Julia Navarro: “Los periodistas no estamos para dar consejos”

La escritora y periodista Julia Navarro | TONI BLANCO

Julia Navarro (Madrid, 1953) no es muy amiga de la promoción literaria. La escritora, que ha vendido millones de copias de sus novelas, fue uno de los rostros del periodismo español de la transición, los ochenta y los noventa. Eso significa que conoce perfectamente los resortes de las entrevistas de prensa, lo cual no significa que se sienta cómoda al otro lado de la grabadora.

Navarro ha estado estos días en Córdoba presentando Tú no matarás (Plaza y Janés), su última novela, un fresco sobre la posguerra española y sobre personas que huyeron de un país que, años después de la guerra, seguía pagando peajes y haciendo pagar deslealtades. En la presentación en Córdoba, sus lectores le pedían que ambientara en la ciudad alguno de sus próximos libros, y ella, con suma amabilidad, les decía que, más allá de los escenarios, “lo importante son los personajes”.

“Córdoba es una de las ciudades más bellas y más emocionantes de España. Una ciudad en la que en cada rincón te vas tropezando con la historia”, reconoce la autora en esta entrevista, en la que recuerda que su padre fue un cordobés que se marchó de la ciudad y acabó justamente en el Madrid que ha retratado en Tú no matarás, quizá la obra que más tiene de la autora de todas las que ha escrito.

PREGUNTA. Dice que este libro tuvo un coste emocional.

RESPUESTA. Sí. Es una novela que trata del peso de la conciencia, lo mismo que Historia de un canalla. Pero sobre todo es una reflexión sobre esto. A mí me interesa indagar sobre la condición humana. Así que empecé a escribirla y la guardé en un cajón y, hasta que no terminé Historia de un canalla no volví a coger Tú no matarás.

P. Es una novela que está ambientada en una ciudad y en una zona que le es, digamos, familiar.

R. Bueno, Madrid, que es mi ciudad. Y en el Madrid de los Austrias que es donde yo he crecido, sí.

P. ¿Qué tal ha sido, no volver, pero sí imaginar su barrio hace varias décadas?

R. Efectivamente, yo vivo allí. Por eso digo que esta novela ha tenido un coste emocional. Porque no podía dejar de pensar en mis abuelos. Es una novela ambientada en los años de la posguerra y yo pensaba en ellos y en que tuvieron que vivir en aquella España absolutamente horrible. Aquella España de la represión, de los fusilamientos, del hambre. Cuando estaba escribiendo la novela sí tenía esa convulsión de decir “Dios mío, cuánto ha sufrido la gente en este país”.

P. Usted vuelve a la guerra civil después de Dime quién soy. ¿Qué representa esta novela respecto a aquella?

R. Son historias diferentes. No tienen nada que ver la una con la otra. El escenario de mis novelas siempre es el siglo XX. O sea, no es que vuelva al mismo tema, sino que el escenario siempre es el siglo XX.

P. Me refería a la forma en que usted se acerca a ellas. Por el proceso de documentación y de preparación.

R. Del siglo XX no hace falta mucha documentación. El siglo XX es antes de ayer. Está ahí. Yo creo que todos nos lo conocemos. No hace falta hacer un trabajo exhaustivo de documentación, porque todo está ahí.

P. Uno de los protagonistas es hijo de un republicano. ¿Cómo se aborda en la novela ese paso de la república a la barbarie y la represión de la posguerra?

R. El objetivo de la novela no es tanto contar eso, sino contar el efecto de la historia en las personas. Me interesa el efecto de la gran historia en las pequeñas historias.

P. No sé si en el proceso ha estudiado cómo afectó la guerra particularmente a la mujer.

R. Vamos a ver, las mujeres son siempre dobles víctimas en todas las guerras y en todos los conflictos. En aquella y en las de ahora. La situación de las mujeres en cualquier conflicto armado es doblemente penoso, doblemente grave. También las mujeres que hoy viven conflictos bélicos son doblemente víctimas.

P. En los últimos tiempos está surgiendo con fuerza una literatura que reivindica el nombre de grandes escritoras prácticamente invisibles y que se están recuperando de un modo que parece finalmente que se ha superado esa dichosa etiqueta de “literatura de mujeres” o “literatura femenina”.

R. Yo nunca he tenido esa etiqueta, la verdad. Yo es que tengo unos lectores muy heterogéneos. El perfil de mis lectores es así, con lo cual, siendo verdad que las mujeres leen más que los hombres, no creo que eso signifique que hay una literatura para mujeres. Eso a mí me parece... Bueno, es la opinión que pueden tener algunas personas, pero yo les recordaría a esas personas que los grandes personajes femeninos de la literatura han sido creados por hombres. Con lo cual... ¿Es literatura femenina Madame Bovary? ¿Es literatura femenina Ana Karenina? Por tanto, yo creo que antes de ser tan simple y colocar etiquetas, la gente debe reflexionar.

P. Sí, a eso iba, que es un reduccionismo que ha lastrado el reconocimiento de autoras que son muy relevantes y que se están recuperando ahora, como es el caso de algunas autoras hispanoamericanas.

R. Otra cosa es esa mirada masculina que hay en la sociedad, que ha habido durante siglos y sigue habiendo, y que considera lo que hacen las mujeres como algo secundario. Esa mirada sigue existiendo en la sociedad aunque poco a poco, afortunadamente, va desapareciendo. Yo creo que eso poco a poco ha ido cayendo y es verdad que a las mujeres les ha costado mucho abrirse paso en la literatura.

P. ¿A usted le costó?

R. No. A mí no me costó.

P. Quizá le ayudó el salto anterior al periodismo.

R. Bueno, yo llevaba ya muchísimos años ejerciendo el periodismo, sí. Yo no puedo decir que me haya costado mucho escribir novelas y publicar novelas. Yo, en ese sentido, no he sentido una discriminación, lo que no significa que durante siglos las mujeres no la hayan tenido que sufrir y que esa mirada masculina siga existiendo en todos los ámbitos de la sociedad. Es una mirada, no solo masculina, sino prepotente, que hace que esa “literatura femenina” o “literatura de mujeres” tenga una carga peyorativa.

P. ¿A usted con el periodismo tampoco le ocurrió?

R. No. Pero es verdad que los primeros años cuando yo hacía periodismo en la España de la transición hacer periodismo político era muy complicado para las mujeres. Primero, porque no había muchas mujeres que lo hicieran, con lo que sí que hubo una explosión y las mujeres jóvenes nos empezamos a incorporar a las secciones de política de los periódicos. Y al principio costaba. A los hombres les costaba ver a mujeres, sobre todo a mujeres jóvenes, haciendo información política.

P. No habla usted nunca con nostalgia de esta época.

R. No. ¿De la transición? No.

P. Ahora se cumplen 40 años de los primeros ayuntamientos y yo hay algo que me gusta de entonces y fue la facilidad con la que pactaban las fuerzas. Aquí gobernó un alcalde comunista en un gobierno de concentración con socialistas, andalucistas y la UCD. Eso es algo que hoy parece impensable.

R. Bueno, yo creo que los políticos no son extraterrestres. Son un reflejo de la sociedad de cada momento. Y entonces, ese reflejo hace que la demanda que había en la sociedad entonces era de recuperación de las libertades y la democracia y de puesta en marcha de todo el estado de derecho. Y aquello exigía el acuerdo y el pacto. Y afortunadamente los políticos de aquel entonces fueron capaces de saber lo que les estaba demandando la sociedad y llevarlo a cabo.

Ahora estamos viviendo una situación muy compleja. Han cambiado todos los paradigmas por la revolución tecnológica y hay una crisis política mundial, no solo en España. El auge de los populismos es un problema global. A veces pensamos que Vox es un problema que nos está pasando a nosotros, pero España ha sido casi el último país al que ha llegado el fenómeno populista. El fenómeno populista está contaminando toda la política europea, y hace falta una respuesta absolutamente contundente contra el populismo. Y también por parte de los ciudadanos. Desgraciadamente, pensábamos que España iba a ser una excepción y que aquí no iban a llegar esas opciones xenófobas y populistas y han llegado.

P. ¿Y qué consejo nos da a los periodistas para abordar este fenómeno?

R. Ah no. Yo no doy consejos. Los periodistas no estamos para dar consejos. Los periodistas contamos lo que pasa y podemos opinar sobre ello, pero dar consejos no.

P. ¿Pero cómo trataban ustedes, por ejemplo, a la extrema derecha en la transición?

R. No, a ver, era una extrema derecha absolutamente acorralada por la sociedad. De manera que, en ese momento... Es decir, el fenómeno que está sucediendo es un fenómeno global y es más preocupante. Nosotros estábamos saliendo de la dictadura. Franco estaba muerto y estábamos avanzando hacia un estado democrático. No digo que las cosas fueran fáciles, pero se estaba enterrando una parte horrorosa de la historia que ya no tenía ninguna posibilidad de continuar. Ahora es distinto. Es un fenómeno global, insisto.

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