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Ángel Molina remonta el vuelo en la Axerquía

Pablo Salinas Sinfonity en la ciudad de las guitarras + Tributo a Ángel Molina, en imágenes

Aristóteles Moreno

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El guitarrista Ángel Molina, músico de raza y agitador incansable de la escena cultural cordobesa, recibió anoche justo tributo en el Teatro de la Axerquía. Su cuerpo fue encontrado sin vida en su propia vivienda el pasado 28 de enero en uno de los reveses más inesperados y funestos de la cultura local. Fundador de la Escuela de Músicos de Córdoba, y promotor de algunas de las bandas más señeras del jazz doméstico (Jazzpacho, Jaramago, Al Raso), Ángel Molina se ganó el reconocimiento unánime de la profesión gracias a su inagotable generosidad, su indiscutible talento y su dedicación a la formación de las nuevas generaciones de músicos.

Su interminable catálogo de méritos, humanos y artísticos, encontraron anoche digno reconocimiento en el Festival de la Guitarra, el más importante de los eventos musicales de Córdoba en las últimas cuatro décadas. Y lo hizo de la mano de dos de las bandas más estrechamente vinculadas a la biografía artística de Ángel Molina: Jazzpacho y Al Raso. La primera fue durante más de treinta años la verdadera patria creativa del guitarrista. Fundada en 1990, el grupo cimentó su identidad en el mestizaje y la libertad de géneros. A lo largo de sus tres décadas, por la banda transitaron un buen número de músicos, algunos de ellos de acreditada trayectoria profesional, como el formidable trompetista Manuel Machado (Ketama, Celia Cruz, Irakere) y el percusionista Amado Zulueta (Raimundo Amador, Azúcar Moreno, Javier Ruibal).

Después de varios años en barbecho, Jazzpacho volvió a reunirse ayer en el escenario de la Axerquía para llorar la muerte de su colega y celebrar la prolífica y venturosa amistad que los mantuvo unidos durante tanto tiempo. Resultó emocionante escuchar el homenaje que le tributaron sus compañeros de siempre: Juan B. López ‘Picoleto’, al piano; Rafael Giovanetti, a la percusión; José Manuel Fernández, al saxo; Antonio ‘Johny’ Blanco, al bajo; y Antonio Jiménez ‘Chino’, a la batería. Su ex alumno Germán Muñoz se comió el marrón, doloroso y bello, a partes iguales, de sustituir al maestro en la guitarra.

Jazzpacho sonó compacto y sólidamente ensamblado, mientras una gran pantalla repasaba en imágenes algunos de los momentos más vibrantes, emotivos y felices del maestro guitarrista al frente del grupo. La banda incluyó en su breve repertorio un espléndido homenaje a Pat Metheny, una de las influencias más fértiles de su larga biografía musical. Jazzpacho cerró su actuación con un estimulante rock clásico, vitalista y fresco, para festejar que Ángel Molina sigue vivo en nuestra memoria.

El tributo fue conducido por Rosa Villalón, guitarrista y amiga eterna de Molina. Al filo de las 22.00 horas se subió al escenario y glosó la figura de un hombre “bueno” y “feliz”, amante de la naturaleza y entusiasta de la música desde que cayó en sus manos una guitarra en el cuartel de la Guardia Civil donde vivía de niño con su familia. Aquel regalo lo transformó para siempre.

Al Raso abrió el concierto ante un teatro que registró buena entrada de público. Fundado por Ángel Molina entre sus alumnos, el proyecto fue concebido originalmente para recuperar estándares de jazz en formato callejero. La formación, que combina instrumentos de cuerda y de viento, estaba tocada por el espíritu festivo y risueño, que siempre acompañó la manera de entender la música (y la vida) del irrepetible guitarrista cordobés. Autumn leaves y Fly me to the moon, dos de los clásicos de jazz tocados hasta la saciedad por el maestro, volvieron a sonar en la banda que nació del aliento incansable del llorado músico.

La segunda parte del programa tuvo un aire experimental. El multiinstrumentista Pablo Salinas dirigió una sorprendente y audaz propuesta que dinamita la frontera entre géneros. Bajo el título sugerente de Sinfonity en la ciudad de las guitarras, presentó un innovador repertorio de piezas clásicas interpretadas con guitarras eléctricas. Ocho instrumentistas, dirigidos por Pablo Salinas, ofrecieron versiones de Rossini, Bach, Vivaldi o Chopin.

El guitarrista, compositor, pianista, arreglista y productor ha compartido escenario con artistas de la talla de Leo Brouwer, Pino D’Angio, Serrat, Ara Malikian o Enrique Morente.

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