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Un taller para escribir letras flamencas sin necesidad de sufrir fatiguitas

Taller 'Hojitas del limonar' con Carmen Camacho en Cosmopoética

Juan Velasco

2 de octubre de 2026 19:59 h

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Antonio Machado imaginó hace casi un siglo una máquina capaz de fabricar “coplas mecánicas”. Su Jorge Meneses, personaje de Juan de Mairena, había inventado un artefacto que, mediante una serie de parámetros (no lo llame usted prompt), producía versos adaptados al ambiente del auditorio. Lo que entonces era una ficción filosófica tiene hoy una traducción tecnológica bastante más tangible: basta pedirle a una inteligencia artificial que escriba una letra flamenca. Pero, mientras las máquinas aprenden a fabricar coplas, soleás y seguiriyas, la poeta y escritora Carmen Camacho sigue enseñando a los humanos algo bastante más difícil: cómo conseguir que una letra se sostenga en el aire.

La poeta sevillana ha pasado los últimos días haciendo precisamente eso en Hojitas del Limonar. Taller de Letras Flamencas, una de las actividades de Cosmopoética. Una veintena de participantes ha aprendido con ella a moverse entre sílabas, rimas, imágenes, símbolos y estructuras métricas para acabar escribiendo letras que este viernes han abandonado el papel y se han convertido en cante en un recital flamenco celebrado en la Posada del Potro.

La comparación con la máquina de trovar de Machado no es gratuita. Camacho acaba citando aquella invención de Juan de Mairena y la conecta directamente con la discusión contemporánea sobre la inteligencia artificial. La máquina de Meneses recibía determinados parámetros y producía “coplas mecánicas” adecuadas al contexto. “Era el algoritmo antes de que existiera el algoritmo”, ironiza la poeta, en una charla con Cordópolis, en la que aclara, no obstante, que, para fortuna nuestra, una letra flamenca no puede reducirse a una combinación de instrucciones métricas.

Para cuando Camacho charla con este periódico, lleva ya tres tardes seguidas enseñando que hay vida más allá de las reglas. Que sí, que una soleá son tres versos octosílabos, determinadas rimas y una estructura conocida. “Eso lo puede hacer cualquiera. Lo difícil empieza después: conseguir que aquello que se quiere decir no se caiga cuando abandona el papel y pasa a ser voz”, resume.

Taller 'Hojitas del limonar' con Carmen Camacho en Cosmopoética

Economía de lenguaje, máximo impacto poético

Lo “complicado, complicado, complicado”, enfatiza la profe, es cómo se sostiene la letrica en el aire en cuanto a contenido. Ahí ha estado el centro del taller. La letra flamenca, señala, exige una economía extrema: pocas palabras para decir mucho. Camacho recurre a una imagen tan sencilla como precisa para explicarlo: “Es como las pinzas de la ropa. Cuanto más le aprietas por un lado, más se abre por el otro”. Cuanto más se condensa el lenguaje, más tiene que abrirse el sentido.

El grupo que ha participado en el taller ha sido además especialmente heterogéneo. Había aficionados al flamenco y personas procedentes de la universidad, la ciencia, la psicología o la sociología. Algunos llegaban desde lenguajes profesionales en los que, según contaban a la propia Camacho, sentían que las palabras se les quedaban cortas. La poeta les ha propuesto, por tanto, entrar en otro territorio: “El mundo de la imagen, del signo, del símbolo. Un lenguaje muy apretaito, pero capaz de alcanzar una gran hondura”.

El recorrido del taller también ha ido de lo más reconocible a estructuras menos habituales. Han comenzado con la soleá y las coplas para avanzar después hacia la seguidilla con jaleo y la seguidilla con bordón. La progresión no es menor: en estas últimas aparecen versos de distinta longitud y una arquitectura más compleja. “Han alucinado con las posibilidades y la sonoridad que les daba la seguidilla”, cuenta Camacho. Pero, una vez más, la estructura es solo el armazón. El verdadero trabajo consiste en encontrar qué decir dentro de ella. Para hacerlo, la poeta ha recurrido a repertorios tradicionales de cantes sin autor, desde los vinculados a Antonio Machado Álvarez hasta otros cancioneros. No buscaba únicamente ejemplos de métrica perfecta, sino letras capaces de demostrar cómo funciona la condensación poética.

También ha llevado al taller sus propias letras: algunas publicadas, otras escritas para cantaores o para proyectos que todavía no han aparecido en libro. Quería mostrar a los participantes cómo se puede introducir en una estructura flamenca un asunto que, a primera vista, parece completamente ajeno al imaginario tradicional.

Taller 'Hojitas del limonar' con Carmen Camacho en Cosmopoética

Flamenco desde el presente

Y ahí apareció una de las preocupaciones fundamentales de Camacho: qué significa escribir flamenco desde el presente. Porque si una de las características de las letras tradicionales es que nacen de la vida cotidiana, también las letras actuales deberían hacerlo. “Quien hace letra flamenca se vale de lo que tiene a mano para decir cosas jondas y cosas elevadas”, explica, antes de recitar tres versos que encierran multiversos en su aparente sencillez: “De tu último portazo todavía se estremece el agüita de mi vaso.

La escritora reconoce que es habitual que quienes escriban flamenco, acudan al imaginario consolidado de rejas y penas. Pero ahí está la trampa, si se escribe desde un pasado que no coincide con lo que uno ha vivido, se acaba notando. Por ello, Camacho ha insistido en que las nuevas letras deben incorporar las fatigas contemporáneas. El amor y el desamor siguen ahí, porque esas heridas no han cambiado demasiado. Lo que sí han cambiado son las circunstancias que rodean a quienes las sufren.

De ahí su petición a los participantes para que no huyeran de su propio mundo. Incluso les animó a introducir elementos tan poco asociados al imaginario flamenco tradicional como el WhatsApp. No se trataba de colocar tecnología por el mero hecho de actualizar el decorado, sino de buscar las imágenes que verdaderamente forman parte de la vida contemporánea. Y, sorprendentemente, ha colado. Camacho enseña la letra.

En el tren pa Barcelona

nos mandábamos un wasa

mientras yo me preguntaba

Entonces, ¿cuál es mi casa?

“La música folclórica de cualquier lugar ha empezado con lo que se tenía a mano”, recuerda. El resultado de los tres días de trabajo ha sido un corpus de unas catorce páginas de letras. Muchas de ellas han terminado interpretándose este viernes en la Posada del Potro. El ejercicio ha consistido, en definitiva, en comprobar qué ocurre cuando una tradición que durante siglos ha transmitido sus emociones a través de la palabra vuelve a pedirle a esa palabra que diga algo nuevo.

Y ahí regresa a la máquina de trovar. Machado imaginó un mecanismo capaz de fabricar versos a partir de parámetros. La inteligencia artificial puede hacer hoy algo parecido con una facilidad que habría resultado difícil de imaginar hace unas décadas. Puede imitar formas, detectar patrones, combinar palabras y producir en segundos algo que formalmente se parezca a una letra flamenca.

Lo que no puede es responder a la pregunta clave del taller: ¿qué hay que decir para que, además de rimar y caber en un compás, la letra sea capaz de quedarse flotando en el aire?

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