CRÓNICA

Preludio ruso para la Navidad en el Gran Teatro

'El Cascanueces'.

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El telón rojo del Gran Teatro se inunda por una luz que presagia la maravilla de Tchaikovsky. Al abrirse, la histórica Compañía de Ballet Ruso entra en Córdoba para regalar los movimientos del legendario Cascanueces, ritual clásico que anticipa la navidad.

El Ballet Nacional Ruso fue fundado en 1989 por el legendario solista del Teatro Bolshoi de Moscú, Sergey Radchenko, para crear una compañía independiente que reuniera los elementos más clásicos de los grandes Ballet Kirov y Bolshoi

El Cascanueces, es un ballet de dos actos, originalmente coreografiado por Marius Petipa y Lev Ivanov con una partitura de Piotr Ilyich Tchaikovsky. El libreto es una adaptación de Alejandro Dumas del cuento de Hoffmann El Cascanueces y el Rey Ratón. Se estrenó en el Teatro Mariinsky de San Petersburgo, el 18 de diciembre de 1892, en sesión doble con la ópera de Tchaikovsky, Iolanta.

Ante una propuesta de iluminación sobria, de paneles tintados y artefactos escenográficos -que recordaban a las antiguas obras clásicas del teatro europeo- el virtuosismo de los bailarines rusos se abre ante nuestra retina.

El cuento trata de una niña, Clara, que festeja, en su decimonónica casa, la Navidad con sus amigos, los regalos y el mítico árbol cargado de luces y juguetes. Drosselmeier, su padrino, tras hacer las delicias de los niños con una exhibición juguetes mecánicos, regala a Clara un muñeco: Cascanueces. Que por la noche cobrará vida para cautivar el corazón de la niña.

Es inevitable no reconocer, en el inconsciente colectivo, las notas de Tchaikovsky en esta obra como las del dueto de Danza ChinaVals de las Flores, Pas de Deux o La danza del Hada del Azúcar, que el cuerpo de baile, de la compañía rusa, ejecutó con gran precisión y limpieza de movimientos.

Un jovencísimo repertorio hizo vibrar, por momentos, al público con una destacada sincronización del grupo que daba luz a los solistas en sus diferentes solos y duetos. Y que el público cordobés recibió con un caluroso aplauso al finalizar la función, pero que en esta ocasión no lo hizo en pié. 

En definitiva una noche llena de belleza, aunque tal vez la propuesta no llegara a calar del todo por su excesiva dulzura y falta de tensión dramática.

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