Paco Peña conmueve a Córdoba con ‘Solera’: la raíz y el futuro se abrazan en el presente
Paco Peña representa como pocos la identidad flamenca más arraigada y pura. A sus 84 años, con una trayectoria internacional que ha llevado el arte flamenco por los escenarios de todo el planeta, emociona a su ciudad natal con una obra que nos adentra en una riqueza musical y escenográfica inigualable. Solera, creación que ha dado forma junto con la directora Jude Kelly, representa una reflexión sobre el paso del tiempo, el entusiasmo de la juventud fundiéndose con la majestuosidad propia de la madurez.
Adentrándonos en la estructura propia del espectáculo, la primera parte encarna la representación de un ensayo, llamando la atención por su desarrollo natural y orgánico. Los artistas que forman el elenco aparecen con atuendo casual y además hablan entre ellos, se saludan, se abrazan, incluso mientras la música suena.
El proceso creativo abre paso haciendo un recorrido por los diversos géneros que conforman la música flamenca, desde las seguiriyas hasta las bulerías o los tangos, mostrándose un ambiente muy espontáneo y auténtico. En la segunda parte, el dialogo entre generaciones continúa siendo representado en una función de espectáculo formal, diluyéndose así el formato ensayo anteriormente expuesto. Se plasma un recorrido completo por los distintos palos hasta la culminación del fin de fiesta, con el dialogo entre la templanza del paso de los años y el entusiasmo del mañana como fundamento.
La atmósfera que rodea al Gran Teatro en ese momento es la de un público que vibra con la energía de los artistas, conectando con el intercambio de ideas entre generaciones que está teniendo lugar en el escenario.
Son numerosos los momentos emblemáticos que tienen lugar en el transcurso de la experiencia escénica. Nombrando algunos de ellos, el momento en que Paco interpreta una farruca al estilo tradicional, haciendo gala de una majestuosidad exquisita fruto del bagaje flamenco que le caracteriza, siguiendo con el toque de Dani de Morón, impregnado de la frescura y riqueza armónica que representa a la guitarra flamenca actual. Esta magnífica interpretación culmina con un guiño hacia Sabicas en el final de la obra, representando el intercambio de experiencias entre madurez y juventud.
El sonido impecable de Dani junto con la exquisitez del toque de Rafael Montilla Chaparro Hijo, el fiel e inseparable compañero de Paco, dotan de colorido el proceso creativo a lo largo de toda la representación. Digno de destacar son las actuaciones de los bailaores y cantaores. Ángel Muñoz, desplegando la madurez artística que le caracteriza en cada paso, junto con la pasión y el ímpetu que Adriana Bilbao y Gabriel Matías desplegaron con cada movimiento. Las voces de Iván Carpio e Inmaculada Rivero dotaron de jondura y pureza cada segundo del espectáculo, y la excelencia en el dominio rítmico del percusionista Julio Alcácer completaba la magnífica formación.
‘’Qué bonito es esto que nos estás regalando, maestro Peña’’ son las palabras que se oyen de parte de una persona del público. Así fue como el público recibió en su tierra natal un espectáculo dedicado a la memoria de su hermana Rosarillo, que falleció mientras la obra tomaba forma.
El público conectó profundamente con la esencia del espíritu flamenco, con esa tradición que Paco siempre ha tratado con la delicadeza propia de los grandes artistas que han aportado a esta manifestación cultural tan única. El público está en pie aplaudiendo sin parar mientras los diferentes miembros de la compañía saludan en grupo e individualmente. Córdoba se entrega ante la maestría que representa un artista que siempre ha tenido a su tierra por bandera allá donde fuera.
0