La crisis de Berges

El Córdoba regresa mañana al trabajo con la mente puesta en la victoria ante el Sabadell, próximo rival liguero

Berges vuelve a verse inmerso en una crisis. El míster blanquiverde lleva toda la campaña mordiéndose los dientes dejando caer sólo con sutilezas y en contadas ocasiones que la gestión del vestuario le está resultado algo más que una empresa complicada. El técnico, que tiene que lidiar con la carencias deportivas del plantel pese a que maneja a un montante de jugadores competitivos, parece estar a punto de explotar.

Analizando la trayectoria del míster, al margen de las comparaciones con Jémez, el técnico de Las Margaritas ha tenido que soportar desde el comienzo de temporada desavenencias dentro del vestuario que su antecesor no sufrió de igual manera. Nadie dijo que gestionar a un grupo de jugadores fuese menester fácil, pero menos, si cabe, cuando ya desde el arranque de la campaña la implicación de unos y otros no es la misma.

Todo se remota al período donde la directiva comenzó a llevar a cabo renovaciones a largo plazo y casi sin lógica. No está mal que se quiera ampliar contrato a jugadores importantes, pero no parece una decisión acertada hacerlo cuando aún queda pendiente el mismo trámite con jugadores que, por méritos y vinculación al sentimiento blanquiverde, aún tienen pendiente su futuro.

En esas ya se comenzó a desmebrar el grupo. Por la misma, algunos de los integrantes vieron cómo poco a poco y sobre el césped su porcentaje de participación se redujo. En esas, comenzaron a llevarse acciones con cariz de bufonada que poco ayudaron a la unión interna y que contribuyeron al despiste generalizado.

En esas, se quitaron de un plumazo a los últimos rescoldos de la era pretérita para dar paso a un nuevo ciclo de gestión donde la presencia cordobesista se minorizó. En esas, el Córdoba acabó jugando con un equipo sin compromiso donde las figuras se apagan por contagio. Porque el Córdoba de ayer, con un único cordobés sobre el césped en el arranque (Fede Vico), tiró por tierra algo más importante que un partido. Tiro por tierra la credibilidad de un vestuario.

¿A cuento de qué se advierte durante la última semana que el vestuario es un piña? ¿Alguien se lo cree después de lo de ayer? La sensación es que ahí dentro (del vestuario) ocurre algo que, de momento, no trasciende y que supera al propio míster. Esa es la principal crisis que tiene que gestionar el entrenador.

Que sea o no capaz, no va a depender sólo de él. El Córdoba regresa mañana al trabajo con la mente puesta en una victoria que vuelva a contentar a la parroquia y que de algo de aliento para lo que a fecha de hoy parece una quimera. Porque el play off está más lejos de lo que parece, aunque sólo esté a siete puntos.

Berges tiene la obligación de resolver aquello que no se explica. Tiene el deber de ser franco consigomismo y apretar los machos a los que están dejando de serlo. La plantilla no es una piña y no lo va a volver a ser. Para eso, la gestión deportiva y extradeportiva tendría que rehacerse. Y eso no es sólo cuestión del técnico.

Semana Santa complicada. Semana dura. Sólo hay un camino. Ojalá que no se siga torciendo, aunque todo pinta cada vez peor... Que le pregunten a Juan Luna, Carlos Hita y otros tantos ex empleados del club. ¿Quién será el siguiente en salir? Lo dicho, la crisis de Berges. A ver si es capaz de resolverla.

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