Miles de historias aún por descubrir en el Archivo Histórico de Córdoba, que cumple 75 años

La directora del Archivo ojea un documento en mal estado.

La razón por la que se crearon los archivos históricos fue para recibir la documentación notarial, aunque más tarde se amplió a otros tipos de documentos que con el tiempo habían perdido su validez administrativa o jurídica, pero conservaban un valor histórico. “Pleitos, contratos, testamentos… tanto de personalidades como de la vida diaria de la sociedad. La historia se ha escrito en gran parte a partir de estos archivos,” explica Alicia Córdoba, directora del archivo provincial de Córdoba, centro que celebra este año el 75 aniversario de su fundación.

La sede del archivo provincial se emplaza en dos edificios antiguos restaurados de la ciudad de Córdoba. Por un lado, la casa-patio, a la que se accede por la calle Pompeyos, donde se encuentran las oficinas y la sala de consulta, y por otro lado, de forma contigua, el centro también se extiende a la antigua Iglesia de Santo Domingo de Silos, en cuya nave central se asienta el depósito de archivos.

Destacar también del espacio histórico que ocupa el archivo su sala de exposiciones, talleres y conferencias, que se ubica en la antigua capilla de este templo desacralizado en el siglo XVIII.

Con el tiempo, el archivo histórico pasó a recoger la documentación en un sentido amplio, abarcando muchas temáticas: agricultura, educación, obras públicas, hacienda.... y procedencias, la mayoría de fondos públicos de ámbito estatal, autonómico y provincial.

Creados por el Estado en 1931, los archivos históricos provinciales son gestionados en la actualidad por la comunidad autónoma correspondiente, en este caso, por la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía.

El archivo también reúne fondos privados, aquellos que entran por donaciones o son adquiridos por la propia Administración. “Los fondos privados más interesantes que aquí se conservan –destaca la directora- son la donación de José de la Torre del Cerro y la colección de la familia Romero de Torres, que fue comprada por la Junta de Andalucía.

En total, el volumen de documentos que alberga ocupa más de “5.000 metros lineales de estantería”, precisa la directora. El 70 por ciento es notarial, y el resto procede, sobre todo, de Hacienda y de Justicia. El documento más antiguo es de 1260, un pergamino del convento de Santa Clara de Córdoba. Aquí se conservan escritos desde el siglo XIII hasta el XX, ocho siglos de historia documentada.

 “Guardar estos documentos es importante para reconstruir desde fuentes primarias la historia de Córdoba. Aunque aquí –aclara- la historia no está hecha, sino que hay que buscarla, descubrirla a través de su estudio”.

A diferencia de otros centros culturales como una biblioteca o un museo, donde gran parte del fondo se conoce y está catalogado, en los archivos, la mayoría de la documentación es desconocida. Por ello, como depósito de historias pendientes, los archivos son fuentes de información riquísimas, con un gran potencial investigador.

Con el paso del tiempo qué ha cambiado y qué no

Hay una cuestión que suelen plantear a los archiveros: ¿qué cosas han cambiado y cuáles no? En la respuesta a esta pregunta están las miles de historias por descubrir, apunta Miguel Ángel Sánchez, asesor técnico en Conservación e Investigación de este centro. Sánchez ha roto con el estereotipo del archivero “ratón de biblioteca”, y en su trabajo diario, compagina tareas de descripción de fondos, con las de investigador y divulgador.

“Hay aspectos en los que ha cambiado mucho la sociedad, aunque hay cosas que siguen igual, como el pelearse por el dinero… Hay pleitos por las cosas más vulgares”, explica Sánchez. En cambio, sí ha cambiado, por ejemplo, el derecho de la mujer. “Llama la atención ver en las escrituras que ellas tenían que pedir permiso a sus maridos para casi todo, hasta para vender la propia herencia de su padre (…). De ahí, que el taller que impartimos sobre esta temática se llame “la mujer tutelada”, señala Sánchez.

Los talleres que cada año se organizan en el archivo provincial van destinados a estudiantes de secundaria. Se muestran documentos originales desde el siglo XVI hasta el XX, y se aprende a través de actividades de escritura, pintura o teatro. A los jóvenes les es útil conocer la historia, quizás eviten caer en los males del pasado.

“La esclavitud hasta el siglo XVIII era bastante frecuente”, afirma Sánchez. Hay escrituras de compraventa de esclavos, de mujeres o de mulatos. En estos talleres que imparto, donde busco la participación, realizo dinámicas, y en este caso “les pido que hagan un dibujo de un esclavo para ver la imagen que tienen en sus mentes”, cuenta Sánchez.

Antes, cuando los documentos perdían su validez se destruían

En 1972 se suprime el juzgado de instrucción de Rute y sus competencias pasaron a Lucena. Se trasladaron los documentos vigentes, pero el resto del archivo antiguo, que se remontaba al antiguo régimen, se quedó en Rute en pésimas condiciones. “No sabían qué hacer con él, y los metieron en sacos en un camión y los trajeron al archivo provincial”, cuenta Sánchez, que describe actualmente este fondo.

Los archivos de Rute estaban “comidos por las ratas” y finalmente se pudieron salvar. Hoy son una fuente muy rica de primera mano de una época sobre la que no hay muchos testimonios. Ofrece una imagen desde el siglo XVI al XX, del día a día de la vida en un pueblo, con los pleitos, autos de oficio, etc., describe Sánchez.

En esta época, la situación material era de mucha pobreza, el honor era muy importante, y había numerosas formas de violencia, explica Sánchez. “Había madrastras que dejaban a sus hijos en la indigencia. Personas que piden préstamos y al no pagarlos, se quedan en la calle. Mujeres mayores que terminaban sus días solas y morían de hambre. La familia, para quien la tenía, era la única seguridad. No existía la protección actual de lo público.

Ahora, un documento anterior a 1945 nunca se puede destruir

Antiguamente, cuando los documentos perdían su validez se tiraban. “Se expurgaban”, especifica Alicia Córdoba en la jerga de los archiveros, y “se ha perdido mucha documentación”, concluye. Ahora, hay una comisión de evaluación en la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico, la Comisión Andaluza de Valoración de Documentos (CAVD), formada por un grupo de especialistas que toman la decisión sobre el destino de los archivos en su ciclo vital.

La comisión determina si una documentación tiene valor para permanecer, valorando si ya está recogida en otros documentos, si tiene un valor histórico, en definitiva, qué se puede eliminar y en qué condiciones.

Este archivo es finalista, es decir, que la documentación que llega es para ser conservada de forma permanente. El original en papel que aquí permanece es para conservarlo siempre. Por eso es tan importante las medidas de conservación, explica Alicia Córdoba.

Nos sigue llegando papel y los archivos están casi llenos

Llegará un momento en que parará la generación de papel porque desde hace unos años los documentos se generan de forma electrónica. La Administración ya trabaja electrónicamente, aunque quedan muchos años en que los archivos seguirán recibiendo papel, explica la directora.

La situación de ocupación de estos centros, según nos describe Alicia Córdoba es la de unos archivos centrales -aquellos donde se genera la documentación- colapsados, y unos archivos históricos finalistas, como el provincial, casi lleno. “Faltan archivos intermedios, aunque están previstos en la ley de 2011 de Documentos, Archivos y Patrimonio Documental de Andalucía”. Hay proyectos de ampliación, pero no sabemos cuándo se harán realidad en Córdoba, expone la directora.

Conseguir parar el deterioro del documento

La restauración es un trabajo manual que requiere mucho tiempo y supone un alto coste económico. “Es más importante conservar lo que tenemos porque cuantitativamente vamos a salvar más”, afirma la directora. Aunque se han realizado restauraciones importantes como ha sido el testamento de Inca Garcilaso.

“La principal causa de deterioro de los documentos es la tinta con un alto contenido de hierro, que va oxidando con el tiempo al papel, perforándolo hasta fragmentarlo y llegar a perderse el documento”, explica Rafael Martínez, asesor técnico de gestión documental de este centro.

Martínez muestra volúmenes que han llegado en muy mal estado de conservación y son ejemplos claros de una mala gestión documental. “Hay deterioros por hongos, por altas temperaturas, etc”. Todo esto lo conocemos muy bien, y aquí en el archivo provincial hay un plan de conservación, que en líneas generales consiste en llevar a cabo un control de plagas, monitorizar la temperatura y la humedad del ambiente, y cubrir los escritos de un papel antihongos, no ácido.

Se cuenta también con unas cajas de conservación permanente, donde se guardan los llamados protocolos (conjuntos de documentos encuadernados). Antes de introducirlos en estas cajas permanentes, se digitalizan para poder ser consultados sin tener que volver a sacarlos, evitando así su deterioro.

Se digitaliza no para eliminar el original, sino para preservarlo. La digitalización es también una medida para poder divulgarlo de forma online. De hecho, “el Covid-19 nos ha enseñado que tenemos que digitalizarlo todo para ofrecer un servicio telemático”, concluye la directora.

Un documento que ha durado tres o cuatro siglos se puede conservar al conseguir parar su deterioro, este es el desafío del archivo histórico, preservar el documento original por el valor que entraña como testimonio directo de nuestra historia.

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18 de septiembre de 2021 - 17:40 h
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