La ciencia del 11 contra 11: el corazón del fútbol

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El uso del pulsómetro se ha generalizado entre los deportistas. El gadget que mide la frecuencia cardíaca se ha hecho imprescindible. Cuando los jugadores comienzan un entrenamiento o un partido de fútbol, la frecuencia cardíaca varía rápidamente en proporción con la intensidad de la actividad. Una cinta transmisora, colocada alrededor del pecho a la altura del esternón, detecta la señal eléctrica que se origina en el corazón y envía una señal electromagnética a una unidad receptora que capta la información.

La banda pectoral monitoriza las pulsaciones por minuto (ppm) y las transmite al receptor gracias a los electrodos humedecidos que se encuentran en contacto con la piel. La frecuencia cardíaca media de los jugadores de fútbol puede ser superior a 140 ppm, con picos de 170-190 ppm, según el puesto de cada jugador. Cuanto más intenso sea el ejercicio que realice el jugador, más oxígeno necesitarán los músculos y, por tanto, más trabajará el corazón.

Si los jugadores mejoran su condición física, el corazón no tiene que latir de manera tan frecuente para enviar el oxígeno necesario a los músculos. Los jugadores suelen medir su frecuencia cardíaca para mejorar su rendimiento y así maximizar los beneficios del ejercicio que realizan durante los partidos.

El control de la frecuencia cardíaca es fundamental para prevenir patologías. La más preocupante es la muerte súbita en el caso de futbolistas jóvenes. En Italia es del 50%, mientras que en España son el ciclismo y el fútbol las de mayor riesgo de muerte súbita.

La infografía adjunta es la séptima entrega del estudio de la Unidad de Cultura Científica y de la Innovación de la Universidad de Córdoba. El proyecto está incluido en el IV Plan Anual de Divulgación Científica de la Universidad cordobesa y cuenta con la colaboración de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología del Ministerio de Economía, Industria y Competitividad.

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