¿Un foro, un teatro y una iglesia? Lo que Ategua esconde

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“Ategua está esperándonos”. Camino Fuertes es arqueóloga y coordinadora de la Red de Enclaves Arqueológicos de Andalucía (RECA) en Córdoba, y ha dirigido una intervención en el yacimiento arqueológico de Ategua que con poco dinero, apenas una semana de trabajo de campo y con mucha tecnología ha sido capaz de dibujar lo que hay a dos metros bajo tierra de un cerro histórico junto a Santa Cruz. Este miércoles, y dentro del ciclo de conferencias 'Los Miércoles en el Museo', Camino Fuertes ha ofrecido los resultados de un trabajo de dos años en los que ha sido capaz de intuir lo que hay a dos metros bajo tierra.

“Ategua es más difícil de lo que parece”, explicaba Camino Fuertes, en una conferencia repleto de público, que llenó la terraza del Museo Arqueológico en la tarde de este miércoles. El yacimiento, en el término municipal de Córdoba, es uno de los más espectaculares, y en el que se ha trabajado de manera más extraña, con excavaciones que se hicieron a principios del siglo XX, se abandonaron, se reanudaron en los setenta y a finales del siglo XX. Pero es una zona en la que se ha invertido poco en los últimos años y en la que haría falta mucho dinero para sacar a la luz todo lo que Ategua esconde. O escondía.

En Ategua se han desarrollado dos intervenciones recientemente. Una de urgencia sobre la Acrópolis. Las lluvias estaban dañando una zona ya excavada y se ha aprovechado para explorar aún más. “Hemos hecho dos intervenciones que nos dicen que la acrópolis es posiblemente del Bronce final”. Es decir, “no es ibera, sino anterior”. De entre el 1.200 al siglo VIII antes de Cristo. Ategua, por tanto, sería una colina habitada desde mucho antes de lo que se pensaba. Y que tuvo su momento de mayor gloria en el 45 antes de Cristo, cuando bajo sus lomas se enfrentaron unos 160.000 solados romanos en la guerra civil entre César y los hijos de Pompeyo.

La segunda intervención, menos agresiva, ha tenido resultados aún más espectaculares. “Una prospección geomagnética” ha mostrado todas las estructuras que hay a dos metros de profundidad. A la luz de los resultados conseguidos se han podido distinguir hasta 76 caminos y calles, la mayor parte de ellas de dirección norte-sur y este-oeste que agrupan hasta 58 manzanas urbanísticas en las que son perfectamente visibles estructuras, edificios o espacios con plantas arquitectónicas o urbanísticas de carácter doméstico, religioso, funerario, lúdico y civil.

La configuración de las calles son claramente ortogonales. Siguen la lógica de una ciudad romana. Pero sobre el dédalo de calles norte-sur, este-oeste, cardos y decumanos, se sobreponen otras dos, posiblemente más antiguas, y no tan rectas.

Y bajo las estructuras, la imaginación. Si algo tiene una ciudad romana es que sigue un molde. Su configuración es prácticamente idéntica esté en Hispania, en la Dacia o en la propia península itálica. Por eso, una zona sin estructuras situada en el cruce entre el cardo y el decumano máximos tiene que ser el foro. Y otro edificio semicircular, de 26 metros de ancho, no puede ser otra cosa que un pequeño teatro.

Pero la prospección arroja más sorpresas. Al norte, hay edificios extraños (para una ciudad romana). Una de las calles tiene un corte, una especie de muro. Al norte, una estructura ofrece una configuración similar a la de la planta de una iglesia, como las que hubo en Cercadilla.

En el siglo VI de esta era, el obispo cordobés Osio, uno de los consejeros del emperador, dirigió un sínodo, el concilio de Sárdica, que sentó las bases actuales del cristianismo (cómo tenían que ser los matrimonios, el bautismo...). A Osio le acompañaron varios presbísteros. Entre ellos, Felicísimo de Ategua. ¿Será esa su iglesia? La arqueología del futuro lo dirá.

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