“Este libro es resultado de un combate con todo”

Joaquín Pérez Azaústre, anoche. TONI BLANCO
Joaquín Pérez Azaústre presenta en Córdoba su último libro 'Vida y leyenda del jinete eléctrico'

“Este es un libro que requiere generosidad”, advierte el escritor nada más encender su micrófono. La antigua capilla, hoy sala de actos de la Delegación de Cultura de Córdoba, está a rebosar. Joaquín Pérez Azaústre (Córdoba, 1976) se sienta al fondo para presentar su último libro, Vida y milagros del jinete eléctrico (Visor, 2014, Premio Gil de Biedma de Poesía). El que avisa no es traidor. El libro es un poema expirado, un torrente sin freno, cuesta abajo y carente de agarre al que asirse para tomar aire. Sin puntos ni comas, uno entra y sale de él como un náufrago a la deriva en un cauce de remolinos. Pero calma, no se va a ahogar. Cuando uno se amolda a la situación, se relaja y acepta las reglas del juego, el violento ecosistema se vuelve familiar. Y casi acogedor. Y uno lee. Y lee. Y el esfuerzo ha valido la pena. Sigue leyendo.

Pero en mitad de las aguas bravas asalta una duda: ante qué libro se está. Lo reconoció anoche en la presentación del libro Pedro Roso, padrino de toda una generación de poetas de Córdoba a la que Azaústre llegó un poco crecido y mayor -“ojalá le hubiese conocido más joven”, dijo-. Pues bien, Roso resaltó algunas de las caras de este poema río que juega con las dicotomías, los contrarios y los contrarios de los contrarios. Y sobre ello, un eterno debate español: el culturalismo o la poesía social. O los dos a la vez. Y en un más difícil todavía, con Robert Redford como aglutinante. Por algo sale en la portada con Paul Newman.

“Siempre pensé que en la filmografía de Robert Redford había una ética y una estética moral muy fuerte. Pertenece a ese cine de finales de los sesenta y mediados de los setenta, del final de Vietnam, del Watergate, de Nixon, la crítica al sistema establecido, de esa época en la que un periódico podía derrotar a un Gobierno, de esa época en la que el ecologista empezó a verse como una alternativa”, recordaba Azaústre. “Películas como Todos los hombres del presidente, Los tres días del Cóndor, Brubaker, El río de la vida... dejan ver esto que digo”.

Y esto que dice empieza a apuntar al aspecto que más ha resaltado de Vida y leyenda...: su vertiente social. “Con Las Ollerías hablaba de mí, de mi familia, de mi ciudad, como un álbum de fotos que se abre”, recuerda el escritor, “pero ahora, con este libro, hablo del yo, de mi mismo en mi sociedad y en mi entorno. Y ello ha sido el resultado de un combate verbal con todo”. La lucha ha sido ardua, se reafirma el poeta. “Libré un combate mientras escribía, un combate conmigo, con el lenguaje, con el lector, con la actualidad. Decidí prescindir de los los signos de puntuación porque sí, porque esto es un río y de esta forma podemos meternos y salir de él cuando queramos”.

El libro se ha escrito durante manifestaciones, en viajes, hoteles, viendo la tele... “Quería escribir sin salir de la naturalidad y la realidad, sin artificio”. En una de esas noches, con la televisión encendida y leyendo la Iliada de Homero, cuenta Azaústre que tuvo una especie de revelación. En la televisión se estaban emitiendo las cargas de los antidisturbios de la Policía a los manifestantes que trataban de rodear el Congreso. “Era como si la Iliada se estuviese desarrollando en Madrid”, reconoce, “y que el tesoro ya no fuesen las riquezas de Príamo o la belleza de Helena, sino las libertades y los derechos sociales”.

Vida y leyenda del jinete eléctrico es un poema río. Y en su crecida, arrastra malestar urbano, cine estadounidense, incomodidad social, estrellas del celuloide, literatura americana, ecos de los novísimos, trasfondo del culturalismo  y poesía social. “Sin duda, su libro más difícil, su libro más ambicioso”, resumió Roso, mirando directamente a los ojos de Azaústre.

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