¿En qué se está convirtiendo el Córdoba de Djukic?

Los jugadores blanquiverdes festejan su gol ante un abatido Casillas | ÁLVARO CARMONA
La 'reforma express' en el once y el cambio de estilo colocan a los blanquiverdes en la senda de la permanencia | La mano del entrenador serbio saca al equipo de su laberinto

Esto no es lo que era. Ante el Real Madrid quedó clara una evidencia: el Córdoba no sólo no es menos que nadie sino que es más que muchos. “Tenemos que creérnoslo”, dijo Miroslav Djukic, a quien no le importa en absoluto resultar reiterativo. De hecho, su trabajo en el Córdoba es de pico y pala. Aún no ha terminado, pero las obras tienen buena pinta. La primera derrota del año tuvo para los blanquiverdes un contrapunto de orgullo. La afición despidió en pie a su equipo, cantando como nunca en El Arcángel, mientras las estrellas del Real Madrid se retiraban cabizbajas, resoplando con alivio después de haber agarrado los tres puntos gracias a un penalti a falta de dos minutos. Los de Ancelotti despacharon una actuación cochambrosa y su icono, Cristiano Ronaldo, ofreció su versión más repudiable: se fue expulsado tras patear a Edimar y se mofó de la grada tocándose el escudo mientras se iba a la caseta. Todo el mundo se preguntaba qué le había pasado al Real Madrid, pero la respuesta se escribía en blanco y verde. Djukic y los suyos ofrecieron una de esas actuaciones que, al margen del resultado, exponen una buena lección moral.

El Córdoba ha iniciado la segunda vuelta y está fuera de los puestos de descenso. Salió de ellos por su propio pie y esa sensación de trabajo bien hecho limpió la mente de su atormentados jugadores. Un puñado de buenos resultados y la reconciliación con su afición han hecho el resto. Djukic ha dado con la tecla. Ahora hace falta componer la melodía.

¿Cuáles son las claves de la transformación? En primer lugar, la determinación de Djukic para abordar cambios en el once. Ha encontrado a hombres importantes como Crespo y Deivid, que le están dando un excelente rendimiento en el eje de la defensa y el pivote, y ha apañado del mejor modo posible los boquetes en los flancos de la defensa. En la derecha encontró a Campababal y exprimió a Gunino, que pese a su incierta situación -está en la rampa de salida- ofreció una lección de profesionalidad ante el Madrid; en la zurda le dio la camiseta de titular a Edimar, reclutado desde el Chievo Verona en este mercado de invierno. También recién llegado está Bebé, un jugador ansioso por rehabilitarse. Llegó de no jugar nada en el Benfica y sólo ha necesitado un par de partidos vistosos para transformarse en un ídolo. Aunque si se trata de situar a alguien en un pedestal hay que mirar a Florin Andone, un chaval de 21 años que ha saltado del filial a la titularidad: de Segunda B a Primera sin pasar por segunda. El rumano vive deprisa.

Djukic ha abordado modificaciones en la línea de vanguardia. Ante el Éibar, en un partido exigente, dispuso sobre el campo a Ghilas, Bebé, Fede Cartabia y Florin Andone. El argelino, máximo goleador del equipo, arranca ahora desde la banda derecha, dejando la opuesta para Bebé. Florin es el más avanzado y Fede Cartabia se sitúa en la media punta, con mucha libertad de movimiento. El argentino recibió un toque de atención del técnico serbio y se ha puesto las pilas. El interés que varios clubes de la Premier están mostrando sobre él le ha servido para motivarse. Carlos González se ha apresurado para disipar los rumores que hablaban de un adiós en esta semana del 10 blanquiverde. “Fede no se va a ir ahora”, dijo el presidente. El experimento funcionó y Djukic alineó a este cuarteto ofensivo ante el Madrid. No fue mal la cosa: todos tuvieron al menos una clara oportunidad para batir a Iker Casillas.

El Córdoba ha tomado un buen raíl. Su trayectoria ofrece un nivel creciente y da la impresión de que lo peor ya pasó: arrancó con trece partidos sin ganar y fue colista en solitario. Se peleó con su afición y se ha reconciliado. Cambió de entrenador y la medida está teniendo efecto. No hay equipo que haya perdido menos partidos que él en toda la segunda mitad de la tabla. De hecho, su camino guarda una lógica. Ha perdido sus ocho partidos ante los siete primeros clasificados; ninguno por debajo de esa franja -los puestos de Champions y Europa League- ha logrado vencerle. Ya saben, los de “su liga” y los de la “liga de los otros”. Al final, y hasta ahora, el tópico de las etiquetas está siendo verdad.

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