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Cien latidos blanquiverdes de Fernández

Fernández, con su familia en el césped de El Arcángel tras golear al Sporting | ÁLEX GALLEGOS

Rafael Ávalos

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La del sábado es una noche como pocas. A pesar de que el logro fuera una salvación. Esta vez, la permanencia significa mucho más. Por el punto de partida y por el camino recorrido. Lo cierto es que El Arcángel vibró gracias a un Córdoba que completaba un trayecto muy duro con un final memorable. El conjunto blanquiverde hizo real lo que no hace mucho parecía imposible. Y lo consiguió con un juego vistoso y una goleada a un histórico y aspirante al ascenso, un Sporting que acabó noqueado sin poderlo evitar. Fue un día para recordar, que encima tuvo un aspecto que lo convertía en todavía más especial para uno de los héroes en el césped. José Manuel Fernández, un hombre de la casa en el curso de su retorno, cumplía cien encuentros oficiales con la elástica del cuadro califal. Probablemente jamás habría soñado alcanzar este aniversario en una jornada tan intensa como ésta. Pero sucedió.

El lateral es parte de una hornada brillante en la que destacaron Javi Hervás y Juan Rafael Fuentes. El primero fue el único que no terminó de encontrar su sitio tras una campaña sobresaliente con el Córdoba de Paco Jémez -curso 2011-12, con play off a Primera-. Sin embargo, el salto al primer equipo del canterano fue casi casual. Debido a las circunstancias, aunque con la decisión firme del entrenador califal entonces, tuvo Fernández la ocasión de debutar con el principal conjunto de la entidad. Fue el 21 de diciembre de 2010 y tenía 21 años. El conjunto blanquiverde recibía al Deportivo en la ida de los octavos de Copa, con dos hombres en el puesto que hoy ocupa: De Coz y Gerardo. El segundo fue el elegido por Lucas Alcaraz, que mandaba en el banquillo, para jugar en el flanco diestro de la zaga. El ahora capitán esperaba su turno. Una lesión en el minuto 42 del veterano futbolista le abrió la puerta del estreno. Y trató de aprovecharla.

Aquella temporada 2010-11, tras el duelo con los coruñeses, el canterano disputó sus primeros diez partidos oficiales con el primer equipo. La eclosión llegó en la campaña 2011-12, de la mano de Paco Jémez. Entonces se convirtió para el técnico en pieza fija dentro de sus esquemas: jugó 39 choques entre Liga (en Segunda A), play off y Copa. Fue la temporada en que Fuentes y Javi Hervás le acompañaron en la muestra del potencial de la base del Córdoba, que también estuvo representada por un jovencísimo Fede Vico. Todos acariciaron un ascenso histórico a Primera que un par de años después disfrutarían Fran Cruz y Bernardo. En el siguiente curso, Fernández mantuvo su rol de jugador importante en el vestuario con Rafa Berges en el banquillo. Pero en enero llegó el fin de ciclo. El Zaragoza, en Primera, apostó por él y Carlos González no dudó en aceptar la oferta que le hicieron desde La Romareda. Se marchó en enero de 2013 después de pisar el verde con la escuadra califal en 21 choques (16 de Liga y cinco de Copa).

Fue precisamente su venta lo que impidió que Fernández alcanzara los cien partidos oficiales con el Córdoba entre los 23 y 24 años y no con los 28 que ahora tiene. Pasó dos temporadas y media en el Zaragoza, donde obtuvo peso específico y vio escapar un ascenso en Las Palmas -donde el club donde creció había vuelto a la élite un año antes-. Después firmó con el Oviedo cuando ya la entidad blanquiverde quería volver a contar con sus servicios. Tuvo que esperar dos campañas y un puñado de mercados para regresar. Su fichaje, que suponía el retorno al hogar y el cumplimiento de un deseo compartido -por él y por el cuadro califal, aún dirigido por los González-, se rubricó el pasado verano. Como era de esperar, fue hombre básico para todos los entrenadores. Aunque su rendimiento estuvo por debajo de lo previsto, a la altura en realidad del resto del equipo. Una fuerte entrada de Luismi en la visita del Valladolid a El Arcángel -en el choque en que la remontada comenzó- le provocó una lesión de varias semanas.

Tras el golpe sufrido ante los pucelanos, Sandoval confió en Loureiro. El gallego era futbolista casi olvidado en el vestuario tras el paso de Carrión, Merino y Romero. Pero el técnico madrileño le ayudó a destaparse. Fernández perdió el puesto. Sin embargo, habría de recuperarlo. Fue en Vallecas, cuando el milagro parecía esfumarse. Ese día el de Humanes le devolvió al once inicial, con el brazalete de capitán además. Aquella tarde, con el conjunto cordobesista por debajo en el marcador y más muerto que vivo, marcó su primer gol con la elástica de su equipo de siempre. Con ese tanto abrió el camino a una victoria revitalizante de los califales. El sábado, ante el Sporting y en el encuentro más importante de los últimos tiempos para el Córdoba, olvidó las velas de la tarta y se puso el mono de trabajo. Procuró batir a Mariño por dos veces. Y al final, celebró como todos. Eso sí, su festejo lo era también por sus cien latidos como blanquiverde.

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