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El legado inmenso de Paco de Lucía bien merece algo más de pulso

Paco de Lucía Legacy en el Festival de la Guitarra
11 de julio de 2026 11:18 h

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A Paco de Lucía le volvía loco el fútbol. A los aficionados cordobeses de Paco de Lucía, también. Y, si uno conoce un poco la ciudad de Córdoba y a sus habitantes, parecía obvio que la coincidencia este viernes del partido de España en el mundial con el concierto de la Fundación Paco de Lucía en La Axerquía iba a pesar en la taquilla. Y eso que fue una noche que invitaba al flamenco, con una temperatura inusualmente fresca para el julio cordobés.

Liberados de la calima, un par de centenares de personas esperaban con una quietud muy poco flamenca los primeros compases del homenaje al maestro de Algeciras, que ha reunido a todo un star system del flamenco actual en su honor. El silencio imperante demostró que lo peor no era la entrada, sino que los presentes (arriba y abajo del escenario) tardaron en entrar en calor, como si (opinión subjetivísima) renunciar al fútbol hubiera supuesto un sacrificio del que costara recuperarse. También hay que celebrar que el concierto transcurriera en sus primeros compases sin la molesta estampa de decenas de móviles siguiendo el encuentro, que se decidía cuando ya llevaba un cuarto de hora.

El espectáculo arrancó con Antonio Sánchez -sobrino de Paco de Lucía y segunda guitarra del maestro durante años- acompañado por Piraña a la percusión y Duquende y David de Jacoba al cante, mientras una gran imagen de Paco de Lucía presidía el escenario como recordatorio permanente del verdadero protagonista de la velada. El bajo eléctrico de Joni Losada se sumó con una evocación de Yo soy gitano, abriendo un recorrido por distintas etapas del universo musical del maestro.

Paco de Lucía Legacy en el Festival de la Guitarra

La estructura del espectáculo fue reuniendo a los distintos integrantes del ambicioso elenco, aunque alternando entre números en solitario y en formación. Juan Habichuela Nieto aportó una de las primeras emociones con una pieza dedicada a Paco, antes de dejar paso al siempre elegante piano de Chano Domínguez, que también arremetió en soledad contra el destino como pocos pianistas del mundo saben hacer. Más tarde llegaron Josemi Carmona y Diego del Morao junto a Piraña, formando un sólido trío al que se incorporó María Terremoto para interpretar Zambra Gitana y Solo quiero caminar, dos de las páginas más reconocibles del repertorio del guitarrista algecireño.

La escenografía apenas variaba, más allá de la omnipresente fotografía de Paco y algunas imágenes que tampoco eran demasiado subversivas, sino del todo convencionales. En general, el formato terminó resultando excesivamente fragmentado. Los continuos cambios de formación provocaban pequeños tiempos muertos que rompían el ritmo del espectáculo, acercándolo por momentos más a la grabación de una gala televisiva con público que a un concierto concebido como una experiencia viva y continua.

No es que se racaneara la emoción. Uno de los momentos más delicados llegó con la cantaora onubense Sandra Carrasco, acompañada por Diego del Morao y Antonio Sánchez. Sin embargo, varios problemas de sonido empañaron su actuación. Los constantes acoples castigaron especialmente las voces de Carrasco y Duquende, mientras la ausencia de un cuerpo de palmas y jaleos en buena parte de los números con cante restó fuerza y espontaneidad a los pasajes más festivos.

Paco de Lucía Legacy en el Festival de la Guitarra

Así transcurría el directo hasta que salió el bailaor Farru. Su intervención fue, probablemente, el punto de inflexión de la noche. Pasada ya la hora de actuación, el baile (y muy particularmente la conexión con Piraña -el más fino de la noche en todos los números-) consiguió despertar por fin a un público que hasta entonces había permanecido sorprendentemente contenido. Fue la primera vez que el teatro respondió con verdadero entusiasmo, poniéndose en pie.

En el tramo final, Diego del Morao (todo nervio y profundidad en sus momentos en solitario) volvió a quedarse acompañado únicamente por Piraña, antes de que Chano Domínguez regresara junto a Duquende para protagonizar otro de los momentos más celebrados de la velada.

Paco de Lucía Legacy en el Festival de la Guitarra

Pero si hubo un nombre que terminó por conectar emocionalmente con el público fue Antonio Rey. Su solo condensó ese pellizco, esa sensibilidad y esa capacidad melódica que inevitablemente remiten al universo de Paco de Lucía. Con un emotivo trémolo —dedicado al cielo y al maestro— firmó el instante de mayor intensidad artística del concierto y consiguió levantar definitivamente a un teatro que encaró entonces una despedida mucho más festiva.

Pese al extraordinario nivel individual de todos los participantes, Paco de Lucía Legacy dejó una sensación agridulce. El talento nunca estuvo en cuestión. Sobre el escenario se reunieron algunos de los músicos que mejor han entendido y prolongado el lenguaje de Paco de Lucía. Lástima que aquello pareciera una sucesión de números, en vez de una reunión de estrellas.

La comparación con el homenaje celebrado en este mismo escenario en 2021 resulta inevitable. Aquella cita, con figuras como Jorge Pardo o Carles Benavent que estuvieron en el legendario quinteto de Paco, respiraba una mayor sensación de espontaneidad, de improvisación y de celebración colectiva. Esta nueva propuesta, pese a la calidad incuestionable de sus intérpretes, se mostró más encorsetada y menos emocionante de lo que cabría esperar cuando se invoca el legado de ese dios de la guitarra que fue Paco de Lucía.

Él, seguramente, habría tocado el Spain de Chick Corea en cuanto España metió anoche el segundo a Bélgica. Por la escuadra.

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