portó el brazalete de capitán en un buen puñado de partidos. Este domingo espera al que fuera su equipo desde el bando rival. Otra cosa es si participará del duelo o no.

Porque la aventura de Gaspar en tierras mirandesas no termina de ser todo lo positiva que quizá deseara. El central no acaba de lograr un puesto en el once del conjunto rojillo, con el que ha participado en cinco encuentros de Liga, todos ellos como titular, eso sí. En total, son 420 minutos los que suma con la elástica del equipo que dirige en la actualidad Gonzalo Arconada, que comenzó el campeonato con unos magníficos números pero que en este momento atraviesa una situación quizá más previsible. El cuadro mirandés llegó a ser líder de plata en la cuarta jornada al cosechar diez puntos de los 12 que había en juego. Ahora, ocupa la decimocuarta plaza con 18 -sólo ocho puntos ha sumado en las diez últimas fechas-. El reto del zaguero cordobés cambia muy mucho respecto del que asumió en su última etapa en la escuadra blanquiverde, con la que luchó por el ascenso a Primera en la campaña 2011-12.

Cambian las metas como lo hace el destino. El de Gaspar, cuyo segundo apellido es curiosamente Burgos, la provincia en que juega sus partidos como local, lo hizo el pasado verano. Fue entonces cuando se ponía fin a un recorrido con el Córdoba y que tuvo tantas alegrías como piedras en el camino. Quizá la mayor fue con la que tropezó en la temporada 2010-11, cuando sufrió una grave lesión que le mantuvo en el dique seco más de siete meses. Sólo pudo jugar un partido en aquel curso, cifra muy alejada de lo que fue su normal participación con el conjunto blanquiverde. La titularidad fue suya en otras tres campañas y la pasada, en que apenas superó los diez encuentros, logró sobrepasar la línea de los cien duelos oficiales con la escuadra califal. Hasta en 111 ocasiones defendió la camiseta del Córdoba, buena parte de ellas como capitán. Y después de tantas experiencias vividas, hace sólo unos meses le tocó hacer las maletas para buscar un nuevo rumbo.

Sobrevivió a los días más convulsos de los últimos tiempos, con un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) en que se vio incluido, pero cuando parecía que más fácil lo tenía para continuar, el Córdoba decidió no contar con sus servicios. Se ponía fin a su trayectoria en el conjunto blanquiverde, al que llegó en la temporada 2008-09, con un recorrido profesional a sus espaldas mucho más que destacable. Muchas fueron las campañas que disputó en la élite, con Atlético de Madrid, Oviedo, Valladolid, Albacete y Alavés. Precisamente regresó a su ciudad natal procedente del cuadro vitoriano, con el que también jugó en Segunda -como con el Atlético-. Venía precedido por sus buenos guarismos y el central criado en el Séneca no defraudó, en la mayor de las ocasiones, en el que este domingo será su rival y con el que tocó con los dedos el sueño de saborear un anhelado ascenso a la máxima categoría del fútbol español que por estos lares tarda en producirse más de 40 años.

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