Ecos de Tokio: casi un siglo de olimpismo con sello cordobés (III)

Rafa Muñoz, tras una prueba.

Atrás queda el siglo XX. Una nueva centuria comienza. También para el mayor evento internacional del deporte. El recorrido de éste continúa, por primera vez, en el milenio actual -que también es nuevo- en 2004. Lo hace de manera especial pues la sede es la misma que alumbrara la modernidad de la cita. Para conmemorar la efeméride es Atenas la ciudad que alberga de nuevo los Juegos Olímpicos, con una edición en que Córdoba no sólo vuelve a estar presente sino a aportar metal a España. Porque la obtención de trofeos es ya costumbre, cada vez más celebrada en la provincia desde la lejanía -y con un calor creciente en período estival-. Dicho hábito se mantiene desde que Rafa Berges, como miembro -titular indiscutible- de la Quinta del Cobi, abriera una senda que también continuara después Rafa Balita Lozano. Conseguida la primera presea en Barcelona 92’, la satisfacción perdura a partir de la edición griega gracias a Juan Antonio Jiménez Cobo.

Fue, en efecto, este último quien logró subir al podio en Atenas en representación de la provincia. El jinete natural de Castro del Río ya sabía lo que era competir en una cita de esta envergadura, ya que participó en Sidney 2000. De hecho, en Australia se hizo con un diploma con el equipo de doma clásica. En dicha disciplina repitió en Grecia, a lomos de Guizo para colgarse una plata histórica, por ser la primera de la modalidad de España, por conjuntos. En el plano individual concluyó décimo. Jiménez Cobo dio continuidad a la consecución de metales en unos Juegos Olímpicos que contaron con hasta cuatro deportistas una vez más. En Atenas estuvieron también, por ejemplo, Edu Aguilar y Víctor Sojo, que terminaron muy cerca del podio. Los pontanos, ambos canteranos del Estudiantes 87 de su localidad natal, concluyeron cuartos -y recibieron diplomas, por tanto- con la selección de hockey sobre hierba. Del mismo modo, Grecia asistió al estreno en este tipo de eventos de Felipe Reyes, el más laureado de todos los representantes cordobeses.

Con el pívot, hermano menor de un Alfonso Reyes que también conoció la sensación de disputar unos Juegos Olímpicos, es posible enlazar con la siguiente edición. Pero antes habría que señalar que en Atenas no tuvo opción de alcanzar metal con España al caer la selección en cuartos de final ante Estados Unidos (102-94). Eso, después de ganar los cinco encuentros de su grupo. Pero Felipe Reyes pudo resarcirse a base de bien con posterioridad. De entrada con una plata en la vuelta del evento a Asia, ya en 2008. Ocurrió en Pekín, donde tuvo ocasión de repetir Víctor Sojo. Y esta vez con un éxito aún mayor que el cuarto puesto conseguido junto a Edu Aguilar. El pontano subió también al segundo cajón del podio con el combinado nacional de hockey sobre hierba en China. La presencia cordobesa no terminó, esa vez, en los dos deportistas citados pues en la expedición provincial estuvo además Rafa Muñoz. El Torpedo, el canterano más brillante del Navial y artífice de uno de los más relevantes récords de la natación, no tuvo suerte y acabó trigésimo -sin pase a semifinales- en 100 mariposa.

La provincia, su deporte, atravesaba su etapa más dorada a nivel olímpico. Lo que se prolongó también en 2012, en unos Juegos que se escaparon a Madrid después de un desacertado comentario de Alberto de Mónaco sobre los atentados del 11 de marzo de 2004. Finalmente, la edición de aquel año se disputó en Londres, que por desgracia sufrió un ataque terrorista poco después de ser designada como sede. Más allá de tal asunto, a Inglaterra se desplazaron hasta cuatro representantes de Córdoba -una vez más-. Sólo uno pudo subir al podio y fue, precisamente, Felipe Reyes. El pívot era ya uno de los referentes del mejor equipo nacional de baloncesto de todos los tiempos.

De ello dio cuenta en las canchas británicas, en las que se hizo con otra plata junto a otros muchos jugadores inolvidables. Muy cerca estuvieron de obtener recompensa a su gran trabajo las dos figuras femeninas más importantes del panorama cordobés -a nivel nacional e internacional- de la época reciente. La que más opciones tuvo, porque de hecho acarició el metal, fue Lourdes Mohedano. Con el conjunto español de rítmica -gimnasia, se entiende- se coló en la final de la disciplina y cerró una gran actuación. La peñarriblense tenía entonces 17 años y sintió la amargura de no lograr presea por tan poquísimo. El Spanish Group, que así se les conoció más adelante, fue cuarto y hubo de conformarse -y no es poco- con un diploma-.

También tuvo su reconocimiento Fátima Gálvez. La tiradora de Baena ganó su plaza en Londres de manera brillante, como suele ser costumbre en ella. En Inglaterra tuvo una muy buena participación, que sin embargo resultó insuficiente, por muy poco, para subir al podio. Finalizó en quinta posición en su modalidad de foso olímpico -dentro de la disciplina de tiro-. Peor suerte corrió sin embargo el mejor palista cordobés de todos los tiempos. Jugador del Cajasur Priego, natural precisamente de dicha localidad, a los Juegos Olímpicos de 2012 fue Carlos Machado con la ilusión de pasar eliminatorias y aspirar a una posición interesante. No pudo hacerlo al caer en la primera ronda ante el nigeriano Quadri Aruna, entonces un desconocido y hoy uno de los más destacados jugadores de tenis de mesa del mundo. Cedió por 2-4 en un partido un tanto polémico por el comportamiento del africano: en cada golpe lanzaba un alarido, que bien pudo ser distracción para su rival.

Con Londres en el recuerdo, llegó de nuevo la hora de cruzar el charco. Sucedió hace ahora cuatro años para celebrar los últimos Juegos Olímpicos hasta la fecha, dado el aplazamiento de Tokio 2020 por la pandemia de Covid-19. Y fue para ir a Brasil, donde Lourdes Mohedano se quitó la espinita clavada en Inglaterra y se alzó con una presea de plata que fue la primera por conjuntos de la rítmica española desde Atlanta 96’. La sensación que dejó la competición es que el oro debió ser para el Spanish Group. La de Peñarroya se convirtió además en la primera medallista de Córdoba. Historia escribió también Felipe Reyes, que se convirtió en el único deportista de la provincia en tener hasta tres metales: en Río de Janeiro, que es donde se disputó la edición de 2016, se hizo un bronce.

Fátima Gálvez, sin embargo, se volvió a quedar con la miel en los labios. Después de acabar quinta cuatro años antes, la medalla se le resistió de nuevo de manera apuradísima. La baenense acabó cuarta en su disciplina en una final en la que hasta el último momento tuvo colocación de podio. Mientras, peor suerte corrió Julia Figueroa en judo. La deportista afincada en Valencia debutaba en una cita de este tipo como una de las aspirantes a metal. Pero todo fue mal desde el principio, ya que poco antes de arrancar la competición tuvo que perder un kilogramo y medio para entrar en el peso de 48. Ya en el tatami, cedió ante la cubana Dayaris Mestre en su primer combate -en octavos de final-. También podría incluirse, por cierto, el nombre de Azahara Muñoz, que aunque malagueña tiene vinculación con Doña Mencía. Ella finalizó vigésimo primera en la competición femenina de golf.

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